—¿Quieres que entre por un momento?
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Ella saca los dedos de su boca.
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—Mi abuela todavía no llega, o ya estaría afuera con un
cuchillo de carnicero.
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Bien.
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—Qué pena. ¿Dónde está?
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—Su amiga
Ilene usualmente la recoge los viernes en las tardes así pueden
chismear —dice—. Es por eso que no estaba aquí cuando
vinimos antes.
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—¿Tu abuela trabaja? —pregunto.
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—No. Ella
solía ser cosmetóloga. Incluso maquilló a estrellas de cines cuando era
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Inspecciono la gran casa blanca frente a nosotros, con
sus persianas negras y
puerta roja. No es ni de cerca del tamaño de la casa de
mis padres, pero aun así debe
valer algo. Estoy suponiendo que hay menos dinero ahora
que la abuela está retirada.
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—¿Quieres ver lo que mi abuela ha guardado en el
refrigerador? —pregunta.
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—Definitivamente.
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Salimos del
carro, pero en lugar de entrar, Lali camina por la calle hacia un
área llena de árboles frente a su casa.
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—¿Qué estás haciendo? —pregunto.
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Ella saca
servilletas de su mochila y desenvuelve las sobras que guardó del
almuerzo.
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—Estos
mapaches solían meterse en nuestra basura, pero mi abuela compró
estas fuertes tapas para mantenerlos afuera. Funcionó,
pero me siento un poco mal
por ellos, ¿Sabes? —Lali lanza la comida hacia los
árboles y se dirige hacia la
casa—. Si mi abuela descubre que los estoy alimentando,
se volvería loca.
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—Tu secreto es mi secreto.
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Aun sí eres una hippie chiflada.
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Lali abre
la puerta y entra, pero yo me detengo en la entrada. Dándome la
vuelta. Luego me doy la vuelta de nuevo. Siento algo.
No, detecto algo. Y estoy seguro
que no son los mapaches.
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Al otro lado
de la calle, no puedo decir si hay algo ahí. Doy unos pasos hacia
adelante y escucho. No escucho nada, pero sé que es él.
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Un Coleccionista.
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La sensación
nunca me deja saber cuántos coleccionistas están cerca, pero la
razón me dice que hay uno solo.
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Sintiéndome como una idiota, digo—: ¿Nico?
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Pero no hay respuesta. Solo hay seis de
nosotros, sin embargo, esta sombra sale
sobrando. ¿Por qué este tipo no se revela? Sé que la
única cosa que puede matar a un
coleccionista es remover su brazalete, pero ahora mismo
me gustaría probar otras
alternativas. Repaso los coleccionistas en mi cabeza.
Además de mí y Nico, están,
Gero, Agustin, Pablo, y Jaime. No puedo imaginar
porqué alguno de ellos me
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influencia en El Jefe, sino también soy quien realiza su
continuo entrenamiento. Y la
razón de esto no es un secreto: Soy el mejor.
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Camino de
nuevo hacia la casa, mirando sobre mi hombro durante todo el
camino. Cuando llego a la puerta.
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Lali está ahí.
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—No es nada —digo antes de que pregunte—. Vamos,
asaltemos la cocina.
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Lali y yo
sacamos tres bolsas de papas, un envase de salsa de alcachofa, y dos
latas de soda de naranja. Comemos, y yo trato de
sacudirme la extraña sensación de
que un Coleccionista estaba afuera de su casa. Pero no
puedo. No entiendo quien
habría sido, o porqué vinieron aquí.
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Mientras la
observo echar su bebida hacia atrás, todo lo que puedo pensar es,
¿Por qué Lali?
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Tengo que
avanzar con esta tarea rápido, y sé cómo hacerlo. La idea me hace
tener arcadas, pero sé que funcionará, y no tengo otra
opción. Si otro coleccionista
está viendo a hurtadillas, entonces es hora de sacar el
armamento pesado. Me gustaría
mostrarle cuan fluidamente opero.
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—Oye, Lali —digo, tomando la soda de naranja de su mano y bajándola—.
Vamos a tu cuarto —Sus ojos Chocolates se abren como platos,
pero no protesta mientras
tomo su mano—. Vamos.
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—¿Quieres
que lleve las papas y lo demás? —pregunta—. Soy adicta a los
Cheetos, pero desearía que mi abuela comprase del tipo puffs, ¿Sabes?
Siempre se lo
pido, pero… —Lali divaga a la velocidad de la luz.
Ella está nerviosa. Y debería
estarlo. Dudo que está chica haya llegado a primera
base… o siquiera haber estado en
el juego.
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Guio el
camino escaleras arriba y abro la puerta de un empujón. La sobrecarga
de rosa me ciega cuando entro al cuarto. Aunque lo he
visto antes, todavía no estoy
preparado para cuan fuerte es.
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Me siento en
su cama y lanzo algunas almohadas al piso. A ella no parece
importarle, lo cual me sorprende. Lali saca su
horquilla robada del bolsillo y lo
aprieta en la mano. La mira como si pensara que de
repente podrían salirle dientes.
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—¿Por qué tan triste? —preguntó con mi voz seductora.
Ella pasa su lengua por el interior de su mejilla y dice
en voz baja—: Quiero
devolverla.
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—No, no quieres.
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—Sí —insiste ella.
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Me muerdo la
lengua, no muy feliz de que ella esté matando mis vibras. Listo
para dejar el tema, extiendo mi palma.
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—Dámela —digo—. La devolveré.
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Ella me la
pasa como si estuviera feliz de deshacerse de ella. La meto en mi
bolsillo, donde se quedará. Esa marca suya no va a ir a
ningún lado. No es como si
pudieras robar un día el banco, después devolverlo al
siguiente y esperar el perdón
absoluto. Por favor.
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Lali sonríe, pensando que su pecado está absuelto, y agarra un adorno de
porcelana del borde su ventana. Ella la lanza una y otra
vez entre sus manos. La
manera en que lo hace parece… descuidada.
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—¿Esa es tu favorita? —pregunto, tratando una vez más de
sacar partido.
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—¿Qué?
—Lali me escudriña, después baja la mirada a sus manos—. Oh, sí.
Es hermosa.
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No, es ridícula.
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—En realidad,
es bastante tonto, ¿verdad? Todo este rosa, encaje y propaganda
de niñita —Ella baja su adorno suavemente como si se
sintiera mal por lo que acaba
de decir—. Mi abuela decoró este cuarto antes de que yo
llegara. No quería herirla al
cambiarlo, pero este lugar es demasiado femenino.
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Mis hombros
se tensan. Odio no saber tanto de ella como pensé que lo hacía. Me
hace sentir inquieto. Ha sido un largo día; en este
punto no debería tener que
investigar a fondo. Pero así son las cosas.
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—¿Cómo lo
decorarías tú? —Me recuesto en la cama y cruzo los brazos bajo mi
cabeza.
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Sus cejas se levantan.
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—Bueno,
primero me desharía de los malditos adornos. Quiero un cuarto que
diga que tengo diecisiete, no siete. Después quitaría
estas cortinas rosadas de mi cama
—Lali agarra las cortinas, las arranca, y las
envuelve alrededor de sus hombros—.
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y oh, la pintura.
Se tiene que ir el rosado. En cambio, quiero una pared de un rojo
brillante.
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—¿En serio, rojo? —Entonces esta chica sí tiene gusto.
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—Diablos, sí. Es mi color favorito de todos los tiempos.
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—¿De verdad?
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—Sí. Es tan atrevido, tan poderoso, tan… todo lo que yo
no soy.
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Ella salta a
la cama y estira sus brazos para tocar el techo. Su blusa se levanta un
poco, y atrapó un vistazo de su firme vientre blanco. Es
casi tan enceguecedor como el
cuarto.
|
—¡Y aquí!
Aquí siempre he querido nubes de tormenta. Sé que es cursi, pero aun
así las quiero —Lali empieza a saltar, y mi cuerpo
rebota con sus movimientos—.
¡Y una cama más suave! ¡Una con la que pueda llegar más
alto! —Ella salta más y más
alto, sus palabras afectadas por sus movimientos—. Creo.
Que saltar. En las camas. Es
bueno. Para. El alma.
|
Observarla me
hace reír, aun cuando estoy frustrado porque ella está matando
todos mis movimientos “baja-bragas”.
|
Lali estira su mano y dice—: Vamos.
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—¿Vamos a qué? —pregunto.
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—Salta conmigo.
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—Falso. No sucederá.
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Lali agarra mi brazo y lo tira hasta que estoy seguro de que me lo va a
arrancar. Para ser tan pequeña, es muy fuerte.
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—Bien. Lo que sea —Me pongo de pie en su cama—. Esto es
estúpido.
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—¿Oh, en
serio? —Lali salta muy lento al principio, después más rápido y
más alto—. ¿Es estúpido?
|
—Mucho —Trato
de saltar un poco. Mi mamá nunca me dejó saltar en la cama
hecha a mano en la Toscana. Mientras empiezo a ganar
altura, encuentro la
experiencia muy sensacional. ¿Alguna vez lo admitiré?
No. Pero Lali
|
Ella agarra mis manos, y saltamos en un círculo,
riéndonos como hienas. Estoy a
punto de caerme del borde cuando la abuela de Lali entra al cuarto.
|
—¿Qué están
haciendo por el amor de Dios? —Sus palabras son severas, pero su
sonrisa dice que está feliz de que esté aquí y que
Lali tenga un nuevo amigo—. Veo
que unos animales salvajes entraron a la cocina y no
limpiaron.
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Lali cae a la cama, después rebota a un lado.
|
—Lo siento, Abuela. Me ocuparé de ello.
|
—No, no —La
Abuela agita sus largas uñas rojas hacia nosotros—. No quería
interrumpir su acto de circo. Ustedes diviértanse. Yo
haré la cena. Solo… la puerta
abierta, está bien, ¿Lali?
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La cara de Lali se sonroja, pero ella asiente.
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Después de que la abuela se va, le digo:
|
—Probablemente debería irme —No hay manera de que pueda sacar a Don
Juan
ahora, y preferiría no ser amarrado a quedarme a cenar.
He tenido suficiente de
Lali por un día, aun si no fue el peor día
que he tenido.
|
Ella dice
que me acompañará a la puerta, pero le digo que puedo salir por mi
cuenta. Cuando estoy a medio camino bajando las
escaleras, ella asoma la cabeza fuera
de su cuarto.
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—Oye —dice—. ¿Qué vas a hacer mañana?
|
Presiono mis labios y sacudo la cabeza.
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—Si quieres
venir alrededor de las ocho, te mostraré algo asombroso —Asiento,
pero mi cerebro está gritando: ¡¿Qué?! ¡Ocho de la mañana!
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Estoy al pie de las escaleras cuando Lali agrega.
|
—Usa zapatos deportivos.
|
Tiro de mi
boca a un lado y señalo mis deportivos rojos como si dijera: ¿Alguna
vez me quitaría estas preciosuras?
|
Ella se ríe.
|
—¿Estás bien con caminar a casa? Podría llevarte.
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¿Lali sabe conducir?
—No, vivo cerca, ¿Recuerdas?
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Ella dice adiós con la mano como una reina de belleza y
entra a su cuarto.
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Me rio solo
antes de moverme a la puerta delantera, después recuerdo que mis
modales importan. Retrocedo y meto mi cabeza en la
cocina. La Abuela está parada en
el fregadero botando su botella de agua con ron. Mis
ojos caen al mostrador cerca de
su mano derecha. Hay una docena de botellas marrones de
prescripción abiertas. Se
me pone la piel de gallina en mis brazos, cuello,
piernas… y en el resto de mi cuerpo.
|
Las Personas. Enfermas. Me. Ponen. Frenético.
|
Estoy
muerto. Esto no debería molestarme, pero mi mente ya está
suministrando terribles enfermedades que ella está
llevando. Cosas como el virus del
Ebola. También, no soy doctor, pero estoy seguro de que
no debes mezclar el trago y
pastillas al mismo tiempo. Pienso cuando conocí por
primera vez a Lali. Ella
preguntó si yo era de la farmacia. ¿Sabrá que la Abuela
toma suficientes
medicamentos para derribar a un rinoceronte?
|
Trato de salir
sin ser escuchado, pero la Abuela se da la vuelta y me ve. Sus labios
se curvan en una amplia sonrisa. Después sus ojos se
mueven a las botellas de
píldoras. La sonrisa cae de su cara y choca contra el
piso.
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—Presión alta —dice.
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No le creo ni por un segundo.
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La Abuela da
un paso hacia mí, y trato de dar lo que espero sea un sutil paso
hacia atrás.
|
Aléjate. ¡Aleja tu enfermedad de mí!
|
Ella nota que
estoy retrocediendo y se detiene. El dolor llena sus ojos gris
azulado. Antes de que pueda pensar en algo que decir, me
doy la vuelta y salgo por la
puerta.
|
Tengo que
alejarme de esta casa. Lejos de Lali y sus grandes ojos confiados.
Lejos de la Abuela y la mirada que acaba de darme. ¿Qué
debo sentir? ¿Pena?
¿Vergüenza?
|
No.
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No lo hare.
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Camino a la cabina telefónica más cercana y llamo al
único taxi en Peachville.
Cuando el conductor me recoge quince minutos más tarde,
pregunta.
|
—¿A dónde?
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Hola chicas!! Como Estas? Espero bien aca les dejo el 6 capitulo de la adaptacion.. Subo mañana estoy re cansada... Osea terapias en la mañana desde las 8 hasta las 10:30.. Y luego clase toda la tarde .. tengo re sueñoo! Espero tengan un lindo dia mañana ...
Besos
Andrea<3 span="">3>
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