|
Por un momento, me quedo mirándola. Estoy como, sin
palabras. Nunca pensé
que oiría esas palabras, estoy lista. Pero Lali había tenido un duro g|olpe el último par de días, ¿y qué dijo Nico ayer
por la noche?
|
|
La gente cambia cuando pasa algo jodido.
|
|
—¿Peter? —pregunta—. ¿Todavía tiene esa cosa del
contrato?
|
|
Asiento.
|
|
—¿Puedes explicarme cómo funciona otra vez? Esta vez voy
a escuchar.
|
|
Mis cejas se levantan, y asiento otra vez.
|
|
—¿Esta aquí, en alguna parte? —Ahora es
ella la que me mira. Puedo decir que
estoy enloqueciendo al no responder. Tengo que sacarlo
antes de que se arrepienta.
|
|
—Sí —le digo finalmente—. Sí, está en el auto. Voy por
él.
|
|
Se mete de
nuevo en la cama, mientras me deslizo en mis Chucks rojas. Trato de
no notar la forma en que sus muslos presionan contra el
colchón.
|
|
—Ya vuelvo —digo, pero no dice nada.
|
|
Troto hacia
el auto. En mi interior, tengo esta extraña sensación. Como si una
chica completamente perdida me acabara de pedir que
consiga condones y estoy de
acuerdo.
|
|
Saco el
contrato de la guantera de Elizabeth Taylor, luego regreso adentro.
Porque se me olvidó la llave, tengo que golpear y
esperar fuera de mi habitación hasta
que Lali abre la puerta.
|
|
Sus ojos se posan en el contrato cuando entro y me
siento en la cama.
|
|
—¿Entonces cómo es? —pregunta—. Firmo... ¿y me hacen
bonita?
|
|
Desenrollo el
contrato y trato de no parecer desorientado, a pesar que así es
exactamente como me siento. No sé más de lo que ella
sabe.
|
|
El contrato
tiene un lugar para nuestros nombres y más o menos explica que
para cada petición que hace se perdiere un pedazo de su
alma. Bueno, parece bastante
fácil.
|
|
—Parece que
sólo tienes que firmar y luego pedir lo que quieras. —Me encojo de
hombros—. Y supongo que te lo concedemos.
|
|
—¿Cómo, no estás seguro? —dice.
|
|
Levanto mi
voz y me enderezo, con la esperanza que crea en mi forzada
confianza.
|
|
—Estoy seguro. Es muy simple. Lo hacemos todo el tiempo.
|
|
—¿En serio?
|
|
—Por supuesto.
|
|
Me pide el contrato y se lo doy. Sus ojos pasan sobre
las palabras.
|
|
—No dice
mucho, ¿verdad? Uno pensaría que por algo como esto, habría un
montón de cosas legales.
|
|
—Nos gusta
hacer las cosas fáciles. —Espero que mi uso del nos suene
como si
supiera lo que estoy haciendo.
|
|
—Así que todo
lo que hago es firmar y luego, ¿hago mis peticiones? ¿Y cuando
haya utilizado todos mis deseos o lo que sea, van a
tomar mi alma?
|
|
—Exactamente. —Saboreo ácido de la parte posterior de la
garganta.
|
|
Pone el
contrato sobre la mesita de noche entre nosotros y exhala fuertemente.
Realmente la miro en este momento: su pelo rizado castaño,
finito, cuerpo sin curvas y
mala piel. Estas cosas hacen que parezca normal en el
mejor caso. Pero hay otras cosas
que no había notado antes. Cosas que no puedo dejar de
observar ahora que está
considerando esto. Cosas como los pómulos amplios,
modelos matarían por ellos. Y su
cuello, largo y elegante, como si estuviera destinada a
llevar zapatillas de ballet. Y, por
supuesto, su boca. Que siempre he pensado que es
hermosa.
|
|
Quiero decir, pasable.
|
|
Eso fue raro.
|
|
Mis hombros
se ponen tensos cuando pienso en todo esto del contrato. Lali
es la única chica que he conocido que ama a su vida.
Como si realmente la amara. Y
ahora va a cambiar. Todo porque el Jefe quiere su alma.
|
|
Y porque yo quiero un ascenso.
|
|
Quiero
preguntarle por qué cambió de opinión. Estoy seguro que toda su vida
elegiría lo mismo, entonces ¿qué es diferente ahora?
Pero tengo miedo de presionarla.
Asustado de que si hablamos, vaya a cambiar de opinión.
Asustado, de lo que podría
decirme.
|
|
Abre el cajón
de la mesita y saca un bolígrafo. Estoy a punto de decirle dónde
firmar, pero encuentra la línea por su cuenta y pone el
bolígrafo ahí. Duda y me mira.
Hay algo extraño en la forma en que está sosteniendo mi
mirada, como si acabara de
recordar por qué está haciendo esto. Me pregunto si
puede notar que estoy
conteniendo la respiración.
|
|
—Gracias por esto, Peter—dice—. Siento haberme enojado
antes.
|
|
Su bondad es
demasiado. Me estiro para tomar el bolígrafo de su mano, pero
antes que pueda, escribe su nombre en la línea de
puntos: Mariana Esposito.
|
|
Me da el contrato y el bolígrafo, con una sonrisa de
oreja a oreja.
|
|
—Tu turno.
|
|
Tomo las cosas
de sus manos, cruzo la habitación, y las pongo en el tocador. No
puede ver la expresión de mi cara, la que quiero
arrancar con mis uñas. No hay
|
|
ninguna razón por la que debería sentir esto... culpa. Soy
un coleccionista. Esto es lo
que hago. No conozco otra cosa.
|
|
Por un
segundo, me pregunto si puedo detener esto. Tal vez si no firmo, podría
detener todo este calvario.
|
|
—¿Peter? —dice desde la cama. Su voz está llena de
preocupación.
|
|
Me doy vuelta
y la enfrento, y debe darse cuenta de la lucha en mi rostro, porque
su boca y sus ojos se abren.
|
|
—¿Qué es? —pregunta—. ¿Hice algo mal?
|
|
No puedo
soportar el sonido de su voz. No puedo soportar la forma en que me
mira. Y no puedo soportar la basura que me hace sentir.
|
|
Golpeo el bolígrafo y firmo antes que pueda pensarlo.
|
|
Se acabó.
|
|
Está hecho.
|
|
Mis labios se
tiran hacia arriba en una media sonrisa, y miro hacia atrás, a
Lali. Está esperando que le diga que está bien. Así
que lo hago.
|
|
—Hiciste lo correcto.
|
|
Asiente y
sonríe, pero sus ojos encuentran el piso. Entonces es como si algo se le
ocurriera. Salta de la cama y corre al baño, cojeando y
chocando conmigo en el camino.
|
|
—¿A dónde vas? —grito.
|
|
Recorro la
habitación pensando que me he perdido algo, y luego voy tras Lali.
Ella se inspecciona en el espejo, girando su cara de
lado a lado. Parece entusiasmada al
principio, pero luego su boca se inclina hacia abajo.
|
|
Mira mi reflejo.
|
|
—No funcionó.
|
|
Lamo mis labios.
|
|
—Creo que tienes que pedirlo para que suceda.
|
|
—Sin embargo, lo hice.
|
|
—¿Cuándo?
|
|
—Cuando estaba ahí —dice—. Justo después que firmaste.
|
|
Froto la parte trasera de mi cabeza.
|
|
—No oí nada.
Tal vez tienes que decirlo más fuerte. —¿O tal vez tienes que
enviarlo por fax? O por correo a través de
tortugas marinas. Quién sabe.
|
|
—¿Crees que tengo que decir lo que quiero
en voz alta? —dice—. Eso es algo
vergonzoso.
|
|
—¿No lo dijiste en voz alta?
|
|
—No, yo sólo... oré por eso. A Dios, ya sabes.
|
|
Oh, no.
|
|
—Creo
—empiezo. Cuidado, Peter—, creo que hay que decirlo en voz alta, como
a un testigo. Es probablemente por eso que ambos tuvimos
que firmar.
|
|
Sí, eso sonó bien.
|
|
A continuación, pasa junto a mí de regreso a la
habitación.
|
|
—Bueno, voy a decirlo en voz alta.
|
|
—Está bien.
—Me siento frente a ella, y aunque todavía siento una punzada de
culpa, no puedo evitar sentirme emocionado por
presenciar esto. Va a ser hermosa.
Mariana Esposito... va a ser hermosa.
|
Dobla las manos en su regazo, cierra los ojos y abre la boca.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario