Capitulo 9
Consecuencias
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Nico va a mi bolsa de viaje cuando regreso al hotel Wink.
Mi parte favorita de todo esto es que no se detiene cuando entro
en la habitación.
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—Hola —dice.
Él saca mi camisa de vestir negra Hugo Boss, luego la lleva hasta
su nariz y huele fuertemente.
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—Amigo. Detente —Le quito la camisa de las manos y la
lanzo en la cama.
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—Me encanta tu olor —dice con su voz de pollo.
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—Tú y todos
los demás, mi amigo —Me dejo caer hacia abajo sobre una de las
camas de tamaño queen, metiendo las manos por debajo de
mi cabeza y cruzando los
tobillos—. ¿Qué estás haciendo aquí?
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—Vine a pegarle a mi coleccionista preferido una visita.
¿Eso está permitido?
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Nico me saca
los zapatos y los sostiene en alto para ver si mis pies son más
grandes. Arrugo la camisa Boss y se la tiro a la cara.
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—Deja de ser espeluznante, Nico.
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—¿Qué? Estoy
buscando algo para conectar. Hombre, tengo que tener sexo.
Quiero decir, por otra persona que no sea tu madre.
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Salto de la cama y vuelo por la habitación, con las
manos en puños.
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—Estoy
jodiendo contigo, amigo —Nico levanta las manos en señal de derrota—.
Lo siento, broma de mal gusto.
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—Nico, te
juro que voy a sacarte el brazalete si alguna vez hablas de mi madre
otra vez.
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—No lo
harías. Tú me quieres demasiado —Él me da su sonrisa de vendedor de
automóviles, yo cruzo la habitación y caigo de nuevo en
la cama—. Además, ¿quién
necesita este maldito brazalete, estoy en lo cierto?
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Por un
instante fugaz, considero decirle lo que yo sé la historia de donde vienen
nuestros brazaletes. Pero no voy a romper la confianza
entre El Jefe y yo.
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—Entonces, ¿cómo te va con la chica? —pregunta.
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Lo miro por el rabillo de mi ojo.
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—¿Cómo lo sabes?
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—¿Es una
broma? Todo el mundo lo sabe. Eres la comidilla de la ciudad, niño
bonito.
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El hecho de
que todo el mundo conoce mi trabajo me vuelve loco. Ahora se
siente como que hay esta enorme atención sobre mi
espalda, y todo el mundo tiene
permitido ver.
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Informo a
Nico de casi todo, incluyendo la parte de los sellos rosa. Pero decido no
decir nada acerca del coleccionista fuera de la casa de
Lali, sobre todo porque no
quiero parecer paranoico. Cuando terminé de hablar, el
rostro de Nico flaquea. Empuja
mi maleta en el suelo y se sienta en la cama opuesta.
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—Yo no sabía
que ese era el por qué El Jefe te envió a coleccionarla. ¿Realmente
crees que ella tiene la capacidad de neutralizar
nuestros sellos?
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Asiento con la cabeza.
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—¿Qué vas a hacer?
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Pongo la mano
en mi frente. La verdad es que no sé muy bien lo que voy a hacer.
Me he demostrado a mí mismo que puedo empujar a Lali al pecado. Ya he sellado
su alma una vez. Pero ¿cómo voy a hacerlo las veces
suficientes para coleccionarla en
menos de diez días? El peso de esta asignación de
repente se siente como si estuviera
sentándose en mi pecho, como una grasosa morsa
simplemente pasando el rato.
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—¿La verdad?
No estoy muy seguro —le digo—. Pero he estado pensando. De
nosotros seis coleccionistas, siempre he sido el de
mejor desempeño. Le he traído al El
Jefe más almas en dos años que los demás han hecho en
diez —Miro a Nico—. Sin
ánimo de ofender a los otros.
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Se encoge de hombros.
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—No es un asunto de tanta importancia.
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Me río. Déjenle a Nico hacer de cualquier cosa una broma.
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—De todos
modos, estoy pensando que El Jefe me dará unos días más, si eso es
lo que necesito.
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La sonrisa
tonta en la cara de Nico cae. Se pasa la mano por el pelo y se vuelve
hacia mí.
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—No estás pensando seriamente en pedir una prórroga.
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Me encojo de hombros y saco mis labios como si fuera a
decir. ¿Por qué no?
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—Peter, El
Jefe tendrá un ataque de histeria si no consigues esta chica. Él no
quería correr el riesgo de un Día del Juicio. Es por eso
que estas atrapado con ella. Así
que tienes que pensar en algo.
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—¿Cómo qué?
—Necesito que él tenga la respuesta, porque en este momento,
me siento desorientado. Nico tiene razón; si Lali moría antes de ser coleccionada
por el infierno, ella iría al Día del Juicio, y sería
una ganadora para el cielo.
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Nico se frota
la barbilla y luego los lados de su rostro, los cuales, no están
perfectamente afeitados como de costumbre.
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—La Asistente me dio algo.
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Mi corazón
deja de latir por segunda vez en mi vida. Nada bueno viene de la
asistente del jefe. Cada vez que él está demasiado
ocupado para hacer frente a algo por
sí mismo, se lo pasa a ella. Y esta hace lo que sea
necesario para hacer el trabajo.
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Nico se pone de pie y alcanza su chaqueta
deportiva azul marino. Siento mi piel
pinchar por el sudor en anticipación. Cuando él saca su
mano, está sosteniendo un
pedazo de papel enrollado. Mis músculos se relajan, y
lanzo un suspiro que no me
había dado cuenta que estaba sosteniendo.
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No es más que papel. ¿qué tan malo puede ser?
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Nico me
entrega el pergamino. Una cinta roja atada alrededor de ello. Por un
momento, disfruto este simple placer, mis dedos tocando
la cinta roja de seda. Un gran
tono de rojo.
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Desenrollo
el documento y miro a Nico. Su rostro se retuerce en una especie de
forma de: Comparto tu dolor. Echo un vistazo y leo las
primeras palabras que llaman
mi atención. Me doy cuenta de que no estoy respirando
otra vez. No estoy haciendo
nada, además de mirar el revoltijo de letras que abren
sus desagradables bocas y
gritan:
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CONTRATO DE ALMA.
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Dejo caer el
contrato en mi regazo. Es inútil. Alguien como Lali nunca estaría
de acuerdo en un intercambio.
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—¿Has leído esto? —le pregunto.
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Él pone su boca a un lado. Eso es un sí.
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—Yo no sabía que todavía utilizábamos estos —le digo.
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—Al parecer lo hacemos —dice suavemente.
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—¿Alguna vez…?
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—No —Nico niega con la cabeza—. Nunca.
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Me pongo de pie, y el contrato cae al suelo.
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—¿Qué se
supone que debo hacer? No puedo mostrarle esto. Tendría que
exponerme. Tendría que exponernos a todos nosotros
—Mientras digo esto en voz
alta, me pregunto si importa… si ella ya sabe quiénes
somos—. Lali va a
enloquecer. Va a pensar que estoy mintiendo. Y la
alejaría.
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Cruzo la habitación y me paro en frente de la ventana de
la habitación del hotel.
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—Hay miles de razones del por qué esto es una mala idea.
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—Allí estoy
contigo —Nico está de acuerdo—. Pero, ¿qué se puede hacer al
respecto?
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—Voy a
traerla a tiempo. De la forma correcta. No hay manera de que arriesgue
nuestros culos por esta chica —Me aparto de la ventana—.
Además, incluso si tengo
que usarlo, nunca funcionaría. Esta chica es tan
condenadamente feliz. Ella no
vendería su alma por cualquier cosa que pudiera darle.
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—Bueno, si
no te gusta eso, esto se va a sentir como una patada en las bolas —
Nico juega con el cuello de la chaqueta—. Cuando la
asistente me dio el contrato, ella
me dijo que habría, cómo lo puso… consecuencias del
tamaño de un pene de burro, si
la chica no era contratada a tiempo.
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—Bueno, no es
eso maravillosamente desquiciante. Consecuencias. Habrá
consecuencias —Cada vez que digo consecuencias, Nicose
estremece y asiente—. Me
alegra oír que la Asistente todavía tiene su sentido del
humor.
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Así que
ahora mi promoción, y quién sabe qué más, está en juego en esta
asignación. Esto está resultando ser un momento
divertido. No es que me importe la
presión añadida. Me siento muy bien bajo presión. No. Me
siento muy bien en
condiciones normales. Bajo presión, vuelo las mentes de
las personas. Además, ¿qué
es lo peor que harían? ¿Negar mi promoción?
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Dejo que esto
penetre en mi mente, comprendiendo que podría perder mi única
oportunidad de escapar del peor lugar que nadie pudiera
imaginar. Nico está
mordiéndose las uñas.
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—¿Nicolas?
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—Sí —dice demasiado fuerte.
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—Voy a conseguir a esta chica. No necesito el contrato.
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Nico sonríe sobre todo su rostro.
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—Ahí está el
hombre que me entrenó, tú el sexy hijo de puta. Sabía que podías
hacerlo. Se lo dije a la Asistente, le dije: “¿Sabes
siquiera con quién estás tratando
aquí? Pfft. Pfft”.
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—Definitivamente no dijiste eso.
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—No. Te
aseguro que no lo hice. Esa mujer me hubiera sacado la mierda. Y
necesito mi mierda. Especialmente esta noche. Con todas
las dulzuras de Peachville
que estoy correteando.
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Él hace sonar
su cuello y se pavonea hacia la puerta, tratando de hacer su
habitual salida dramática.
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—Nicolas Riera,
nació don Juan, murió don Juan… y maldita sea si no está aún
“alineándolas y derribándolas”.
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Nico se queda
en la puerta, con la mano en el pomo de plata. Él me lanza una
sonrisa por encima del hombro.
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—No siempre fui así, Peter. La gente cambia cuando
alguna mierda sucede.
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Camina hacia
la puerta, y me pregunto qué quería decir con eso. El único Nico
que he conocido es la persona que es ahora, así que no
compro lo que está vendiendo.
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Llego al
interior de mi bolsillo y busco a tientas por un segundo, manoseando las
pelusas. Entonces lo siento, mi centavo. Lo saco y lo
ruedo entre el pulgar e índice. La
fecha y la palabra Libertad no están alineadas. Se llama
troquel duplicado, y pasó hace
más de medio siglo atrás en 1955, cuando los
trabajadores de la Moneda de Filadelfia
lo jodieron. Su error hizo este centavo valer varios
cientos de dólares. Pero para mí, no
se trata del valor.
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Es una línea de vida a mi pasado.
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Empujando el
centavo de regreso en el bolsillo, recojo el Contrato de Alma
levantándolo del piso. No necesito leer la letra
pequeña. Como cualquier otro
coleccionista, he oído las historias. Y estoy seguro de
que tengo razón acerca de
Lali. Ella nunca estaría de acuerdo con eso.
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Lo cual
significa exactamente una cosa: tengo que actuar esta noche como un
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¿Que pasara en esta fiesta chicas? Jumm
Disfruten el capitulo chicas ;))
Besos
Andrea

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