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lunes, 31 de marzo de 2014

Capitulo 10 -The collector



Capitulo 10
Vestido Rojo

Salgo de Elizabeth Taylor exactamente a las 9:00 p.m. Luchando contra el impulso de tocar bocina, apago el motor y camino hacia la puerta, la bolsa de ropa doblada sobre mi brazo.
      
Después de que Nico dejó mi habitación del hotel, decidí subirlo de nivel para la
fiesta. Me estoy divirtiendo con mi camisa negra de Jefe, con las mangas arremangadas
por supuesto, jeans oscuros, y mis Chucks rojas. Incluso estoy bañado en mi aroma
favorito, Safari8, debido a que es un poco sucio como yo. Si Lali no cae bajo mis
encantos, la voy a exponer por lo que es: asexual.
     
La abuela abre la puerta después de haber llamado sólo una vez. Supongo que
me esperaba. Sus ojos me devoran, y una sonrisa aparece en su boca.
     
—Si no te conociera mejor —dice ella— pensaría que el diablo acaba de
aparecer en mi puerta.
     
Normalmente me reiría ante la ironía de esta afirmación, pero estoy encadenado,
así que me siento con ganas de empujar una luz brillante en su cara y gritarle: “¿Qué
sabes?"


En cambio, sonrío mientras pone un brazo alrededor de mi hombro y me lleva
dentro.
     
Me pregunto si habrá un momento en que Lali baje por las escaleras como si
fuera una persona completamente diferente. Pero nada de eso sucede. Está sentada en
la mesa de la cocina a mi derecha cuando camino a través de la puerta de entrada. Está
comiendo un tazón de cereal, luciendo como siempre lo hace… descuidada.
      
Entramos a la cocina con la Abuela demasiado cerca. Lali empuja su tazón y
se levanta. Hay un momento incómodo en el que medio nos abrazamos, medio nos
rozamos. Entonces descubre la bolsa de ropa sobre mi brazo.

—¿Qué es eso? —Sus ojos se abren.

—Es para ti —le respondo, sosteniéndola para ella—. Ábrelo.

Toma la bolsa y la abre. Cuando saca el vestido rojo, la abuela gime así de largo:

—Ohhhh, poooor Deeeiiiooos.
      
—¿Conseguiste esto para mí? —pregunta. Asiento, y lo coloca contra ella como lo
hizo en la tienda—. ¿Debo usarlo esta noche?

—Esa es la idea —le digo, sentándome a la mesa de la cocina.

—¿Abuela? —chirría.

—Estoy detrás de ti, cariño.
    
Lali y la abuela suben las escaleras hacia su dormitorio. Por qué se necesitan
dos personas para poner un vestido en un solo cuerpo está más allá de mi
entendimiento.
     
La puerta del dormitorio de Lali se cierra con un clic y unos segundos más
tarde, suena el timbre. La abuela asoma la cabeza y grita por las escaleras:

—¡Niño Grande! ¿Puedes abrir la puerta?
     
Me dirijo a la puerta de entrada y escucho como Lali le dice a su abuela que
no me llame Niño Grande. Cuando la abro, Gaston y Cande  están de pie del otro lado.

Gaston sosteniendo dos películas y una caja de pizza. Su expresión apretada luce como si
oliera su propio trasero.

Me alejo unos pasos y digo sobre mi hombro:


—Sin falta, vamos entren.
      
Cande me pasa y se pone frente a mí. Su boca se tira en una sonrisa, pero su
voz tiene una nota de acusación.

—¿Verás películas con nosotros esta noche?

—No exactamente.

—Entonces, ¿qué estás haciendo aquí? —murmura Gaston.
     
Ignoro su pregunta ya que no vale la pena responder. Candela sigue frente a
mí, así que la paso y estoy de vuelta en la mesa de la cocina. Debe tomar esto como una
invitación para conversar porque se sienta frente a mí. Gaston permanece cerca de la
puerta, apoyado en la barandilla de la escalera.
     
—Así que si no vas a ver películas con nosotros, ¿entonces qué haces aquí esta
noche? —pregunta Cande.

—Voy a la fiesta de Maria.

—Mmmm—Asiente como si esa fuera una respuesta razonable—. ¿Y con quién
irás?

—Voy a ir con Lali.
    
Gaston no se mueve, pero oigo el chasquido de sus dientes. Cande debe hacerlo
también, porque lo mira y dice:
     
—Oh, vamos. ¿Es realmente una sorpresa, Gaston? —Se aleja de la mesa y se dirige
a un pequeño gabinete. Una vez allí, abre una puerta y busca algo—. ¡La reina madre!
—chilla.
     
 Sostiene un baúl del tamaño de un microondas contra su pecho y se tambalea
hacia la mesa de la cocina. Me estremezco cuando el baúl cae sobre la mesa y brinca
hacia mí.

—Este baúl —dice con una cara seria— es el regalo de Dios para las mujeres.

—¿Chocolate?

—No.


—¿Midol9?

—¿Qué? No.

—Tampones.
     
—Deja de adivinar —dice—. En esta caja está el maquillaje de la abuela de
Lali. He esperado tres años para reventar esta cosa. El momento es ahora.
     
Desbloquea la caja y levanta la tapa muy lentamente. Esperaba que flotara polvo
mágico centelleante, como una nube mágica, pero no.

Jadea cuando por fin mira dentro con atención.
     
—Es mejor de lo que podría haber imaginado. —Saca los mini bastidores de
pastas y polvos de colores. La abuela puede ser una gurú del maquillaje, pero no
puede aplicarlo a su propio rostro. En realidad, es un caso de demasiada aplicación.

No entiende de moderación a la hora de pintarse.
     
 —¿Así que vas a maquillar a Lali o algo así? —pregunto. Tengo la esperanza
de estar en lo cierto. Cuanto mejor se sienta Lali   esta noche, más problemas puedo
obtener de ella.
     
—¿Lali? No. Este es mi momento. En primer lugar voy a conectarme con
Bobbie Brown10, la mujer de grandes poderes místicos del maquillaje... —Saca un
delineador azul y le da una mirada lujuriosa—. Entonces voy a conectar con Bobbie
Davids, ese chico de las grandes habilidades del baloncesto.

—¿Qué? —le digo.

—¿Qué? —dice Gaston al mismo tiempo.

Cande nos mira como si no pudiera entender por qué estamos confundidos.
    
 —Voy a convertirme en un bombón, entonces lo voy a hacer con Bobbie Davids
en la fiesta de Maria. —Se inclina hacia un espejo reclinable con el delineador azul—.
Sabía que esta noche iba a ser impresionante. Solo tenía esta primera impresión, ¿sabes?

—No puedes ir a la fiesta de Maria, Candela—dice Gaston.


Me alegro de que Gaston hablara, porque lo último que necesito es a la tripulación
de Lali asegurándose de mantenerla como la misma mojigata de siempre.

—¿Quién dice que no puedo ir a la fiesta?

—Tu falta de invitación dice que no puedes ir —responde.

—Lo que sea. No es como si hubiera invitaciones formales ni nada.

Saco el sobre naranja de mi bolsillo y lo pongo sobre la mesa.

Candela se detiene de golpe y mira fijamente la invitación y luego a mí.
      
—Tienes que estar bromeando. ¿Entregó estas cosas? ¿Qué es esto, el siglo
dieciséis? —Saca la invitación del sobre—. Dice que es para ti y un invitado. Supongo
que un invitado significa uno, ¿eh?

Gaston y yo asentimos al unísono. Me alegro que estemos de acuerdo en una cosa.

—¿Qué va a hacer, sacarnos a patadas?

Asentimos de nuevo.
     
—Bobbie Davids me vería mientras me echan a patadas. —Se toma un segundo
para pensar en esto—. Bueno, ¿y si de todos modos quiero ir?
      
—Cande, no me abandones, ¿de acuerdo? —ruega Gaston. Es un poco patético, en
realidad. Pero trato de no juzgar, ya que me está ayudando un poco.
    
—¡No, tú también vendrás! —Se levanta de la mesa y agarra sus manos—. Te
maquillaré, mejillas dulces.
     
—Divertido. —Gaston aparta sus manos—. No voy a ir a esa fiesta. No estamos
invitados, o tendríamos una invitación.
     
La sonrisa de Candela se desmorona. Se acerca a la mesa sin decir una palabra
y empieza a guardar el maquillaje de nuevo en la caja. Sé que lo más correcto es que
debería invitarlos. No es como si no pudiera engatusar a Maria para que les permitan
quedarse. Pero tengo una misión y no voy a dejar que estos dos se entrometan.
     
Candela está guardando la caja de maquillaje en el armario, cuando escucho la
puerta del dormitorio de Lali abrirse. Aún no debería haberla guardado.


La abuela baja las escaleras, y un segundo después, Lali sale cojeando. Está
tan feliz como un Osito Cariñosito, y me encantaría decir que se parece a una reina de
belleza, pero no lo hace. Lo que sí parece es pasable, lo que voy a tomar. Y por primera
vez me recuerda que tiene diecisiete años. Su pelo Morocho  se amontona en la parte
superior de su cabeza y lleva un collar de plata con gusto. El vestido rojo es un asesino
sin tirantes, apretado en el centro, y volados hasta la mitad del muslo, pero su falta de
curvas no hace nada con ellos. Entonces me doy cuenta que Lali tiene un escote.

Eso me sorprende.
    
Rápidamente aparto la mirada cuando me doy cuenta que la abuela piensa que
estoy mirando los pechos de Lali con más interés que el de un amigo.
     
Gaston sonríe como si acabara de dar a luz a su hijo primogénito. Pongo los ojos en
blanco por lo obvio que es.

Puedes tener su cuerpo cuando termine con su alma, quiero decirle.
      
Cuando llega a la parte inferior de las escaleras, toma la mano que le está
ofreciendo Gaston.
      
—¿Me veo bien? —pregunta, sus mejillas sonrojadas por la emoción—. El
vestido es tan genial.
    
Gaston abre la boca para decir algo, pero es demasiado lento e inexperto para
manejar esto.
     
—Lali —le digo, haciendo una pausa para agregar efecto—, ese vestido es
bonito. —Me acerco y le susurro al oído—: Pero tú lo haces... hipnótico.
      
Su rostro se ilumina como un árbol de Navidad. Toma la parte inferior de su
vestido y la aprieta. Luego se vuelve a Cande y a Gaston.
    
 —Lo siento, chicos. Traté de llamarlos a sus celulares para decirles lo de esta
noche.
     
—No es gran cosa. —Candela se encoge de hombros y sonríe—. La semana que
viene.
      
Cuando me doy cuenta que la abuela está mirándome como si estuviera a punto
de ofrecer un boleto de ida a su dormitorio, decido que es hora de irnos.

—Si nos disculpan —digo— me llevaré a Lali ahora.


La abuela y Candela se apartan para que podamos llegar a la puerta, y Gaston me
lanza una mirada de me-gustaría-cortar-tus-tendones-de-Aquiles.
      
Pongo mi mano en la parte baja de la espalda de Lali y la llevo fuera de la
casa. Cuando estoy abriendo la puerta del auto, la abuela sale y grita:

—En casa a la medianoche, o los azotaré a los dos.
      
Lali se encoge, saluda a su abuela y luego se desliza en el asiento del pasajero.
Cierro la puerta, corro al otro lado y entro. Desde ahí veo un Nissan azul estacionado
frente a su casa. Tiene el mismo atractivo que alguien de noventa años de edad con un
problema de heroína.

—¿De quién es ese auto? —le pregunto.

Señala con el dedo la cosa azul.

—El azul es de Gaston. Lo llamamos Scrappy.
   
Me doy cuenta que esa es la razón por la que Gaston y Candela fueron en
autobús al voluntariado esta mañana. Eso hace que un monociclo parezca un
transporte confiable.

Lali  me está mirando.

—¿Qué? —pregunto sin girarme hacia a ella.
     
 —Nada —dice—. Te ves muy bien. Y estoy muy contenta de que me lleves a la
fiesta.

—¿Lo estás? Pensé que podrías estar teniendo dudas.
      
Niega con la cabeza y tira la parte superior de su vestido hacia arriba, de repente
tiene un problema tratando de cubrir su pecho.
      
—Bueno, eso está bien. —Arranco a Liz y salgo a la calle—. Quiero que te relajes
esta noche. Prueba algunas de las cosas que normalmente no probarías.

—¿Cómo qué? —pregunta.
     
—Nada loco —respondo—. Es sólo que... mira, no te gusta cuando la gente te
juzga a ti y a tus amigos, ¿verdad?

Niega con la cabeza.


—Entonces, sólo trata de tener la mente abierta y no juzgar a la gente en esta
fiesta. Nunca se sabe, puede que incluso te diviertas. —Me estiro para encender el
equipo de música, y luego me detengo. No le gusta la radio, me recuerdo.

—Está bien, voy tener la mente abierta —dice.

¿Sí?

—Sí.
     
Con ella aquí a mi lado, me doy cuenta que es una locura pensar que sabe lo que
es capaz de hacer. Ni de casualidad. No tiene idea que tiene brillantes sellos rosados
dentro de su cuerpo, y definitivamente no voy a decirle. Cuanto menos sepa, mejor.
     
Aprieto su rodilla y me concentro en encontrar la casa de Maria. Conducimos el
resto del camino en silencio y, aunque parezca extraño, se siente perfectamente
normal.
     
Finalmente, Elizabeth Taylor se aparta por un camino de tierra, y vamos por él
un buen rato. Al final de la improvisada carretera hay una enorme casa de campo de
dos plantas con un porche cubierto en los dos niveles.
     
Música a todo volumen sale de la casa, y una sonrisa se abre paso a en mi cara.

Aparco el auto y abro la puerta de Lali. Se muerde el labio y le digo que todo va a ir
bien. Pero eso no es del todo verdad, ¿no? Porque esta fiesta no va a estar bien.

Va a ser el principio de su fin.
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Hola chicas lamento no subir ayer... Tuve mucha tarea mi idea era subir una en la mañana y otro capitulo a esta hora mas o menos pero ni me acordaba de que tenia terapias alas 7 de la mañana y regrese tarde a mi casa y luego el colegio y todo eso :D Espero sepan comprender...  Cada dia mas visitas me hace muy feliz eso :)

Chicas estan son palabras que aparecen en el capitulo pero que depronto no entiendan:
   
Midol: es una marca de un medicamento de venta libre para los cólicos menstruales y otros efectos relacionados con el síndrome premenstrual y la menstruación. Midol es distribuido por Bayer.

Bobbie Brown: nombre de la dueña de Bobbie Brown cosméticos.

Besos a todas andrea! Comenten :DDD

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