Al parecer, Lali no tiene un auto.
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—Pero no te preocupes —me dice— podemos caminar a la
escuela desde aquí.
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Emocionante.
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Sólo tomará unas cuantas vidas, con su cojera y todo.
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Lali lleva una bolsa del almuerzo marrón en la mano, y cada pocos minutos
saca Skittles de su bolsillo y los estalla en la boca.
No tengo ni idea de cómo sobrevive
en la secundaria. Ella es un desastre. Es algo trágico.
¿Por qué esta chica sigue viva
mientras yo soy un cadáver andante?
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No puedo
dejar de mirarla a la boca. Es la única parte de ella que es pasable. Por
supuesto, nunca deja de moverse.
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—¿No te parece? —pregunta.
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Me encuentro con sus ojos.
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—¿Qué?
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Me da un codazo en el hombro como si fuéramos amigos de toda la vida.
—Alguien ha estado soñando. ¿Quieres un poco de azúcar?
—Su palma abierta
es un lío manchado por los Skittles.
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—Voy a pasar
—le respondo. No estoy seguro de cómo esta chica se mantiene
tan delgada. Come como un hipopótamo. En lo profundo de
mi bolsillo, froto mi pulgar
en círculos sobre mi centavo de la suerte. Estoy
tratando de encontrar la manera de
corromper a esta chica, y ella sigue haciéndome
preguntas tontas.
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Concéntrate, Peter.
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Estrecho los
ojos y hago lo que estoy entrenado para hacer. Al principio, su
cuerpo es exactamente el mismo: pequeño y delgado como
una mala hierba que hay
que arrancar. Pero entonces cambia. La familiar luz
amarilla cálida se arrastra sobre
su piel y parpadea.
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Ah, la luz
del alma. Si pudiera beberla, lo haría. El color del alma humana es la
misma para todos. Son los sellos los que hacen la
diferencia. Cuento cuántos tiene,
luego aprieto los puños. Hay doce sellos en su alma.
Sólo doce.
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Genial, ha venido a coleccionar a la Madre Teresa.
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Inspecciono
su alma más cerca y me doy cuenta de que algunos de los sellos de
Lali son de coleccionistas. Lo sé porque veo estallidos
de color: morado y verde y
naranja y otras cosas. Cada coleccionador puede colocar
los sellos, y puedes decir
quién selló el alma por el color. La mayor parte son
verdes. Eso sería obra de Jaime.
Naturalmente, fui yo quién lo entrenó.
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El hecho de
que Lali tenga sellos de algún coleccionista significa que El Jefe
probablemente la ha estado observando durante algún
tiempo, o al menos a la zona
de Peachville. Mirándola, sus razones se pierden para
mí. Pero no importa. Tengo que
coleccionarla de cualquier manera. Si no lo hago y
muere, va a ir al Día del Juicio, y El
Jefe, obviamente, no quiere correr riesgos.
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Su alma está
libre de cualquiera de mis sellos rojos, pero no iba a ser por mucho
tiempo, porque papá viene a jugar.
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—¿Cuánto falta? —pregunto.
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—Sólo el otro
lado de la colina —hace un chirrido—. Como estaba diciendo, no
estoy segura si serás capaz de inscribirte a estas
alturas del semestre, pero al menos
puedes ver la escuela y esas cosas.
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—Yo no me preocuparía por eso.
Lali me mira, y sus ojos se arrugan en las esquinas.
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—Creo que eres agradable, Peter.
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—Eso es porque soy agradable.
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Mira hacia
delante y camina en silencio durante casi un minuto completo. De
repente se siente raro estar cerca de ella y no oírla
hablar. Todos los árboles cuelgan
en cascada sobre el camino, extendiéndose para saludarse
unos a otros, sus hojas
muertas.
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Las calabazas
con caras sonrientes de Halloween se asientan en los porches y
nos ven pasar. Una parece que se está burlando de mí,
así que le muestro el dedo.
Lali me ve. Echa la cabeza hacia atrás y se ríe mucho
y duro. El sonido me
sobresalta.
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Me pregunto qué se siente el reír así, con completo
abandono.
-------*-------
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Lali me
deja en la oficina y me anuncia como un nuevo estudiante. La mujer
detrás del escritorio mira a Lali, luego a mí. Sé lo
que está pensando, que la voy a
abandonar el almuerzo. Que estamos en dos categorías
diferentes: el perdedor, y el
tipo que llama a la gente perdedor.
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Me dirijo a Lali y coloco mi mano en su cabeza como
si fuera un perro.
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—Sé una
buena chica y espérame en el pasillo. —Su sonrisa se cae como si
esperara esto, pero asiente con la cabeza y se vuelve a
ir. La veo salir por las puertas
de cristal, donde los niños la pasan como si no
estuviera ahí. Como un fantasma. Echo
un vistazo a la mujer detrás del escritorio. No tiene
más de treinta y cinco años, pero
me mira con la amargura de alguien mucho mayor.
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—¿Cómo te
va? —pregunto. Levanta una ceja—. Necesito inscribirme. —Se ríe
sin sonreír—. Mira, necesito inscribirme. Y necesito el
mismo horario que Lali.
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—Bueno, nada
de eso va a suceder. Es viernes. Sólo inscribimos a los estudiantes
los lunes. Y estamos a mitad del semestre. Vas a tener
que esperar hasta enero.
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Miro la ropa
hecha jirones y el mal cabello, y sonrío de vuelta. Porque todo el
mundo tiene un precio, y ocurre que el suyo es el
efectivo. Saco un fajo de billetes del
bolsillo y deslizo unos pocos cientos de dólares en la
mesa.
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—¿Crees que puedes hacer un milagro?
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Me mira como
si me pudiera dar una cachetada, y por un segundo, creo que
podría hacerlo. Pero luego mastica el interior de la
mejilla y mira por encima del
hombro—. Hay un guardia de seguridad, como, a tres
metros de distancia. Podría
echarte de aquí.
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—¿Por qué? ¿Ser impresionante?
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Arruga la
nariz como si oliera algo malo. Ese hedor se llama desesperación. Eso
es lo que me gustaría decirle, de todos modos. En su
lugar, espero mientras se mete el
dinero en el bolso y me entrega una hoja azul de papel.
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—Muestra esto
a tus maestros si preguntan por qué estás allí. Buena suerte en
tus exámenes parciales. —Se burla—. Continúa y sigue el
horario de Lali. Estoy
seguro de que serán grandes amigos.
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La señalo con el dedo.
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—Gracias, nena.
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—No soy tu nena.
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—Lo que sea.
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Fuera de la
oficina, Lali se inclina contra la pared. Una pila de libros se apila
en sus brazos, y apoya la parte superior contra la
barbilla.
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—¿De verdad necesitas todos esos libros? —pregunto.
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—Uno nunca
puede estar demasiado preparado, ¿no? —dice. Un chico la golpea
con el hombro al pasarla, y los libros de Lali se
zarandean al suelo. Se sumerge en
el suelo para recogerlos.
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—Ten cuidado —le digo, porque casi me golpeó, también.
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El tipo se da vuelta y me muestra el dedo.
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Justo cuando
el hombre está a punto de doblar la esquina, deslizo mi muñeca en
su dirección. El amarillo de su alma sale de un tirón, y
segundos después, un delgado
sello rojo se adhiere a la luz. Ese imbécil tiene que
aprender buenos modales. Coloco
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—¡Pow! ¡Pow!
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—¿Qué estás haciendo? —pregunta Lali desde el suelo.
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—Nada de lo
que debas preocuparte. —Me encojo de hombros. Hombre, se
siente bien sellar las almas. Como comer un pequeño
trozo de tocino. Pienso en dar la
vuelta y sellar el alma de la mujer que aceptó mi
soborno, pero estoy demasiado
distraído por la torpeza de Lali.
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—¿Por qué no colocas algunos de esos libros en tu
mochila, Lali?
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—Oh, no —dice
con los ojos muy abiertos detrás de sus gafas—. Eso causa
problemas de espalda. —Contonea su largo cabello sobre
su hombro—. ¿Así que te
han dejado entrar? ¿Puedes ir a clases?
|
—Sí, puedo
ir. —Darme cuenta de que estoy de vuelta aquí, en la secundaria, me
golpea. ¿No es una ventaja de la muerte tener un boleto
gratis para salir de este
agujero mierda? Por lo menos la secundaria a la que fui
a era mejor que esto.
Teníamos el tipo de escuela de las películas. Este
lugar, por su parte, es el Walmart de
escuelas secundarias: suelos de linóleo, molestos
armarios de dos pisos, y todo
plástico.
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—Así que estás dentro. ¡Súper! —dice Lali alegremente.
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La miro a los ojos y digo lentamente. —Genial.
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—¿Genial qué? —pregunta, con el rostro reunido en
confusión.
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—Es genial que
entré, no súper. —Aleja la mirada, y puedo decir que herí sus
sentimientos. Mierda. Para tener una mala influencia
para esta chica, tengo que
gustarle—. Por otra parte, ¿qué sé yo? —Es un pobre
intento de hacer que se sintiera
mejor, pero aun así se anima.
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—No, tienes razón. —Mueve su mano frente a su cara—. Es
geeeeeeenial.
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Le agarro la mano y la pongo a su lado
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—Vamos a clase simplemente, ¿de acuerdo?
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Tres
insoportables horas más tarde, estoy caminando con Lali para almorzar.
Solía pensar que los profesores eran unos idiotas, y dos
años más tarde, estoy seguro
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Los chicos están saliendo de los cuatro pasillos que se
derraman en la cafetería.
La luz del techo es tan brillante que tengo que dar
sombra a mis ojos. Algo chilla
fuerte, y me alisto para matar a una especie de roedor.
Pero es Lali. Al parecer,
quien está caminando hacia nosotros garantiza este tipo
de reacción histérica.
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—Ahí está mi
La-li—canta una chica mientras se acerca. Es casi tan alta
como yo y con el doble de grosor. Lali abraza a la
muchacha Amazona y luego
vuelve hacia mí. —Peter, esta es Candela.
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No. De
ninguna manera. Ese nombre está reservado para las mujeres con gracia
y elegancia, no la chica. Esta chica es... bestial.
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—Candela—digo— te queda bien.
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Candela se
ríe profundamente y le lanza un brazo alrededor a Lali, quien
sólo puedo imaginar está siendo aplastada por el peso.
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—¿Sí? Porque yo siempre pensé que Godzilla era más
apropiado.
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Me río con
tanta fuerza que bufo. Lali entrecierra sus ojos en mí como si
hiciera algo horrible, pero he decidido que me gusta
esta chica. Tiene agallas. Y algo
me dice que su alma se ha sellado un par de veces.
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—Lindos
zapatos, por cierto —dice Candela . Mira hacia abajo a mis Chuck
Taylors rojo brillante, aquellos que casi nunca me
quito.
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Los giro
hacia un lado para que pueda verlos mejor. Son un loco trabajo de
belleza. Asiento con la cabeza en su dirección.
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—Gracias.
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—¿Acabas de
mudarte aquí? —pregunta. El cabello negro a la altura de la
barbilla es como un casco y su espeso flequillo hace una
dura línea en la frente. Nada
se mueve mientras habla.
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—Sí, su madre
es amiga de mi abuela —dice Lali antes de que pueda abrir la
boca—. Desayunó con nosotros esta mañana.
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—¿Es eso
cierto? —Candela me mira con acusación en sus ojos verdes. No cree
que voy a quedarme alrededor y no quiere que Lali salga lastimada. Que
entrañable—. ¿Y ahora te vas a sentar con nosotras en el
almuerzo?
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—Sí —digo—. Ahora, ¿qué tiene que hacer un chico para
conseguir comida por
|
aquí?
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Unos minutos más tarde, estoy sentado con Lali y Candela y mirando a los
alimentos en un cartón con una bandeja de espuma de
plástico. Quisiera un pase de
vuelta a la cocina de la abuela, por favor. Estoy a
punto de sugerir esto, cuando un
chico se mueve hacia Lali y se deja caer a su lado.
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—Hola —dice en voz baja.
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—¡Gaston!
—Lali le aprieta el brazo. Estoy sorprendido por todos estos amigos
que aparecen. Lali no me parece que sea el tipo de
chica que tiene algún amigo,
mucho menos más de uno.
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El chico se
derrumba en su contra. ¿Qué pasa con todas esas personas que la
utilizan como una muleta?
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—Voy a
reprobar química —dice como un globo desinflado. El chico es más
blanco que la nieve. Quiero tirarlo a un lado y decirle
sobre las camas de bronceado. O
loción de bronceado sin sol. Algo.
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—De ninguna manera —dice Lali—. Te ayudaré a
estudiar.
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Gasto… r, lo
que sea, mira a Lali con grandes ojos azules y sonríe como un
idiota. He visto esa mirada antes. Sucede justo antes
del sexo y los corazones rotos.
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—¿En serio?
Sí, eso sería genial —dice—. No sé por qué lo estoy haciendo tan
mal. Supongo que no soy lo suficientemente inteligente.
Eso, o mi profesor odia mi
cara.
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Lali frota su espalda, y él se encoje por su toque. Las palabras lentas y
prolongadas y la actitud derrotista del chico me
recuerdan a Igor de Winnie the Pooh.
Hombre, mi padre amaba a Winnie the Pooh. Cuando
tenía doce, accidentalmente
rompí el asa de la taza de café de papá de Pooh, y al día
siguiente lo pegó. Lo llamó su
póliza de seguro. Mi padre siempre estaba haciendo
mierdas divertidas como esa.
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Gaston le da
vueltas a su cabeza de rizos rubios como si estuviera relajando el
cuello, pero en realidad sólo parece borracho. Apuesto a
que cuando este chico se
emborracha, se mete en la bañera y llora. Candela saca
un paquete jumbo de donas
cubiertas de glaseado de su bolso y lo tira a Gaston. Lo
golpea en el pecho.
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—Buena atrapada —bufa Candela.
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Gaston lo
recoge y se los come uno tras otro, y en algún lugar entre la sexta y la
séptima dona, me nota.
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asiento con la cabeza.
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—Que onda.
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Gaston me mira
y luego a Lali como si no pudiera entender por qué diablos
estoy sentado al lado de ella. Tú y yo, hermano.
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—Lali, tú, uh, ¿lo vas a presentar? —murmura.
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—Mmm.
—Lali deja de beber su refresco de naranja neón. —¡Oh, sí! ¡Dios!
¡Lo siento! Este es Peter. Se acaba de mudar. —Me lanza
una gran sonrisa. Trato de
regresarla sin que parezca apagada. Sin que estuviera
pensando, Aparatos de
ortodoncia. ¿Has oído hablar de ellos?
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—Él desayunó
con Lali esta mañana —añade Candela lentamente cuando
obtiene la atención de Gaston.
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La cabeza de
Gaston se mueve rápidamente hacia Lali. Así que se puede
moverse con rapidez. Aún más rápido es el dolor que
inunda su cara.
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Hola chicas lamento no haber subido este capitulo ayer pero ayer tuve practica de banda, y ensayo de danza despues.. y luego a las 4 tuve salida de banda... y llegue literalmente muerta a mi casa parecia zombi viviente, asi que apenas llegue me dormi no daba mas del sueño... Subo el 4 capitulo hoy a la noche para compenzar lo de ayer
Besos Andrea

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