Capitulo 15
Me levanto de la cama y coloco las manos sobre mi
cabeza, entrelazando los
dedos. Luego sacudo mis brazos y me siento otra vez.
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—¿Qué pasa?
—Su voz está llena de preocupación, y sólo me hace sentir peor
por las mentiras que le he dicho. Esto es exactamente el
por qué odio hacer las cosas
personales.
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—Lo que quiero decir es que no he sido honesto sobre
quién soy —le digo.
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Se inclina hacia atrás. Es apenas perceptible, pero lo
noto igual.
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—Bueno, esto parece bastante fácil. Sólo dime la verdad.
¿Quién eres?
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Soy
un coleccionista enviado del infierno para manipularte a pecar hasta que
pueda coleccionar tu alma.
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Esta no parece la mejor forma de empezar. Así que en su
lugar, digo:
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—No vine a Peachville porque mi mamá tiene un nuevo
trabajo. Vine por ti.
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Traga.
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—¿Qué quieres decir con que viniste por mí?
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Para aparentar que me importa, cubro su mano con la mía.
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—Mi mamá no
vive bajando la carretera. Yo no vivo bajando la carretera. Me
estoy quedando en el Hotel Wink cerca de la plaza.
—Aprieto sus dedos—. Lali, mi
trabajo era encontrarte.
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Libera sus dedos.
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—¿Por qué?
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No sé qué decir a continuación, así que decido soltar
esa parte.
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—Trabajo como un Coleccionista.
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—¿Cómo un coleccionista de cosas?
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—No, Lali.
—Trueno los nudillos. Aquí va—. Trabajo como un Coleccionista
de almas.
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Empieza a reírse y se pone de pie, inclinándose sobre su
cadera buena.
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—Dios mío,
Peter. Son las jodidas tres de la mañana. Si querías burlarte de mí,
¿por qué no lo hiciste en la fiesta?
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—Te estoy diciendo la verdad.
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—No, estás siendo un idiota. Y quiero que te vayas.
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—Lali,
escucha. —Me acerco y agarro sus codos—. Soy un Coleccionista. Mi
trabajo es colocar sellos en las almas de las personas.
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—¿Por qué me estás hablando como si fuera una idiota?
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—No creo que seas una idiota —digo—. Lo juro soy…
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—De acuerdo,
está bien. Digamos que eres un Coleccionista de almas —dice en
tono burlón—. ¿Cómo conseguiste el trabajo?
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—Fui considerado el mejor para el puesto.
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—¿Por quién?
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—Por Dios.
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No sé por
qué digo eso. Quizás porque realmente no puedo decirle quien en me
emplea. Pero ahora que lo he dicho en voz alta, me doy
cuenta que la idea es brillante.
Si puedo convencerla que trabajo para el Gran Hombre,
quizá pueda acceder al
contrato. No es como si hubiera una letra pequeña o algo
especificando dónde va su
alma.
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—¿Por Dios? —Entrecierra los ojos—. ¿Y por qué Dios
quiere mi alma?
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—Porque es
pura. —Aunque estoy mintiendo, de alguna forma esta parte se
siente verdadera.
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—¿Tienes algún tipo de prueba de que trabajas para Dios?
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—No, no la
tengo, pero… —Me detengo. Espera un segundo. Diablos, sí, tengo
una prueba—. Bien, voy a hacer algo, y tienes que prometer
no gritar o hacer algo
escandaloso. ¿De acuerdo?
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Parece insegura, pero asiente de todos modos.
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Presiono mis
labios y tiro de mi sombra, dejándola aparentemente sola en la
habitación.
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Lali se
tambalea hacia atrás y choca con su tocador. Una docena de figuritas
de cristal suenan.
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—¿Peter? —dice, su voz temblando—. ¿A dónde fuiste?
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Remuevo mi sombra y reaparezco.
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Sus manos vuelan hasta su boca.
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—Acabas de desaparecer —dice a través de sus dedos.
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—La palabra
—digo—, es llamada sombra. Todos los coleccionistas pueden
hacerlo con uno de estos chicos malos. —Me agacho y subo
mis pantalones, señalando
a mi brazalete dorado, mi talón de Aquiles—. La razón
por la que nunca uso
pantalones cortos.
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—¿Qué. Es. Eso? —Pasa sus manos sobre el liso metal.
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—Es mi
brazalete. Me permite coleccionar almas, usar la sombra, y caminar por
la tierra después de la muerte.
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Sus ojos se vuelven enormes.
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—¿Después de la muerte? ¿Estás tratando de decirme que
estás muerto?
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—Sí. Y el
brazalete me mantiene vivo. Honestamente, Lali, ¿luzco como el tipo
de chico que lleva esto por diversión?
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—No. Pero
tampoco luces muerto. —Muerde su labio, pensando—. Si estás
muerto… ¿cómo moriste?
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Cada músculo
de mi cuerpo parece doler al mismo tiempo. Aunque esta es una
pregunta razonable, no estoy preparado para ella. Mi
garganta parece increíblemente
seca, y no estoy seguro de poder responder. Ha sido
tanto tiempo desde que me
permití a mí mismo pensar en esa noche.
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Lali debe ver el dolor en mi rostro porque dice:
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—Oh, Dios mío. Estás siendo completamente sincero. De
verdad estás muerto.
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Mi mirada cae
al suelo. No puedo encontrar su mirada. No quiero que sepa esto
de mí. Pero por alguna razón, las palabras salen:
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—Sí. Fue en un accidente de auto.
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Envuelve sus
brazos alrededor de mi cintura y me abraza. Entierro mi rostro en
su cabello y aprieto los ojos.
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—Mi papá
quería ir a la tienda a comprar, de todas las cosas, una mezcla para
brownies. Me rogó que fuese, dijo que necesitaba
refuerzos. —Dejo mi cabeza caer
hacia atrás—. Ese maldito ciervo sólo estaba parado en
la calle. —Es como si no
pudiera detenerme. ¡Detente!—. Él murió primero.
Yo lo vi. Vi a mi padre morir.
Después de eso, sólo me dejé ir.
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Lali se
inclina hacia atrás y levanta mi barbilla, y en ese momento, veo algo en
sus ojos que no he notado antes. Hay compasión, sí, pero
también hay algo más.
Aunque nos conocemos hace sólo tres días, parece como si
me estuviera viendo por
primera vez.
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—Oye —dice gentilmente— fue un accidente.
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Asiento.
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Sus brazos a
mí alrededor se sienten menos como un abrazo amistoso, y más
como algo completamente diferente. Contra mi pecho, sus
palabras resuenan cerca de
mi piel. La sensación envía un temblor por mi espalda,
aunque no puedo imaginar por
qué.
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—Él no sabía que pasaría eso.
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Asiento otra vez.
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—Tú y yo no
somos tan diferentes —dice, frotando una pequeña mano por mi
brazo—. Excepto que de alguna manera sobreviví.
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La
supervivencia es exactamente la razón por la que estoy aquí. Para conseguir
una segunda oportunidad en la vida sobre la tierra. Meto
la mano en mi bolsillo y toco
mi centavo, el que papá me dio en mi cumpleaños
diecisiete. El mismo que le dije no
era lo mío.
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Frotándome
el rostro, lo empujo al fondo de mi mente. Toda esta conversación
se volvió muy emocional, y tengo que detenerlo. Ambos
morimos esa noche, pero él se
fue por un camino, y yo por otro. Y ahora estoy aquí.
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—Escucha,
¿sabes cómo te dije que puedo volverte hermosa? Tengo algo para ti.
—Saco el contrato de mi bolsillo trasero y se lo
extiendo.
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—¿Qué es eso? —Lo toma y me mira expectante.
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—Bueno, como dije, soy un Coleccionista. Vine a
coleccionar tu alma.
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Se encoge, y
todas la cosas que acabo de ver en su rostro, cosas que dicen que vio
algo en mí, desaparecen.
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Trato de suavizar mi método.
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—Sé que eso suena mal, ¿pero no es ahí a dónde quieres
ir cuando mueras?
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—¿Al cielo? —pregunta.
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—Seguro.
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—Sí. Claro.
Pero no estoy lista para morir ahora. —Sus ojos se amplían con
miedo—. Hay cosas que todavía quiero hacer. ¿Y qué pasa
con mi abuela? No tiene a
nadie.
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Me veo cerca de cerrar el trato, y lo aprovecho.
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—Esa es la
mejor parte. Seguirás viviendo incluso después que tu alma sea
coleccionada. Y mientras tanto, te daremos algo que
quieras a cambio.
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—¿Cómo si te estuviera vendiendo mi alma? —pregunta.
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Sonrío y sacudo la cabeza.
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—Sí, exactamente. Es algo de ganar-ganar.
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—No lo sé. Esto se siente extraño.
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—No hay nada
porqué sentirse extraño. Piensa en ello como un regalo. De igual
manera quieres que tengamos tu alma, y estamos dispuestos
a pagar por ella.
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—Lo sé, pero es algo extraño pensar que estaré caminando
por ahí sin alma.
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Aprieto el
puente de mi nariz. Estoy tan cerca de terminar esto, puedo
saborearlo. Esto necesita acabar por el bien de mi
cordura.
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—Lali, un millón de personas matarían por esta
oportunidad.
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Cruza la habitación y se hunde en la cama.
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—Esto es mucho para procesar a las tres de la mañana.
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—Las personas
están más abiertas a las grandes ideas a las tres de la mañana —
digo—. Lali, sólo hagamos esto. Puedes ser hermosa, y
yo puedo terminar este
trabajo.
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Escucho un
extraño sonido escapar de su boca. Si no la conociera, pensaría que
fue un sonido de dolor.
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—¿Qué si no quiero cambiar? —dice en voz baja.
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—Todos
quieren cambiar. —Tomo los papeles de sus manos y los desenrollo
sobre la mesa de noche. No estoy seguro si se supone
tengo que usar un bolígrafo
mágico o algo, así que simplemente saco el que traje
conmigo del Hotel Wink y espero
funcione—. Aquí. Te conseguí un bolígrafo elegante y
todo.
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Su rostro se contorsiona en una expresión ilegible.
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—¿Me trajiste un bolígrafo?
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—Bueno, sí.
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Lo toma y lo rueda entre sus dedos.
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—¿Estabas seguro que iba a firmar esto, no es cierto?
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—No —digo—. Sólo me imaginé…
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—¿Qué estaría de acuerdo en todo lo que me pidieras?
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¡Alerta roja! ¡Alerta Roja! ¡Da marcha atrás!
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—Lali, estoy haciendo esto por tu propio bien.
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—¿Por mi
propio bien? Cómo, ¿por qué soy tan patética? —Aunque habla en voz
baja, sus palabras me afectan.
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—Eso no es lo que quise decir. Pero…
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—¿Pero?
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Juego con la hebilla de mi cinturón.
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—Pero podrías lucir tan diferente.
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—Quiero que te vayas.
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—Lali…
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—¡Vete!
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Me tambaleo hacia atrás. Nunca podría haberme imaginado
a Lali gritando. Mi
estómago se retuerce. Me acerco a ella, pero retrocede y
nivela sus hombros.
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Meto el contrato de regreso a mi bolsillo y me detengo
al lado de la ventana.
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—Lo siento,
Lali—susurro. No estoy seguro si me escuchó, y definitivamente
no estoy seguro de decirlo en serio, pero parece como lo
correcto para decir.
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Bajo por el
enrejado, camino hasta mi auto, y miro hacia su habitación. Por un
momento, realmente pensé que iba a pasar. Pero debí
saber que no sería así de fácil.
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Mientras
manejo de regreso al hotel, me doy cuenta de cuánto metí la pata en
esto. Ella sabe quién soy. No va a pecar si piensa que
trabajo para el Gran Hombre. Y el
contrato no tiene salida.
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Quizá no sea capaz de completar este trabajo.
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Y ahora en todo lo que puedo pensar es esas malditas consecuencias.
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