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jueves, 17 de abril de 2014

Capitulo 23 -The collector




Compasión

Golpeo la campanilla de plata para atraer la atención del Chico Pizza. Hay una tallada 
calabaza cerca de la campanilla, y estoy seguro de que se podría mover más rápido que 
el chico detrás del mostrador. Después de tomar una rápida ducha en mi hotel, me di 
cuenta que no solo podía comer, estaba muerto de hambre. Y tan pronto como la Persona 
Más Lenta del Mundo moviera su trasero, conseguiría nuestra pizza y la atacaría como 
una bestia salvaje.

Diez siglos después, deslizo dos cajas marrones grasosas en el asiento a mi lado y
conduzco a la casa de Lali.

Después de tocar, Candela abre puerta y me quita la pizza. Su negro cabello está
mojado, y todavía puedo ver las líneas del peine.

—¿Comiste algo? —Ella me observa sospechosamente y levanta la tapa de la caja.

—Me lo comí todo. —Entro a la sala y me dejo caer en el sofá a lado de Lali.

—Eso supuse. —Candela lleva la pizza a la cocina y vuelve con platos descartables y
servilletas apiladas encima. Ella se sienta a mi lado, haciéndome el relleno de la Oreo
entre ella y Lali.


—¿Dónde está Gaston? —pregunto.

Lali saca un pedazo de la pizza de queso de la caja.

—Arriba con la abuela. Él quería verla, dado que ella no se está sintiendo muy bien.

Mi estómago se tensa. Sé que Lali no se da cuenta de cuantos medicamentos toma
su abue y que implica eso.

—¿Qué pasa con ella? —expreso.

—Sólo tiene gripe o algo así, pero aun así me siento mal —dice Lali—. Le ofrecí
llevarle algo de pizza cuando llegara, pero ella no quería.

Bajo la mirada a mis manos, después la levanto hacia Lali.

―¿Gripe en octubre? Es un poco temprano.

Sus cejas se fruncen como si estuviera pensando en esto.

—Sí, —dice, frunciendo el ceño— supongo.

No presiono el tema. No estoy seguro de querer a Lali  distraída por la condición de
su abuela. Sea lo que sea.

—¿Qué es esta blasfemia? —dice Candela, interrumpiendo el incómodo silencio. Ella
está mirando una de las pizzas. Particularmente la mitad que reserve para mí. La que
tiene tocino canadiense.

―¿Quién puso cerdo en la pizza?

Lali se inclina, ve el tocino, y se ríe. Ella me señala.

—Ese sería el nuevito.

—Asco —dice Candela—. Eres asqueroso.

—No tan asqueroso como tu juego —digo, recostándome.

—Si quieres hablar pendejadas, viniste al lugar correcto.

Nos miramos, tratando de no reírnos, y comemosun pedazo de nuestra pizza al mismo
tiempo.


—Ustedes chicos son idiotas —dice Lali. Después sus ojos aterrizan en el hueco de
la escalera—. Gas, ¿Estás bien?

Candela y yo nos giramos hacia Gaston. Él está tratando de sonreir, tratando de
asegurarle a Lalique todo está bien. Pero la sonrisa no llega a sus ojos.

—Sí —le responde—. Solo estoy cansando de todo lo que jugué de defensa esta noche.

Buena, pienso. Haz una broma así ella no sabe cuan enferma está realmente su abue

Estoy pensando en cuan extraño es que él parece saber que pasa algo cuando Lali
no, pero después me volteo y atrapo la atención de Lali  y veo la verdad. Ella sí sabe,
me doy cuenta. Ella solo no quiere que se preocupen.

Nunca entenderé las amistades que Lali tiene. Amistades que no involucran dinero,
o sexo, o decir las cosas correctas para permanecer en el círculo. No, las amistades de
Lali son diferentes. Ella trata de proteger a su gente, y ellos a su vez la protegen.

Ellos aceptan las imperfecciones y se apoyan los unos a los otros.

Mis amigos no eran como sus amigos, lo que me hace pensar si alguna vez tuve alguno
en absoluto.

Observo a Lali reír con Candela mientras Gaston baja las escaleras. No puedo dejar
de pensar que sus amigos deben ver lo que yo veo en ella, lo que mi jefe ve. Su
inocencia, su pureza.

Este estilo de vida puro parece hacerle feliz.

Y me pregunto si ser más como ella pudo haberme hecho feliz.

Candela me pasa un plato con cuatro pedazos y mueve su cabeza señalando que lo
pase. Cambia de manos y termina en el regazo de Gaston. Él levanta la primera pieza y
destruye la mitad de un solo mordisco.

—¿Una película? —pregunta Lali.

Candela se pone de pie de un salto, corre a la cocina, y vuelve sosteniendo dos
películas. Ella las levanta.

―¿Breakfast at Tiffany’s o It’s a Wonderful Life?

Todos sollozan.

Ella las tira en la mesita y se hunde en el sofá.


—Ustedes chicos tienen mal gusto.

—¿Llevas esas cosas contigo? —pregunta Gaston.

—No son cosas, —dice— son clásicos. Y las cogí cuando me llevaste a mi casa para
cambiarme.

Lali levanta el control.

—¿TV?

—Sí —decimos juntos Gaston y yo.

—Lo siento, cariño —le dice Lali a Cande—. Las veré contigo este fin de
semana si quieres.

—Meh —murmura Cande.

Lali enciende la TV, y terminamos viendo una repetición de los MTV Movie Awards.
Unos minutos después mirando el show, mi curiosidad ataca. Miro a Candela,
después a Gaston.

Me pregunto.

Realmente nunca me ha importado antes, no tengo el hábito de echar un vistazo a
menos que esté asignando sellos, pero simplemente no puedo detenerme.

A la vez, las luces de sus almas se encienden. Por la vista de ellas, Gaston y Candela
están viviendo vidas aburridas e higiénicas, aunque la última no es tan limpia como la
anterior. Que pérdida de tiempo.

Una hora después, Cande y Gaston se levantan para irse. Me quedo detrás, y Gaston no
está feliz por ello.

—¿No vienes? —me pregunta.

—Nah, voy a quedarme un rato.

Él mira a Lali, después a mí. Sus brazos caen flácidos a sus costados, y puedo decir
que está herido. Supongo que él pensó que después de la fiesta, ella y yo ya no
saldríamos solos. Pero él está equivocado. Solo estamos empezando.
Los dos se alejan en el carro de Gaston, Scrappy, y me volteo para mirar a Lali.


—¿Quieres relajarte en tu cuarto por un rato?

Ella sonríe y asiente, y la sigo escaleras arriba.

Jugar basquetbol fue divertido, pero ahora es tiempo de trabajar. Tengo que
convencer a Lali de moverse más rápido en sus peticiones y finalmente cumplir
con el contrato. Más acción, menos ideas, ese debería ser mi mantra. Nos metemos en
su cuarto, y ella suavemente cierra la puerta detrás de nosotros. Me siento en su cama.

—Lali, ¿Has pensando en…?

—Estoy lista para hacer más —interrumpe ella.

—¿Qué? —pregunto—. Quiero decir, ¿Lo estás?

Ella se encoje de hombros y asiente.

Froto mis manos.

—Sí, de eso hablo. ¿Entonces qué vas a hacer?

Ella levanta una figura de cristal y se apoya en su tocador.

—Redoble de tambor.

Imito un tamborileo y sonríe.

—Quiero dejar los lentes. —Ella se los saca y los sostiene—. Prueba A.

—Está bien, sí―digo. Aunque me estoy preguntando porqué esto necesita de un
contrato de alma. ¿Simplemente no puede someterse al LASIK15? ¿O usar lentes de
contacto? Pero supongo que si la abuela no puede pagarle un auto a Lali, ella
probablemente no puede comprarle esas cosas, tampoco. Aun así, mirando a Lali,
no estoy seguro de por qué necesita dejar los lentes. No están tan mal. Son en cierto
modo adecuados, en realidad. Sólo necesita arreglarlos, tal vez conseguir una montura
Versace. Después podría ser Lali con estilo. En lugar de Lali siendo alguien que
no es.

Pero no es mi trabajo cuestionar esto.

Es presionarla.


Más acción, menos ideas.

Lali baja su figurita y lentes al tocador.

—¿Cómo debería hacerlo?

Me cruzo de brazos.

—Supongo que de la misma manera en que lo hiciste anoche.

—¿Qué hice?

—Bueno, —digo, pensando— primero lo dijiste en voz alta. Después empezaste a
hacer una lista de razones porqué querías que pasara. Entonces tal vez deberías solo
intentar eso de nuevo.

Ella se ríe un poco.

—Apenas puedo verte.

—Luzco realmente ardiente ahora.

Ella se ríe más fuerte y amarra su cabello en una coleta, como si esto fuera a ayudar a
la magia o lo que sea.

Sus labios se separan, y mi corazón late tan fuerte, que no puedo soportarlo.

—Quiero tener ojos hermosos y perfectos —dice ella.

Quiero detenerla y sugerirle que mejor especifique una visión de 20/20, pero ella se
lanza hacia adelante.

—Siempre he querido usar la máscara más oscura y comprar uno de esos kits con un
billón de sombras de ojo. ¿Pero cuál es el punto con estos? —Ella señala los lentes en
su tocador—. Es como si, sin importar lo que use, aun así me siento poco arreglada.
¡Oh! Y quiero hacer esa cosa donde bato mis pestañas cuanto un chico flirtea conmigo.

¿Cuándo? ¿Cuándo un chico flirtea conmigo?

—Quiero que la gente note el color de mis ojos por una vez. — Me mira y dice en voz
baja—. Apuesto que no sabes de qué color son, ¿verdad?


Me alegra que no pueda ver mi cara, o ella sabría la respuesta. Inspecciono su cabello
rubio y piel clara.

—Eh chocolates.

Ella tira del lóbulo de su oreja y sonríe.

—Solo adivinaste. Pero está bien. —Ella pone sus manos en las caderas y dice de
nuevo—. Quiero ojos hermosos y perfectos.

Ella cierra sus ojos y respira regularmente. Sus manos caen a sus costados, y ella las
aprieta en puños, como si pretendiera hacer que esto pase. Ella toma una última y
larga respiración y abre sus ojos.

Después corre a la cama y brinca. Ella salta de arriba abajo sobre el colchón. Arriba
abajo. Arriba abajo.

—¡Puedo ver! ¡Puedo ver totalmente! —dice medio susurrando medio gritando así su
abuela no se despierta.

—Oh, Dios mío —ella deja de saltar—. Realmente funcionó.

Camino a su tocador y agarro sus lentes. Después abro la ventana y pretendo botarlos.
Ella se baja de la cama de un salto, corre a través del cuarto, me los arrebata, y los tira
por la ventana.

—¡Lali! —digo, riéndome—. En realidad los tiraste por la ventana.

—Oh, ¿Viste eso? —Ella levanta dos dedos y señala sus ojos—. ¡Loco, yo también!

Ella está parada tan cerca, y es como si pudiera saborear la emoción saliendo de ella.
Lali mira afuera, después a mí. Sus ojos son como el color del chocolate fino

Están muy abiertos, y no puedo evitar sino… sino…

Lentamente me estiro y paso mis pulgares sobre sus ojos. Ellos se cierran bajo mi
toque. Ella no los abre cuando me alejo. Ella solo se para ahí, su pecho elevándose y
bajando.

En un instante, la luz de su alma se enciende. Casi me había olvidado del sello, pero
aparentemente el contrato no omite nada. Desde lo profundo en mi pecho, un sello

rojo aparece y flota hacia ella. Se pega a su luz, aferrándose ahí. Al ver lo que he hecho,
aprieto mis manos.

—Buenas noches, Lali—digo gentilmente.

Ella sonríe, sus ojos todavía cerrados y asiente.

Me voy y cierro la puerta detrás de mí. Afuera de su cuarto, meto mi mano en mi
bolsillo hasta que mis dedos encuentran el frío centavo. Trato y me concentro en la
borrosa Libertad presionada en un lado de la monada.

Después bajo la mirada a donde sé que está mi brazalete, y por un pequeño momento ,
estoy enojado al saber de dónde vino , por como el Jefe hizo estas cosas. Me pregunto
que pensaría Lali si supiera lo que sé.

Lo que nunca podré decirle.

Cierro mis ojos.

Esta es una tarea. Ella es una tarea.

La escucha al otro lado de la puerta, moviéndose por el cuarto. Ella probablemente
está metiéndose en la cama. De repente me imagino lo que está usando —si es esa
misma cosita roja de seda— y si ella ya está bajo las sábanas. Apuesto que incluso es
más angelical mientras duerme. La sangre quema en mis venas. Y en la boca de mi
estómago, una mezcla de ira y culpa me provoca náuseas.

Porque no importa. Al final, no importa lo que piense sobre la chica durmiendo en esa
cama, no renunciaré a mi promoción. No volveré al infierno.

No escogeré su vida sobre la mía.

El peldaño superior cruje cuando lo piso, pero algo me detiene. La puerta de la abuela
está medio abierta, y puedo escucharla expectorando un pulmón. Un escalofrío se
dispara por mi columna, y en todo lo que puedo pensar es, Demasiado asqueroso.

Bajo dos peldaños más, después la escucho toser de nuevo. La abuela tose tan fuerte y
por tan tiempo que estoy seguro que es el último sonido que hará. Después se detiene
y jadea por aire. Cierro mis ojos, tomo aire, y me dirijo a su puerta. Se abre totalmente
bajo mi mano, y observo a la Abuela acostada en una cama de tamaño matrimonial.
Hay una ventana cerca de ella, y la luna hace sombras sobre su colcha de seda
purpura.


Doy unos pocos pasos dentro del cuarto y me detengo cuando ella se voltea. Ella no
parece sorprendida de verme. Como si supiera que he estado aquí todo este tiempo.

La Abuela abre su boca y tose de nuevo, y lucho con la urgencia de salir huyendo.
Sobre su mesita de noche, fuera de su alcance, hay un vaso de agua. Cruzo el cuarto,
pongo un dedo en el vaso, y lo deslizo hacia ella.

Después sí salgo huyendo.

Sacudo todo mi cuerpo y giro mi cabeza rápido como un boxeador, tratando de
deshacerme de los escalofríos.

―Peter―carraspea la Abuela.

Me congelo.

—Gracias —termina ella.

La más pequeña sonrisa toca mis labios, y desciendo las escaleras y me voy.

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