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Cada músculo de mi cuerpo se tensa, me levanto disparado
de mi asiento.
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—¿Señor Lanzani? —pregunta la profesora.
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La miro,
después de nuevo a la televisión. Mi instinto me dice que vaya al cuarto
de periodismo. Ahora.
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—Señor Lanzani—dice la profesora con más énfasis—.
¿Sucede algo?
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Observo
mientras Lali revuelve unos papeles frente a ella. Está sonriendo,
pero las comisuras de su boca tiemblan.
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—Amigo,
estás bloqueando mi vista. —Me doy la vuelta y veo a un chico con
cabello grasoso masticando Doritos. Sus ojos están
vidriosos, obviamente ha estado
escondiendo algo de marihuana medicinal. Se ríe, y sus
ojos inyectados de sangre se
entrecierran—. Amigo, ¿qué pasa contigo?
—Se ríe de nuevo.
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Agarro el
libro abierto de mi escritorio y me muevo para irme. Pero la voz de
Lali me detiene.
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—Hola, y
buenas tardes. Estoy reportando en vivo desde la prestigiosa oficina de
periodismo del Centennial. —Acentúa la palabra prestigiosa, y
las personas en la clase
se ríen. Vi la habitación en la que se encuentra con mis
propios ojos.
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Lali Esposito realmente hizo una broma.
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—¡Amigo! —dice el chico drogata.
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Le echo un vistazo de nuevo, después me hundo en mi
asiento.
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Lali sonríe a la cámara, y su voz se vuelve más
aguda.
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—Tenemos
mucho esta semana, así que agarren sus cuadernos, sus bolígrafos, y
prepárense para desperdiciar diez minutos de clase.
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Alguien grita
de alegría a mi lado, y tengo que llevar mi puño a mi boca para
cubrir la enorme sonrisa que tengo. ¡Ya lo tienes, nena!
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Por los
siguientes minutos, Lali enumera los inminentes partidos de fútbol,
las reuniones del consejo estudiantil, y algo sobre los
horarios del autobús, todo con
una dosis de humor y encanto.
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Sigo mirando
alrededor para ver si todos ven lo que yo veo. Esta no es la misma
chica que conozco desde hace cuatro días. Es segura.
Elocuente. Ella… no es Lali.
Entrecierro los ojos y me inclino hacia adelante. Noto
que está mirando algo a su
izquierda.
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Ah, un apuntador. Eso lo explica todo.
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Lali pone
la última hoja de papel a su derecha, señalando que ha terminado
con la emisión.
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—¡Terminaré
con la parte más emocionante de la emisión de hoy, el baile de
Halloween!
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Más gritos de alegría en el salón.
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—Como saben,
será en el gimnasio. Estaremos vendiendo los boletos durante el
almuerzo toda la semana. Así que no se olviden de
comprar los suyos, o se quedarán
sin cita como yo. —Se detiene. Su sonrisa flaquea, pero
se recupera rápidamente—.
Me gustaría saber… sólo los feos perdedores… —Deja de
leer el apuntador. Entonces
mira directamente a la cámara y se congela.
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Las personas en el salón se ríen nerviosamente.
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Maria. Ella
interfirió con el apuntador. Debí haberlo sabido. ¡Debí haberlo
sabido!
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Me levanto de mi escritorio y corro hacia la puerta.
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Detrás de
mí, escucho a la profesora gritando mi nombre, pero no hay nada que
pueda detenerme esta vez. Mis zapatillas suenan contra
el piso mientras corro por el
pasillo, a la cafetería, y por otro corredor más largo.
Estoy dirigiéndome al cuarto de
periodismo, pero me detengo repentinamente cuando
escucho el sonido de pasos
rápidos viniendo del baño más cercano. De alguna manera
sé que es ella.
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El baño no
tiene una puerta común, sino una que gira rápidamente así no puedes
ver dentro. Ni siquiera me molesto en revisar si alguien
está mirando. Sólo entro
medio camino, golpeo la pared, y digo:
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—¿Lali? ¿Estás aquí?
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Los pasos se detienen brevemente
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Sip. Tiene que ser ella.
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Entro por completo y la encuentro
caminando de un lado al otro frente a los
baños. Me está dando la espalda cuando dice:
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—Puedes irte,
Peter. Estoy bien. —Pero después se da la vuelta para caminar en
dirección opuesta y veo la verdad. Su cara está rosa y
enrojecida, y sus ojos contienen
mucho dolor, y retuercen algo en mi pecho.
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Mis manos se
abren y cierran, y mi respiración se vuelve más fuerte y rápida.
¿Con quién creen que se están metiendo? Esta chica me ha
sido asignada. El Jefe quiere
su alma, lo que significa que cualquiera metiéndose con
ella se está metiendo conmigo.
Y están a punto de averiguar lo que significa eso.
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Me separo abruptamente de Lali y salgo enfurecido al
pasillo.
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—Peter—dice ella. Su voz se vuelve urgente—. Peter, no.
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Me muevo por el pasillo, ganando velocidad, imparable.
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Mientras giro
en la esquina, veo a Maria y unos de sus chicos-juguetes riéndose.
Están divirtiéndose mucho burlándose de mi chica. El
chico me ve, y su boca se
levanta en un lado.
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—Oh, ahí viene el novio. ¿Viste nuestro show, novio?
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No me
detengo. Sigo moviéndome. En un segundo, el estúpido está parado, y al
siguiere mi puño golpea su mandíbula. Cae al suelo con
un ruido sordo. Salto sobre su
pecho y lanzo mi puño una y otra vez a su cara. Soy un
tipo grande, no hay duda en
eso, pero lo que es más, soy un maldito demonio. Y
ahora este chico sabe lo que
significa enojar a uno. Cuando sus ojos se ponen en
blanco, me levanto y limpio la
sangre de mis nudillos.
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Entonces miro a Maria.
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El miedo se
desata en sus ojos. Me acerco a ella lentamente. Retrocede hasta que
su espalda golpea los casilleros.
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—Peter, yo…
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Cubro su boca con mi mano.
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—Cállate.
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Estoy tan
cerca que prácticamente puedo sentir como late su corazón. La mano
que no está cubriendo su boca se mueve rápidamente, y la
luz de su alma se enciente.
Justo como esperaba, está cubierta con sellos de
pecados. Lo que no esperaba son los
brillantes sellos rosas. ¿Qué diablos? ¿Lali hizo esto?
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Ahora mismo,
no me importa. Todo lo que me importa es darle a esta chica su
merecido. Usualmente, el tamaño del sello que puedo
asignar es en base al pecado.
Pero esta vez, sólo esta vez, voy tomarme un poco de
libertad.
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Cierro los
ojos y tiro tanto de mi centro como puedo, después suelto. Un sello del
tamaño de Canadá se pega a la luz de su alma. Y oh,
dulce piedad, puedo decir que
Lali lo siente. De verdad siente que
acabo de quitarle algo sagrado.
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Mi boca se curva en una sonrisa.
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—Zas, perra.

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