Páginas

jueves, 17 de abril de 2014

Capitulo 22 -The collector



Hola chicas, primero que todos buenos días, Comenzare la maratón temprano porque tengo un compromiso por la tarde subiré 6 capitulo, Las fotos no tienen nada que ver con el capitulo, es solo que como ahora no tengo muchas fotos porque se me borraron todas, coloco cualquiera, Espero que comente me conformaría con un solo comentario. :D
-----------------------------------------------------------------------------------------
Baloncesto o Busto.

Cuando Lali y yo llegamos a Rec, Gaston y Candela ya se encontraban en la cancha. 
Estaba sorprendido de ver que no había nadie más esperando  para jugar. Supongo
que los ciudadanos de Peachville no tenían grandes aptitudes físicas. Lo que me hace
preguntar en que estarán metidos, diría que la crianza de ganado. O de cerdos. Algo
verdaderamente intelectual como eso.
     
Candela está intentando girar el balón en la punta de su dedo y haciendo un
trabajo bastante impresionante. Lo gira varias veces antes de voltearlo y golpearlo
contra el suelo. Después lo persigue y se percata de nosotros caminando en su
dirección.

—¡Eh, eh! —dice—. Mira quien apareció. ¿Listo para que pateen tu trasero?
      
Ella está diciendo estupideces, y me encanta eso. En mi opinión, todo es parte de
la experiencia. Jugar limpio no es mi estilo.
     
Me lanza el balón y lo atrapo con una mano. El baloncesto es uno de los muchos
deportes donde tener las manos grandes ayuda. Tomé el balón, lo dribleo detrás de mi
espalda, luego lo llevo para una cesta de dos puntos.

Candela ríe.


—Oh, así que piensas que estás caliente, ¿verdad?

—Chica, tengo ritmo para muchos días.
      
Lali aplaude como si estuviera disfrutando esto y se sienta en el suelo cerca
de la pared. Luego procede a enroscar y desenroscar su brillante cabello nuevo como
si no pudiera estar más feliz.

—¿Cómo juegan chicos? —pregunto—. ¿Uno a uno?
     
—Sí —responde Candela—. Gas y yo jugaremos primero, entonces tú jugaras
con el ganador. Jugamos a quince. ¿Bien?
     
—Funciona para mí —Camino hacia donde Lali  está sentada y me apoyo
contra la pared.
     
Candela toma el balón en la línea de los tres puntos, y Gas se encuentra
parado a unos pasos de distancia, listo para vigilarla.
     
Ella sonríe a su oponente, lo engaña por la izquierda, y hace una línea recta hacia
la canasta. El balón golpea contra el piso mientras ella driblea. Luego se levanta
suavemente en el aire, y este traquetea a través de la red. Ella alza sus brazos y grita.
Sostiene un dedo y le dice a Gaston.

—Ese es uno, tonto.
    
Candela lanza el balón hacia Gaston, y él lo toma en la cima del tiro. Me
estremezco al pensar de cuan brutal será su juego, pero antes de que pueda
 imaginar sus golpes fundamentales, alza el balón por encima de su cabeza y 
lo lanza calmadamente en el aire.

Y no golpea nada más que la red.

Desde casi seis metros.

¡Maldición!

Candela se mofa.

—Nunca vi eso venir.
      
Por los siguientes minutos, veo el juego desarrollarse. No tomó mucho para
identificar sus fortalezas. Candela es una maestra dentro del juego, y Gaston tiene una 
precisión milimétrica en triples. Es claro que Gastonentiende mejor los fundamentos,
pero está perdiendo terreno porque le falta agresividad.


A pesar de que tiene miedo de desempeñar todas sus habilidades, se las arregla
para ganar el juego por un par de puntos. Candela lo acusa de hacer trampa y se
desploma al lado de Lali.

Ella me mira y ondea suavemente su mano hacia la cancha.

—Tu turno, chico grande. Perdón por no haber sido la única en aplastarte.
     
Me levanto, deseoso de mostrar de lo que estoy hecho. Ha sido un largo tiempo
desde que le había dado a mis deportivos rojos un entrenamiento.

Gaston no me miró a los ojos. Me lanza la pelota como para decir: Sácala.
      
Agarro el balón, rodeo a Gaston con un movimiento, y su guardia no tiene ninguna
resistencia. Es como si ni siquiera estuviera intentado detenerme. Cuando él consigue
la pelota, inmediatamente tira, y esta se agita otra vez.

El chico tiene un buen toque.
      
Déjà vu… saco el balón, lo dirijo al agujero, y su guardia esta como si nada. Gaston
toma la pelota, pero esta vez llego por encima de él, con la mano en su cara. Estoy
decidido a tomar la cesta. En su lugar, intenta lanzar otro tiro de suspensión. Salto
directamente por encima y le doy un golpazo.

—Saquen a esta basura fuera de aquí —grito mientras recupero la pelota.
     
Por encima de mi hombro veo apretada la mandíbula de Gaston. Bien, tal vez ese
bloqueo consiguió encenderlo.

Tomo el balón para otra canasta sin defensa, luego me giro hacia Gaston.

—¿Qué demonios estás haciendo? ¿Por qué no estás jugando?

—Estoy jugando —murmura.
      
—No. No, lo estás —Camino hacia él—. ¿Por qué no me estas marcando? ¿De que
estas asustado?

Gaston  muerde una esquina de su labio y su rostro se enrojece. Está molesto.


—Obviamente tienes impresionantes habilidades de tiro, así que ¿por qué no
juegas con un poco de defensa? —Empujo la pelota contra su pecho—. Deja de ser tan
cobarde.
      
Gaston se alinea para otro tiro desde la cima de la canasta, así que arremeto por
ella, pensando en que no puedo creer lo predecible que es él. Pero luego se gira,
volteándose hacia la izquierda y lleva el balón directamente hacia la maldita canasta.

—Maldición, hijo —digo.
      
Rio, y sorprendentemente, él lo hace. Gaston y yo tenemos una extraña relación, si
incluso puede llamarse eso. En la superficie, odio que él se interponga en el camino de
mi asignación, y Gaston no puede soportar la cantidad de tiempo que paso con Lali.

Pero si Lali estuviera fuera de la ecuación, casi sentiría como si tal vez pudiéramos
—y quiero decir tal vez—ser amigos. Pero como están las cosas, nunca pasara.
    
Por el resto del partido, Gaston libera su agresividad interior, y su juego mejora
dramáticamente. Una que otra vez, robo la pelota o bloqueo su disparo. Y unas pocas
veces me hace lo mismo. Al final, yo gano. Pero no por mucho. Y solo puedo imaginar
lo que unas cuantas semanas más de esto podrían hacer por su juego.
      
Lali sonríe desde la pared mientras nosotros nos acercamos a ella. Su rostro
está iluminado, como si esto fuera lo más divertido que había tenido en años. Me
pregunta desde cuando no juega basquetbol, o algo por ese estilo. Probablemente no
desde antes del incendio… desde que era una niña pequeña. Mi corazón palpita.

—¿Lali, sabes qué? Es tu turno. Ven aquí, chica.

—¿Qué? No —ella se ríe—. Gracias, pero yo paso.
      
Me está rechazando porque tiene miedo. Porque esta tan acostumbrada a decir
no, que no puede imaginar decir sí.

Así que no le doy opción.
     
Lanzo a la minúscula chica sobre mi hombro y escucho sus gritos mientras la
llevo a la línea de tiro libre. Agarro la pelota de baloncesto y la pongo en sus manos.

—Dispara una vez, y te dejaré ir.

Mira por encima hacia Gaston y Candela, luego de vuelta a mí.

—No puedo.


—Tonterías.

Intenta pasarme cojeando, pero me muevo para ponerme en su camino.

—Solo dispara, Lali. No es gran cosa.

Ella suelta el balón.

—No quiero.

Gaston hace un movimiento para salir de la cancha, pero Candela  lo detiene.
Recojo la pelota y la pongo de vuelta en sus manos.
     
—Claro que sí. Todos quieren jugar. Solo están asustados de parecer estúpidos
—aparto el rico cabello rubio de sus ojos—. Pero, ¿sabes que es estúpido? No
intentarlo. Así que solo… inténtalo.

Rueda sus ojos.

—¿Vas a dejarme en paz si lanzo una vez?

—Sí. Te dejare en paz si lo lanzas una vez.

Su boca se rompe en una sonrisa.

Ahí está.
      
Lali rebotó la pelota un par de veces, e hizo la cosa más patética que había
visto. Apenas se apoya en su cintura.

—Solo lanzarlo, ¿eh? —pregunta, mirándome.

Asiento y doy un paso atrás.

Mira al borde, toma una profunda inhalación, levanta el balón, y dispara.

Es el peor tiro del mundo. El peor. Pero me hace estar tan malditamente
orgulloso que podía gritar.

—¿Te sentiste como una idiota? —pregunto.

—Sí —dice en medio de una risa.

—Sin embargo, no esta tan mal, ¿eh?


Sacude su cabeza, y hago un gesto hacía sus amigos, como si ella fuera libre de
irse.

—Dame el maldito balón —dice, empujando los lentes más arriba en su nariz.

Alzo una ceja, y la sonrisa en mi cara es tan enorme que en realidad lastima.
Le tiendo la pelota. Tira de nuevo, y esta vez casi se acerca. Al último segundo, se
tropieza hacía su cadera débil, y la sostengo hasta que está firme sobre sus pies.
Definitivamente no estoy notando cuanto me gusta su suave pecho contra el mío.

—¿Lo tienes? —pregunto.

—Pelota —demanda.

—Demonios que sí —digo muy alto.

Corro tras el balón y se lo extiendo.
     
Lali toma seis tiros más, fallando cada vez. Comienza a inclinarse hacia la derecha 
antes de lanzar, compensando su cadera lesionada.

Rebota la pelota tres veces y fija sus ojos en la canasta.

Vamos, chica.
    
 Prácticamente puedo escuchar a Gaston y Candela contener su respiración, y mi
corazón está golpeteando duro, puedo sentirlo en mis manos. Es ridículo como mi
cuerpo está reaccionando.

Lali , lamiéndose los labios, alza el balón… y tira.

¡Cesta!

Todos nos quedamos paralizados y ella se voltea.

—Pan comido —dice.
     
 Gaston corre dentro de la cancha y la jala en un abrazo. Supongo que también su
confianza dentro la cancha se le contagia fuera de esta. Mi boca forma una línea
apretada, sin embargo no tengo idea de por qué.

—Si eso no amerita una pizza, —dice Candela— no sé lo que lo haga.


—¡Pizza! —grita Lali.
     
—¿No comiste antes de que te recogiera? —pregunto—. Te hubiera llevado a
algún lugar.

Los ojos de Gaston se estrecharon. Supongo que nuestro tiempo de unión termino.
      
—Sí lo hice —responde. No dice nada más, como si no estuviera segura de lo que
eso tenía que ver. La verdad sea dicha, también podía comer de nuevo.
      
—¿Quieren ir a mi casa? —Lali nos mira y tengo esta extraña sensación de
flotar por ser incluido tan fácilmente. Como que los cuatro éramos un grupo ahora.

Candela alza su brazo.
—Dentro.

Gaston asiente.

Ellos me miran.

—Sí, genial —dije.

Intente ocultar mi sonrisa.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario