Lali está inusualmente callada mientras conduzco de
vuelta a su casa. Por
primera vez desde que la conocí, odio el silencio.
Necesito que hable, que
diga algo. Lo que sea.
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Entonces me pregunto si necesita lo mismo de mí.
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Le echo un
vistazo. Está mirando por la ventanilla, observando las casas
desenfocarse delante de nosotros. El cielo está nublado,
por lo que sus espinillas de
apesta-ser-un-adolescente se hacen menos visibles. Abro
la boca y la cierro. Luego la
abro de nuevo.
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—¿Quieres escuchar música?
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Mira por
encima de mí como si de pronto hubiese olvidado que conduzco este
tanque. Me estiro hacia el estéreo y paso por las
estaciones de radio hasta que consigo
una canción de Nirvana. Parece correcta. Oscura,
inquietante, torturada... algo en lo
que podemos perdernos.
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—¿Te gusta? —le pregunto, subiendo el volumen.
Asiente al principio. Luego decide ser honesta,
arrugando la nariz y sacudiendo
la cabeza con una sonrisa que apenas existe. Paso a una
canción de Beyoncé y me
detengo.
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Otro pequeño movimiento de cabeza.
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—¿Cuál es tu
estación favorita? —le pregunto—. Tal vez hay algo que pueda
ponernos de ánimo para esta noche.
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Se ríe y deja caer la cabeza hacia atrás.
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—No vas a dejarlo ir, ¿verdad?
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—Nop. Así que
también puedes escoger un vestido de fiesta. —Asiento con la
cabeza hacia la radio—. Y una canción de fiesta.
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Me estudia por un momento y luego llega a la radio y la
apaga.
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—Esta es mi favorita.
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—¿Apagada? —pregunto.
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Baja la ventanilla y apoya su cabeza en el marco de la
ventana abierta.
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—Me gusta el sonido que hace el mundo.
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Me encojo de
hombros, bajo mi ventanilla y escucho cuando llegamos a un
semáforo en rojo. Escucho el canto de un pájaro y un
hombre rastrillando hojas.
Escucho el ladrido de un perro y un avión volando por
encima. Incluso está el ruido
sordo de una cortadora de césped a lo lejos y de alguna
manera también me entero de
eso.
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Personalmente, preferiría a Nirvana. Pero cuando veo a Lali escuchar su
emisora favorita, me doy cuenta que tiene algo que la
mayoría nunca tendrá… paz.
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Me detengo
frente a su casa y abre la puerta del coche. Agarro su brazo antes de
que pueda salir.
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—¿Te recojo a las nueve?
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Pone una mano
en la parte superior de su cabeza como si estuviera pensando.
Luego dice:
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—Mi abuela me va a querer en casa antes de la medianoche.
¡Anotación!
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—Genial. Nos vemos esta noche.
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—Casi no
puedo esperar. —Rueda los ojos, agarra su mochila y se dirige hacia la
puerta principal.
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Tengo que
conseguir entusiasmar más a esta chica esta noche. Tiene que estar
en el estado de ánimo adecuado para hacer cosas que
nunca haría. Repiqueteo mis
dedos en el volante y la veo entrar a su casa.
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Y entonces lo tengo.
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Salgo de la
calzada y me dirijo al Centro Comercial Peachville, donde un sexy
vestido rojo espera por mi tarjeta de crédito.
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James Dean me
encuentra en la entrada de Neiman Marcus. Está a punto de
darme una gran y emocionada bienvenida cuando se da
cuenta que soy yo. Hace la
cosa esa en la que actúa como si nunca hubiese habido
una confrontación y estoy
totalmente de acuerdo con eso. Lo que sea con tal de no
tener una conversación.
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Agarro el
vestido rojo de talla anoréxica y lo coloco sobre el mostrador. La cajera
pregunta si alguien me ayudó a escoger hoy. Le dirijo
una mirada a James Dean, que
está ocupado evitando el contacto visual, y digo:
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—Nop.
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Asiente y me
dice que son ciento cuarenta dólares con ochenta y nueve centavos,
le entrego mi Amex Black6
ilimitada. La cajera levanta una
ceja y toma mi tarjeta como
si fuera hecha de explosivos. La da vuelta en sus manos
y siento la urgencia de
levantar los brazos y gritar ¡pum! Algunas personas
dicen que la tarjeta de crédito
Amex Black es un mito. A esas personas también se las
conoce como pobres. Incluso
pensar en la palabra hace que me dé picazón.
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La señora cajera pone el vestido en una bolsa y me entrega el recibo.
—No necesito el recibo —le digo—. No importa. —Me gusta
la expresión en la
cara de la gente cuando lo digo. Es una mezcla de
envidia y odio que me hace sentir
como un gánster, como Biggie Smalls7.
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Me dirijo
hacia la puerta cuando la curiosidad me detiene. Tomo las puertas
giratorias con la bolsa colgada al hombro y estudio la
luz del alma de James Dean. Me
gustaría saber si es el momento de llevármelo.
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Pero espero
un minuto. Inspecciono la luz de su alma... y veo sellos color rosa
brillante encima de los otros. ¿Qué demonios? Nadie,
y quiero decir nadie, sellaría
almas con sellos de color rosa brillante.
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Doy un paso
más cerca, pero por supuesto que todavía están allí. Lo que es más,
no puedo ver la luz del alma filtrarse a través esos sellos.
Es como si estos rompieran
los viejos.
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Mis ojos caen
hasta mis pies como si eso ayudara a poner en marcha mi cerebro.
No se me ocurre una sola cosa que pueda destruir
nuestros sellos. ¡Desde luego que no
tenemos la capacidad de hacerlo nosotros mismos! ¿De
dónde viene esto? ¿Qué
cambió?
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James Dean
cruza y descruza los brazos. Estoy sin duda haciéndolo poner
nervioso. Me robo una última mirada de los sellos color
rosa y me voy de la tienda.
Luego localizo el banco en el que nos sentamos Lali y
yo ayer.
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Que me
condenen si voy a dejar que alguien destruya mi trabajo. ¿Por qué ese
tonto recibiría sellos color rosa? ¿Por ser bueno? Si
ese es el caso —y este no es un
incidente aislado— esta podría ser la razón por la que
mis números han disminuido.
No es que he sellado pocas almas antes de mi asignación.
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Mi asignación.
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Lali.
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Levanto la
cabeza y tomo una rápida respiración. Es ella. Esa es la razón por la
que el Jefe la quiere, la razón por la que ha tenido a
Peachville en su radar. Ha estado
buscándola. Tengo la razón. Lali estaba aquí conmigo
ayer. Debe haber hecho algo
con ese chico. ¿Lo hizo a propósito? ¿Ha estado jugando conmigo todo
este tiempo?
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Oh, mierda, ¿sabe quién soy? ¿O por lo que estoy aquí?
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De ninguna manera.
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La bolsa del
vestido está en mi regazo. Ya no se siente bien en mis manos. Quiero
tirarla al cesto más cercano, pero tengo que continuar
como si nada hubiera cambiado.
Porque no lo ha hecho. El alma de Lali todavía debe
ser coleccionada. Una vez
hecho eso, conseguiré un ascenso y mis números volverán
a la normalidad.
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Ahora que
tengo el gran y dramático misterio de Lali resuelto, me siento
bien. Tengo la ventaja de nuevo y estoy seguro que de
aquí en adelante todo será miel
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Chicas la verdad hice un esfuerzo grande para colocar este capitulo sin dormirme. Llegue a mi casa alas 10:30 ,, Re cansada colegio y todo eso .. Espero les guste el capitulo si tienen alguna duda no duden en consultarme...
Besos..
Andrea
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