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viernes, 21 de marzo de 2014

Capitulo 2 - The collector





Capitulo 2
Dandole al alcohol

Estoy de pie afuera de una casa colonial de dos pisos en un vecindario tan
dulce que siento nauseas. Esposito está escrito en el buzón de ladrillo. Estoy
en el lugar correcto. Como si hubiera manera de no estarlo.

La puerta principal está pintada de un rojo intenso y brillante. Las comisuras de
mi boca se curvan en una sonrisa. ¿He mencionado mi relación amorosa con el rojo?
Es una relación hermosa y confiada. Nada recubierto en un color tan maravilloso
podría ser malo. Camino a zancadas por el sendero, paso mi mano sobre la madera
roja, y suspiro. Entonces veo algo que rompe este magnífico momento.
     
Al final del sendero hay un gato. Se pavonea con arrogancia. Pensarías que acaba
de ganar el Premio Nobel. Pero no lo hizo. ¿Sabes por qué? Porque es un maldito gato.
En caso de que perdieras el memo: Odio. A. Los. Gatos. Los detesto. Están formados
con espeluznantes dientes pequeños y dedos con cuchillas. No sé ustedes, pero yo
pasaré de ese show de fenómenos.
    
El gato me ve y rueda sus ojos. Lo hace. Lo juro. En mi cabeza, me imagino
dándole un puntapié a través de la calle. Levanto mis brazos como un poste de gol
humano y grito: —¡Buena esa!

Detrás de mí, escucho un click. Me doy vuelta y veo a una anciana, que
claramente cree que es una mujer joven, deslizarse por la puerta roja... lleva un
kimono de seda que muestra demasiada pierna de persona-vieja. Su cabello rubio
procesado está regado alrededor de su cara, y está usando más maquillaje que Lady
Gaga. Sin notarme, la mujer se inclina por la cintura y alcanza el periódico matutino.
Gracias por la invitación. En realidad, voy a entrar.
      
Me deslizo como una brisa junto a ella hacia la casa. Estoy seguro de que siente
algo, pero sus ojos la convencen de lo contrario. Esa sería mi sombra entrando, la cosa
que me permite convertirme en invisible cuando lo necesito. Es la única habilidad
patea traseros que tienen los coleccionistas, gracias a nuestros brazaletes.
     
Dentro de la casa, atrapo el olor de personas viejas. Pensarías que la chica joven
anularía el olor a dinosaurios, pero no lo hace. Ni siquiera cerca. Me pregunto dónde
están los padres de la chica y por qué no están cerca.
     
Cada centímetro de la casa está cubierto en flores encajes y gritos de mal gusto.
Es como si Martha Stewart hubiera vomitado, y esta fuera la mierda que salió. Niego
con mi cabeza. Estas personas necesitan un diseñador de interiores. Inmediatamente.
Mi madre nunca habría permitido que esto sucediera. Tenía gustos refinados, y papá
era muy amigo de Benjamin Franklin. Pensar en mi padre me hace recordar Esa
Noche, y mi estómago se tambalea.
     
Una voz apagada se arrastra por las escaleras. Estoy demasiado lejos para
escuchar lo que dice, pero sé que es ella. Dirigiéndome arriba, me imagino con qué
clase de chica estoy tratando. Si el Jefe quiere su alma, tiene que ser bastante mala, y
siempre me gustaron las chicas malas. De hecho, la mayoría de las cosas que me
gustaban cuando estaba vivo eran malas. Supongo que así es cómo terminé aquí. La
mayoría de la gente tiene esta cosa en su cabeza diciéndoles que estarán con el Gran
Hombre cuando todo termine. Pero déjame decirte, pasa cada día viviendo sólo por ti
mismo, cada día satisfaciendo pequeños pecados que no son gran cosa, y un día puedo
estar mostrándote las sogas en el infierno. Amén.
     
 En lo alto de las escaleras, me quito mi sombra, haciéndome visible de nuevo, y
repaso las reglas en mi cabeza. Puedo hacer casi cualquier cosa para atraer a esta
chica, pero no puedo lastimarla físicamente. Todos los coleccionistas saben que
lastimar a un humano podría desencadenar la guerra en la tierra entre el Jefe y el Gran
Hombre. Todo lo demás, sin embargo, es juego limpio. Y no estoy por encima de hacer
algunas cosas sucias para conseguir lo que quiero. Paso una mano por mi cabello. Es
hora de que inicie el espectáculo. Empujo su puerta abriéndola... y mi barbilla cae.

Su habitación está pintada de un cegador tono rosa, y carteles brillantes cuelgan
de sus paredes. Una cama doble se encuentra en el medio de la habitación, cubierta en
un dosel rosa transparente. Hay tantas almohadas en su edredón que estoy seguro de
que debe dormir en el piso. No hay una superficie o estante que no esté cubierto con
figuritas de cristal. Es una habitación construida para una chica de diecisiete años,
quien todavía cree que es una princesa.
      
Mi objetivo tiene su espalda hacia mí y está parloteando en un teléfono retro con
cable. Está, por supuesto, decorado con diamantes de imitación rosas y blancos.

—Lo sé. Lo sé. Este examen final va a ser muy difícil. Como, ridículamente difícil.

Su voz tiene el más ligero acento sureño, el cual podría haber sido entrañable, si
no estuviera presionado por el tiempo. El Jefe dejó claro como el cristal que tengo diez
días para completar este trabajo, y siempre llego antes del plazo. Hay demasiado en
juego en esto para arruinarlo. Si entrego esta miserable alma, seré promovido a
Director de Almas. Como Nico dijo, eso significa una colocación permanente en la
tierra. Y déjame decirte, ¿nunca tener que visitar el inframundo de nuevo? Gran
motivación.

Llamo una vez a la puerta y suspiro.
      
—No creo que vaya a dormir desde ahora hasta que los finales hayan terminado.
Si no consigo una A en esta clase, mi abuela me despellejará viva y lo hará parecer un
accidente.
      
Vamos, a ver si te das cuenta. Llamo de nuevo y me aclaro la garganta. La chica
se da la vuelta. Mis ojos se amplían a la vista de ella. ¿Ésta es la chica tras la que está el
Jefe? Se parece a una muñeca de porcelana... golpeada tres veces con un palo feo.
      
Lo asimilo todo: gafas, cabello Castaño rizado, un rocío de espinillas, y una figura de
palo tan poco atractiva en una chica de diecisiete años.
     
—Oh, Em. Caramba. Tengo que dejarte. Hay un tipo parado en mi puerta —dice
en el teléfono. Entonces, en voz más baja—: Sí, mucho. Tengo que irme. Te cuento
luego. —La chica cuelga, y una sonrisa enorme se extiende por su rostro. Toma un
mechón de pelo rubio y lo enrolla alrededor de su dedo—. Hola.

—Hey —digo—. Tus abuelos me dejaron entrar.
    
—¿Oh, sí? ¿Estás aquí de la farmacia? —Sigue sonriendo como una idiota
enamorada. No puedo evitar devolverle la sonrisa

—No, estoy aquí para verte —digo, lo que aparentemente la empuja sobre el
borde. Los ojos de la chica se abren, y hace toda esta cosa de risa nerviosa. Niego con
la cabeza, pero eso no la afecta—. ¿Eres Lali?
     
Asiente, y su expresión cambia. Sólo ligeramente, pero lo capto. Está sorprendida
de que sepa su nombre.
      
—Acabo de mudarme aquí. Mi mamá conoce a tus abuelos. Dijo que debería
venir y presentarme. Dijo que podríamos llevarnos bien. Mi nombre es Peter.

Los ojos Chocolates de Lali me estudian desde detrás de sus gruesas gafas.

—¿De dónde eres... Peter?

—Phoenix. —Mentir siempre viene fácilmente para mí. No me juzgues.

—¿Por qué se mudaron a Peachville?
      
—Mamá consiguió un nuevo trabajo aquí. Dijo que siempre quiso mudarse a
Alabama. Algo sobre los árboles en el otoño. —He aquí un consejo gratis: añadir
detalles a las mentiras las hace más creíbles.
      
Asiente como si hubiera dicho algo profundo, luego se da vuelta y camina hacia
su ventana. Por primera vez, noto que está usando pantalones vaqueros morados.

Dios mío, es como si hubiera salido de una película de los años 80. Su cabello ondulado
cae a media cintura, y pienso en que se ve mejor así. De espalda.
      
No quieres quedarte para el desayuno, ¿cierto? —Sus palabras tardan en dejar
su boca, como si anticipara el rechazo. Por el contrario. No puedo creer cuán fácil será
esto. Ella no podría estar más desesperada. Aun así, me tomo un segundo para
responder. Las chicas caen más rápido por los chicos que son indiferentes.
     
—Sí —digo tan casualmente como me es posible—. Por qué no. —Cuando se da
vuelta, noto que sus mejillas están de un rojo brillante—. ¿Estás bien?
    
—Oh, sí. Es sólo que cuando me pongo... —Lali cubre sus mejillas con sus
manos—. Te encantará la sazón de mi abuela, eso es todo.
   
Durante todo el camino bajando las escaleras hacia la cocina, Lali parlotea.

Asiento y sonrío, y sonrío y asiento, y cuando ella se aparta, formo una pistola con mi
mano, la pongo en mi sien, y aprieto el gatillo. Esta chica está hambrienta de atención.
Es increíble para mí cuando las personas son totalmente inconscientes de lo malos
que son socializando.

Algo más que noto es su cojera. Tiene un sutil problema al caminar, y me
pregunto si es un defecto de nacimiento o un accidente y por qué nadie ha hecho nada
al respecto. Es el siglo XXI. Los de bata blanca pueden arreglar cualquier cosa.
      
Entramos en una pequeña cocina con suelo embaldosado en blanco y negro, una
mesa circular pequeña, y gabinetes del color de vómito de gato. Aunque la decoración
de la cocina apesta, el olor de algo maravilloso me aleja de la charla de Lali. Tocino.
Justo ahí, cocinándose en la estufa. Sí, lo sé. Estoy muerto. Pero todavía puedo comer
como un luchador de sumo. Y si esa delicia no está en un planto frente a mí en dos
minutos, me lo voy a comer directamente de la sartén.
      
Como si fuera una señal, la abuela entra alegremente en la habitación con un
plato en su mano. Se detiene en el lugar.
      
Mmm... siempre he soñado con tener postre para el desayuno. —La abuela me
come con los ojos, con una sonrisa juguetona en su rostro lleno de Botox. Es más
delgada de lo que me gustan que sean mis abuelas, pero el anillo de travesura en sus
ojos gris azulados captura mi afecto.

—¡Abuela! —Lali solloza de vergüenza.
    
—Niña —dice ella, sin apartarse de mí— ¿por qué no le dijiste a la abuela que
estábamos esperando un guapo invitado?

Lali niega con la cabeza y me sonríe como si estuviéramos juntos en esto.
    
—Este es Peter. Acaba de mudarse aquí de Phoenix. Creo que conoces a su
madre. ¿Tú no lo dejaste entrar?
     
Las cejas teñidas para combinar de la abuela se arrugan. Sin preocupaciones. Yo
me encargo de esto.
      
—El nombre de mi madre es Claudia Vargas. Ustedes se conocieron en la iglesia,
¿creo?— Ella mira lejos y muerde la comisura de su labio. Ahora sólo tengo que
traerlo a casa. —Dijo que usted la recordaría.
        
—Oh, sí — dice lentamente. Me mira a los ojos como si la respuesta estuviera
allí. —Lo hago. Sólo me tomo un momento ubicarla. Amo a Clau. Maravillosa mujer.

—Ella dijo que usted podría decir algo así.

Las profundas arrugas en su rostro se alisan con alivio, y se ríe ligeramente.
     
Por supuesto que recuerdo a Clau. —Señala una silla en la mesa de la cocina—.
Siéntate. Siéntate. Tenemos que conseguir que ustedes dos se alimenten. Hay 
uficiente para que Lali y tú compartan. ¿Estarás yendo a Centennial High,
supongo?

Me está hablando a mí, por supuesto. Inclino mi cabeza hacia Lali.

—Voy a dónde ella va.

La boca de Lali cae abierta. Le toma un momento tartamudear una respuesta.

—Yo… yo voy a Centennial.
     
—Sep. —digo—. Ahí es dónde voy. —La abuela hace un asentimiento de
aprobación y pone un plato cubierto con huevos y tostadas. Y tocino. Se sienta frente a
nosotros y toma un trago largo de una botella de agua.

—Abuela —pregunta Lali —, ¿no vas a comer?

Su abuela levanta su botella de agua.

—Estoy preparada.

Lali se vuelve hacia mí.
     
—A la abuela le encanta el agua. Y quiero decir que le encanta. Dice que nuestros
cuerpos están hechos de eso, y si no bebemos suficiente de ella...

—Nos secaremos como carne seca —su abuela termina.
     
—Bueno… —digo, pensando que la abuela está chiflada—. A cada uno con sus
gustos.

—¡Exactamente! —grita la abuela, derramando agua alrededor de su botella.
    
Me inclino sobre el plato de Lali y tomo un bocado de tocino crujiente. Me lo
imagino derritiéndose en mi lengua.

La abuela pone su barbilla en su mano y se pone toda soñadora.
      
—No he visto músculos como esos desde que conocí a mi Nico, que Dios guarde
su alma. —Parece estar hablando consigo misma, pero obviamente puedo oír cada
palabra—. Cabello Castaño, ojos azules, y piel tan bronceada que es como si el sol se
inclinara para besarte.

Le echo un vistazo a Lali, quien está cubriendo su cara.

—Abuela,
por favor —ruega.

No sé de qué se está quejando. Realmente me está empezando a gustar la abuela,
aunque dudaba que si supiera lo que yo era, estuviera lanzando cumplidos tan
libremente. De hecho, apuesto que si la mujer viera mis tatuajes, el dragón cubriendo
mi espalda o el árbol tatuado desde mi codo hasta mi hombro, ella cambiaría su
mierda.
      
Lali se levanta, se acerca a su abuela, y besa su frente. Se entretiene ahí, como
si no quisiera dejar el lado de su abuela.

—Te veré después de la escuela —dice finalmente.
    
En la puerta principal, tira de una mochila de color verde lima sobre ambos
hombros. Me estremezco. Todo el mundo sabe que no se supone que lo uses en ambos
hombros. Parece demasiado ansioso.

Lali me mira y aprieta sus labios como si estuviera decidiendo algo. Entonces
dice:
     
—Tú, um. ¿Quieres caminar juntos a la escuela? Está bien si no lo haces.
Probablemente necesitas ir a casa y conseguir algunas cosas primero. O tal vez no vas
a comenzar la escuela hasta el próximo semestre.

Cada frase suena como una pregunta. Curvo un lado de mi boca.

—Estoy justo detrás de ti.
    
Lali sonríe como una lunática, y mi propia sonrisa deja mi cara mientras veo
sus mejillas volverse rojas brillante con emoción. Entonces así es como sucede.
     
Me levanto y me acerco a la abuela. Le froto la espalda y le agradezco por el
desayuno. Los ancianos aman el contacto físico… me imagino que a ella más que a la
mayoría.

Ella agita sus ojos hacia mí.

—Con muchísimo gusto.
     
El olor a ron me golpea como un huracán. Así que la abuela está dándole al
alcohol, ¿verdad? Tal vez los tatuajes no harían explotar su mente después de todo. La
miro de cerca, y su rostro cae cuando se da cuenta que lo sé. Le guiño y aprieto su
hombro. Tu secreto está a salvo conmigo, le digo sin hablar.
     
Lali se dirige a la puerta, toda sonrisas y rayos de sol al ver el momento entre
su abuela y yo. Es demasiado ingenua para darse cuenta de que su abuela es una 
Mientras Lali  está saliendo de la casa, de alguna manera se tropieza en el
umbral y casi cae de cara en el suelo. Pongo mis ojos en blanco. ¿Cómo es posible que
de todas las personas en este mundo, ésta sea el alma que he venido a coleccionar?
borracha, y yo no voy a decirle. Todavía no, de todos modos.
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2 capitulo disfrutenlo :D comente 

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