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lunes, 24 de marzo de 2014

Capitulo 5 -The collector





Capitulo 5
Centro Comercial del Infierno

El único centro comercial de Peachville está repleto a 
mitad del día. ¿Estas personas no tienen empleos? ¿O vidas? La tienda tiene un suelo
de baldosa que vuelve los tacones altos en dolores de cabeza, y la fuente sólo tiene
falsa vegetación y niños gritando.

—Te dije que te llevaría a cualquier lugar que quisieras, ¿y eliges esto?
      
Lali  muerde una galleta de azúcar. Todavía está nerviosa porque tomé el auto
de su abuela sin preguntarle, pero está empezando a relajarse.

—Me encanta el centro comercial. ¿A ti no?
     
—Sí. Quiero decir, tiene sus ventajas. —Una mujer con un cochecito de bebé me
pasa casi quitándome el brazo derecho. No dijo ningún “disculpa” lo que equivale a un
pequeño sello. Me tomo un momento para sellarla bien, luego traslado mi atención de
regreso a Lali—. Sin embargo, es viernes. ¿No quieres intentar ir a una fiesta esta
noche en lugar de pasar el rato aquí?

Limpia unas migajas de su blusa.

—Realmente no me gustan las fiestas.

Lali, ¿alguna vez has estado en una fiesta?
    
—Sí. Quiero decir, más o menos. —Eso quiere decir no—. Voy a fiestas de
cumpleaños y esas cosas.
      
—Estoy hablando de fiestas reales. Del tipo que Maria está dando. ¿Alguna vez
vas a fiestas así?

Se encoge de hombros y sacude la cabeza como si no fuera gran cosa.

—Oye, ¿por qué no vamos a la fiesta de Maria mañana por la noche?

Deja de caminar y se queda mirándome, su cabeza se inclina a un lado.

—¿Por qué? ¿Por qué quieres llevarme? ¿Y por qué estás siendo tan amable?
     
Así que entiende que esto es anormal, alguien como yo pasando el rato con
alguien como ella. Pienso mi respuesta:
      
—Muchas personas en mi última escuela eran realmente superficiales. Y yo era
parte de ese grupo. —Bien, parte de eso es verdad—. Decidí que esta vez sería
diferente. Quiero encontrar amigos que sean… reales.
      
Su rostro se reduce a una sonrisa, y casi quiero tomar su barbilla. Echo otro
vistazo a su boca y decido que si no fuera por esos dientes torcidos, en realidad podría
tener un buen atractivo.

—Entonces, ¿qué sobre la fiesta? —la animo.

Y… la sonrisa se ha ido.

—No creo que sea una buena idea. Realmente no encajo con esas personas.
      
Decido dejar el tema por ahora, pero una cosa es segura, iremos a esa maldita
fiesta.
      
—Oye, ¿Podemos pasar por Bergdorf1? Si vamos a estar en el centro comercial
un viernes, entonces podríamos tener algo de diversión.

Me mira con la boca abierta como si hubiera visto un maldito murciélago.

—¿Qué es Bergdorf?

—Estás bromeando, ¿verdad? ¿Este lugar no tiene un Bergdorf? —Sacude la
cabeza—. ¿Qué sobre Nordstrom, o quizás un Versace? —Más sacudidas de cabeza.
Tomo una respiración profunda y giro. Veo un local Neiman Marcus2. Tendrá que
funcionar—. Vayamos ahí.
     
—Lindo —dice mientras caminamos hacia la tienda—. Usualmente consigo mis
cosas en Target3. Tienen linda ropa.
     
—Oh, Lali. —Esta vez no puedo evitarlo. Froto su espalda y me río. Me sonríe
en respuesta con una mirada de asombro. Por una retorcida razón, pienso en mi
madre. Esta es la forma en la que siempre he querido que ella me mire.
     
En el momento que entro a la tienda, vuelvo a la vida. Le hago señas a un
empleado y le digo que necesito su ayuda. El sujeto tiene un cabello oscuro peinado
hacia atrás y una chaqueta de cuero por encima de una camisa bien planchada. Me
recuerda al actor James Dean de preparatoria.
      
Mientras apilo ropa en sus pacientes brazos, sus pupilas se dilatan y adquieren
una salvaje forma de dinero. Las comisiones vuelven locas a las personas. Apuesto que
las salas psicológicas tienen toda un ala dedicada a rehabilitación por comisiones
pagadas.
      
Estoy a punto de hablar cuando veo a Lali observando un vestido rojo
brillante. Puede ser algo fea, pero ese vestido convertiría a cualquiera en una estrella
de rock.
     
—Toma el vestido —grito a través de la tienda—. Yo invito. —Toma el vestido
del perchero y lo sostiene contra ella. Sobre mi hombro, el encargado sosteniendo mi
ropa resopla—. ¿Qué? —le pregunto.

—No, nada —dice con una risa.

Me río también, pero de forma diferente.

—No, en serio. ¿Qué es tan gracioso?
     
El sujeto piensa que compartimos la misma broma, así que abre su enorme boca
y dice:

—Ese vestido fue hecho para mucha gente…

¿Y?
     
—Y ya sabes, ella no es una de esas. —Se da cuenta que ya no me estoy riendo—.
No quise decir…
      
—Sé lo que quisiste decir. Acabas de decirlo. —Tomo la ropa de sus brazos y la
lanzo—. Cambié de opinión. No necesito esta maldita ropa de marca. —Su mandíbula
cae, y tengo la urgencia de cerrarla con mi puño. Soy la única persona a la que se le
permite juzgar. Tiene suerte que su gran bocota no lo haga ganar un sello.
     
Me dirijo hacia lali , y justo cuando estamos por irnos, el sujeto decide que no
va a dejarme avergonzarlo.
      
—No es mi culpa que tu novia sea un desastre. —Giro bruscamente mi cabeza
hacia Lali. Sus ojos ya tienen esa apariencia vidriosa.
     
Oh, no, no lo hiciste. Oh, sí, lo hizo. Un sello para ti, saliendo. Su alma se ilumina, y,
¡ah, qué tal!, mira cuántos sellos tiene este tipo. Él está sacando de mí pura maldad por
diversión en las horas extras de trabajo.
     
Al ver los diferentes y coloridos sellos de mis compañeros coleccionistas entre
los negros más pequeños, es prueba suficiente de que el Jefe estuvo explorando en
Peachville por un tiempo, buscando algo grande. Me pregunto por qué no lo sabía.
     
Inclinándome hacia atrás, sonrío ampliamente. Sellar esta alma va a ser muy
divertido. Lanzo un sello hasta donde se encuentra y disfruto con el sonido
chisporroteante que hace cuando se adhiere a su luz. Él probablemente está a uno o
dos sellos de ser coleccionado. De verdad espero tener el placer de traer a este.

Seguirá viviendo después de ser coleccionado, por supuesto, pero tan pronto como
muera, se encontrará con su alma en un pequeño lugar feliz llamado infierno.

—Ven, Lali. Vámonos. —Me sigue afuera pero no dice nada.
      
Me siento en una banca cerca de la fuente y le indico que se siente a mi lado. El
tipo estaba un poco fuera de tono y de lugar. Quiero decir, Lali definitivamente no
es del tipo para mirar, pero ¿quién dice que no lo será cuando crezca y salga de su
caparazón? O encuentre el corte de cabello correcto. O contrate a un ortodontista y
consiga una operación láser en los ojos, se ponga en forma y gane un poco de
confianza. Lo he visto suceder. Tontas de escuelas secundarias mutar en lindas
universitarias.

—¿Sabes que ese tipo sólo estaba siendo un cretino, verdad?

—Sí. No es gran cosa. —Actúa como si estuviera observando a los niños jugar, e
incluso mantiene una media sonrisa. Estoy sorprendido de cuán bien está manejando
todo el asunto. Muchas chicas se romperían con algo como esto.
     
—¿Sabes que deberíamos hacer? —Mi cuerpo se carga con energía—. Algo loco.
Tengo una idea. —Tomo su mano, y nos movemos a la salida más cercana por donde
aparcamos—. ¿Ves ese kiosco justo allí? —Asiente—. Tomemos algo.
Sus cejas se fruncen.

—¿Cómo robar?
     
—Robar es una palabra fea, Lali. Lo que estamos haciendo es soltarnos. Algo
que deberías hacer más a menudo. —Tomo su cabeza en mis manos y la giro de
regreso al kiosco—. Verás, cuando vives la vida, quiero decir, realmente vivirla, no te
importa lo que nadie diga sobre ti porque repentinamente estás completamente viva.
—Me mira, paralizada—. Hazlo, Lali. Sólo inténtalo. Si lo odias, podemos regresar
lo que sea que tomes. Nadie sabrá la diferencia.
       
Me da una sonrisa retorcida, y muerdo mi labio inferior para evitar soltar una
risa. Podría acostumbrarme a tener una compañera de crimen corrupta.
    
Estoy listo para aconsejarla sobre cómo acercarse al kiosco, pero se aleja antes
que pueda hacerlo. Se mueve hacia el puesto de chucherías, sigilosa como un leopardo
a pesar de su ligera cojera.
    
Mientras se acerca a su destino, deslizo mi mano dentro de mi bolsillo y
distraídamente aprieto y suelto mi centavo de la suerte.
    
Como una profesional, Lali observa al hombre que maneja el puesto,
determina sus coordenadas, y estima cuando tiempo tiene.

Luego está hecho.
     
Con una sutil barrida de su pequeña mano, mete algo en su bolsillo y hace su
camino de regreso. Presiona sus labios juntos, y sus ojos se vuelven enormes. Está
luchando por no reírse, y yo también.
      
Mientras nos dirigimos a la salida, me giro y veo que el hombre nos está
mirando. Toma un paso hacia adelante y se detiene. Mierda, lo sabe. No la vio en el
acto, así que no está seguro de qué hacer. Si la acusa y está equivocado, le costará su
trabajo. Espera mucho tiempo, y ahora es muy tarde.

Lali y yo salimos a través de las puertas dobles de cristal, y estalla en risas.
      
—Santa mierda —dice—. ¡Eso fue loco! —Saca la horquilla robada de su bolsillo
y me la enseña. Levanto mi mano abierta sobre mi cabeza, e intenta saltar para darme
cinco. También es muy bajita, y me hace reírme el doble. La escena es tan ridícula.

—¿Ahora qué? —digo.

Algo del entusiasmo en su rostro decae.
   
—Realmente debería ir a casa. Mi abuela se preguntará dónde estoy. Y oh,
hombre. Su auto. Tenemos que irnos.

—Vamos, estamos de suerte —ruego—. Hagamos algo más.

Envuelve sus brazos a su alrededor.
      
—No, de verdad necesito irme. Nunca antes me he saltado la escuela, y
definitivamente nunca he robado nada. Especialmente no el auto de mi abuela.

—Como dije, no robamos su auto. Lo tomamos prestado.
      
—Sí, Peter. Pasar el rato contigo ha sido tan divertido. —Coloca las manos en
sus caderas, una señal de que no debería empujar mi suerte—. Pero necesito irme a
casa ahora.
     
—Está bien, vayamos a casa. Llaves. —Me lanza las llaves, y de alguna manera
atrapo su desastroso tiro.
     
La dejo caminar delante de mí mientras pienso qué voy a hacer. No estoy seguro
por qué estoy dudando. No hay tiempo para dudar. Diez días. Eso es todo lo que tengo.
      
La miro fijamente hasta que una luz brillante envuelve su pequeña figura. Es tan
brillante, tan irresistiblemente brillante. La señalo con mi dedo y libero un sello. Se
pega a su alma y se queda allí.

Y maldita sea si se da vuelta en este preciso momento… y sonríe.
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Holaa!!! Chicas peter es un bobo ¬¬ Ocea lali es un dulce de leche con el y el la quiere llevar mm para abajo no no no !! Asio no es la cosa -.-  JAJAJAJ Espero tenga un buen comienzo de semana...

Besos!!
Andrea

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