Golpeo una vez, luego paso. Lali no se mueve de la
puerta.
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—¿No deberíamos esperar aquí?
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—No,
Lali. Si tú eres invitada a una fiesta, sólo entras —Voy a tener que ser
cuidadoso esta noche. Ella no está acostumbrada a las
fiestas, y necesito que encaje,
así no se pondrá toda “soy más santa que tú”.
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Lali entra detrás de mí como si estuviera esperando
que una alarma sonara.
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Dentro del refrigerador de Maria, cojo una cerveza.
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—¿Qué
quieres beber? —pregunto mientras abro la tapa y tomo un trago. La
cerveza corre por mi garganta, y me estremezco de lo
malditamente bien que se
siente.
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—Oh, yo no
bebo —Lali muerde sus uñas y mira alrededor. La cocina está
vacía. De hecho, toda la casa está vacía. La fiesta debe
ser en la parte trasera.
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—Vamos,
Lali. Hablamos sobre esto en el camino. La gente bebe en las
fiestas. Tú estás en una fiesta —Doy un paso hacia ella
y coloco mi mano en su brazo—
Probar cosas nuevas, ¿recuerdas?
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Envuelve sus brazos alrededor de su cintura, luego
sonríe y asiente.
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—Eso es
chica. —Agarro un vino fresa-kiwi desde el refrigerador en el estante
superior. Un trago de tequila es lo que me gustaría para
darle, pero me imagino que
será mejor aflojarla con esto.
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Deslizo el
vino a través de la encimera de la cocina, y ella lo agarra. Más cerveza
encuentra su camino por mi garganta mientras Lali quita la tapa de su bebida.
Toma un pequeño sorbo.
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—No está mal —dice. Toma otro sorbo.
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Gracias a Dios por los pequeños milagros.
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—¿Lista para ponerte a tono?
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—¿Ponerme a qué?
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—Unirte a la fiesta.
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—Oh, sí —dice—. ¿Dónde está todo el mundo?
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—Probablemente en la parte trasera —Siguiendo el sonido retumbante del
bajo,
dirijo el camino a través de la casa de Maria, y
encuentro en la sala de estar, una
puerta corrediza de cristal que conduce al exterior.
Cuando la abro, la música se
desliza sobre mí.
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Dos
altavoces están sobre una enorme terraza que se extiende hacia el patio
trasero. Una docena de personas se sientan en bancos
construidos a lo largo del
interior de la terraza, y por el sonido de ello, hay
incluso más gente allá afuera en el
patio.
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Inclino la
cabeza con un qué pasa a algunas personas, y sigo moviéndome.
Lali se queda cerca de mí mientras nos dirigimos por
un tramo de escaleras de
madera que descienden de la terraza. En la parte
inferior de la escalera, ella se detiene
y hace un sonido de sorpresa.
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Frente a
nosotros, hay un claro de la mitad del tamaño de un campo de fútbol.
Más allá de eso, hay árboles gigantes con linternas de
papel blancas colgando de las
ramas. Yo mismo estoy un poco impresionado. Las fiestas
en las que solía estar se
limitaban a barriles y una fogata. Los chicos no hacen
realmente decoraciones.
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Aunque esta
fiesta es toda lujosa, los barriles están todavía presentes, lo cual es
bastante delicioso pues ya he terminado mi cerveza.
Aplasto la lata y hago un
lanzamiento de larga distancia hacia la basura.
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—¿Lista para
otra? —Me doy la vuelta y enfrento a Lali, quien todavía tiene
noventa y nueve centésimas de su bebida—. Lali, estás
cuidando esa cosa.
Necesitas beberla.
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Ella quita la
mirada de las linternas y levanta su bebida. Coloco mi mano en el
fondo y mantengo la botella hacia arriba por mucho más
tiempo de lo que estoy
seguro que ella pretendía.
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—Ahí vas
—digo cuando se obliga a bajarla de nuevo. Va a tomar más que un
vino del refrigerador ganar sellos para Lali, pero sé
adónde puede conducir un
vino y es ahí a dónde nos dirigimos. La gente borracha
pierde sus inhibiciones. La
gente sin inhibiciones peca. Por lo tanto, Operación
Emborrachar a Lali ha sido
puesta en marcha—. Un buen trago más como ese y
estaremos listos para golpear el
barril.
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—Sabía que vendrías.
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Me doy la
vuelta y veo a Maria dirigiéndose a nosotros. Por encima de su
hombro, veo las piernas de un chico agitándose en el
aire. Keg stand.
Estoy celoso.
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—¿Cuánto
tiempo has estado aquí? —Maria envuelve sus brazos alrededor de
mi cintura y me jala en un abrazo. Sus senos se
presionan contra mí, y brevemente me
pregunto si harán una aparición completa esta noche. La
camisa naranja brillante que
lleva, está empujando aquellos pechos hacia arriba y
afuera; y no tomaría mucho
hacer que eso ocurra.
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—No mucho —digo—. Buena fiesta.
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—Por
supuesto. Yo sólo ofrezco lo mejor. Vamos, déjame darte una vuelta
alrededor y presentarte —Enlaza su brazo con el mío y
empieza a jalarme lejos.
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—Espera —Saco mi brazo—. Lali, ¿quieres caminar
alrededor con nosotros?
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Maria nota a Lali, y su cara se infla como un pez
globo.
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—No sabía que traerías una cita.
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Me encojo de
hombros porque no hay mejor manera de manejar esto. Tirarme a
Maria sería el postre de esta noche, pero no puedo
molestar a Lali.
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—Está bien —dice Lali—. Creo que sólo podría pasar el
rato en la terraza.
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Maria agarra mi brazo otra vez y nuevamente lo saco,
alejándolo.
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—No voy a abandonarla, Maria.
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—Bueno. Bien
—Ella sonríe como si no fuera gran cosa—. Estaré por ahí si
decides ser social.
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Enfrento a
Lali mientras Maria se pavonea hacia un pequeño grupo de
chicas.
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—Sí. Antes
de que siquiera digas algo, sí. Quiero pasar el rato contigo. No, no está
bien que te abandone. Vinimos juntos, estamos de fiesta
juntos.
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Lali sonríe.
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—Yo no iba a
decir nada. Pero gracias —Levanta su vino y lo termina—.
¿Todavía quieres ir al barril?
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—Maldición,
chica. Tú sí sabes cómo divertirte —La llevo hacia el barril y lleno
un vaso plástico rojo—. Aquí vas, cariño —Agarro uno
para mí, y nos sentamos en las
escaleras de la terraza—. ¿Estás pasando un buen rato?
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Lo que quiero decir es: ¿Ya estás sintiendo el alcohol?
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—Sólo hemos
estado aquí, como, diez minutos —dice en una voz completamente
sobria—. Pero sí, me estoy divirtiendo.
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—Genial.
¿Qué tal si lo hacemos aún más divertido? —Me levanto y grito a través
del claro—. ¡Qué pasa, gente! ¿Quién está listo para un
juego de beber?
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Varios
borrachos dan un grito ininteligible de emoción y levantan sus vasos
plásticos.
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—En la terraza. En cinco minutos.
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Le doy un
empujoncito a Lali, y ella sube las escaleras, susurrándome sobre
su hombro.
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—Peter, nunca he jugado un juego de beber.
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—No te preocupes por ello —le digo—. No se necesita
mucho atletismo.
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La gente se
amontona alrededor de nosotros en un círculo y esperan el maratón
de bebidas. Me abro paso más allá de la multitud y subo
en un banco. Mi corazón está
bombeando, mi boca está sonriente, y siento como que
estoy en mi ambiente.
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—¿Todo el mundo listo?
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Balbuceos estilo zombi.
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—Está bien.
El juego se llama “Yo Nunca He”. Para los dos de ustedes que no
saben cómo jugar, explicaré las reglas. Voy a gritar
algo, y si lo han hecho, tienen que
beber. Aquí vamos —Levanto mi vaso en el aire. Lali está mirándome con grandes
ojos y las mejillas rojas.
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—Ummm. Vamos
a ver. Bien, yo nunca he ido a la Secundaria Centennial —La
gente se queja y toma un trago de su cerveza. Yo también
lo hago. Y más
importantemente, Lali también lo hace.
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—Siguiente.
Uh, déjenme pensar —Miro a Lali y actúo como si acabara de
pensar en algo, como si ella me hubiera dado la idea—.
Yo nunca he sido voluntario
antes.
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Maria hace
un gran espectáculo bebiendo, y también lo hacen otras personas.
Apuesto a que ellos nunca han sido voluntarios ni un día
en su vida. Pero la chica con
el vestido rojo lo ha hecho, lo cual es el por qué
coloca el vaso rojo en su boca.
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Lali sonríe y niega con la cabeza como si yo estuviera coqueteando. Las cejas
de Maria se fruncen, y le susurra a la chica parada
cerca de ella.
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Decido
dejarlo pasar por un par de veces, o Lali sabrá que estoy dirigiéndolo
a propósito hacia ella.
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—Yo nunca he
estado en una pelea a puños —Tomo un gran trago de mi cerveza
y veo como varios chicos, y algunas chicas, se unen a
mí.
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Una más libre y de vuelta a la Operación Emborrachar a
Lali.
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—Yo nunca he tenido un rollo de una noche.
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La gente se
ríe y bebe, mis ojos casi explotan fuera de mi cráneo cuando veo a la
Señorita Lali Esposito tomar un trago.
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—Fin del
juego. Gracias por jugar —Salto del banco y me inclino cerca de
Lali—. ¿Has tenido un rollo de una noche?
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Todo su rostro cambia de color. Maldita sea, acabo de atraparte.
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—Fue el verano pasado. No fue gran cosa.
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—¿Quién era? —No es que me importe.
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Se encoge de hombros.
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—Sólo un chico que conocí. Estaba alojado en el mismo
hotel que la abuela y yo.
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Me pongo
derecho y paso la lengua por mis dientes. ¿Lali metiéndose con
algún chico al azar en la playa? Quién lo hubiera
pensado.
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—¿Hiciste un hábito de pasar la noche con extraños?
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—Nosotros no
pasamos la noche. Sólo nos besamos y
esas cosas. No es que sea
asunto tuyo —Lali se vuelve y baja por las escaleras
de la terraza hacia el claro.
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Corro tras
ella, preguntándome si se da cuenta de que “besar y esas cosas” no
clasifican realmente como rollo de una noche.
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—¿No es asunto mío?
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Niega con la cabeza.
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Eso es todo.
Ella oficialmente está sintiendo el alcohol. Y santa mierda, está
dirigiéndose al barril de nuevo.
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—¿Quieres otra?
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—Sí. La
cerveza es asquerosa, pero es buena para mi cerebro. Me gusta la forma
en cómo se esfuma allí.
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¿Buena para mi cerebro? La
parte coleccionista de mí le arrebata su vaso y
bombea más líquido amarillo espumoso. Pero la otra parte
de mí, la parte humana,
siente una profunda punzada en mis entrañas. Ella está
emborrachándose por mi
culpa. Este hecho es noventa y cinco por ciento
agradable, y cinco por ciento... algo
más. No puedo pensar en la parte de algo más.
Especialmente desde que Lali está
medio caminando, medio tambaleándose hacia un tipo quien
estoy seguro de que la
rechazara.
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—Hola allí, hombre de fútbol —la escucho diciendo.
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Santos cielos.
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Troto tras ella y la agarro por los hombros.
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—Ahí estás Lali. ¿Por qué no volvemos a la terraza y
pasamos el rato?
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—Peter, para
—Se aleja de mí y sonríe hacia el chico despeinado que es tres
veces de su tamaño—. Quiero hablar con ese chico.
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La cara del muchacho se ilumina, y mira a sus amigos. Juntos, se ríen como si fueran
una sola persona, ya que son de la misma clase. Lali no se da cuenta que se están
riendo de ella. Sólo se ríe con ellos y le hace
dulcemente el amor a su vaso de cerveza.
Tengo que frenarla antes de que se convierta en “esa
chica”.
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—Oye, ¿por
qué no te consigo algo mezclado? Apuesto a que hay buenas cosas en
la casa.
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Lo que quiero
decir con esto es: Apuesto a que hay
Coca-Cola en la casa, y tú no
tendrás ni idea de que está sin alcohol.
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—He cambiado
de opinión —dice—. La cerveza sabe cómo pepitas de oro y
gatitos bebé. Lo cual es exactamente el por qué prefiero
otra —Lali le da un vuelco
a su vaso. Me gustaría decir que la cerveza se derramo
en el suelo. Pero no lo hace.
Porque Lali ya se la ha acabado. En, cómo, dos
segundo.
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Esto se está
poniendo ridículo. Si sigue así, estará desmayada dentro de una
hora, y desmayada puede tender a refrenarse de pecar.
Necesito una distracción, algo
que aleje su mente de beber.
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Maria está a unos pocos metros de distancia, y tengo
una idea.
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—Oye, Maria —grito—. Buen rato —Levanto mi vaso, y ella sonríe con un lado
de su boca—. ¿Qué hay sobre otro juego? Tal vez uno
sobrio, así los pesos ligeros
pueden jugar.
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Ella mira a sus amigas, y su media sonrisa se ensancha.
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—Sí, tengo un juego que podemos jugar —dice—. Pero sólo porque tú lo pediste.
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Capitulo 11 chicas... Espero lo disfruten, Fuerza a chile,peru y ecuador que por lo que pude ver y leer estan en peligro de tsunami..

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