(Chicas acá les compenso las tres veces que no subí)
Capitulo 37
Despertar
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Mi mamá
y el imbécil llegan al mostrador ubicado justo a las afueras de la
entrada.
Palabras se intercambiaron, y mi madre apunta a una mesa en
el exterior. El imbécil
asiente. Él no debe conocerla lo suficientemente bien, o ya habría predicho eso. Podría
hacer
menos de cincuenta grados y estar lloviendo intestinos, y mi madre todavía insistiría
en que se sentaran afuera.
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Así podemos ver a la gente mirar.
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No, mamá, así la gente puede verte.
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La pareja se sienta
en una mesa redonda con un mantel a cuadros rojo y un
vergonzoso arreglo central de Gysophila .la escoria del mundo de las flores.
El
imbécil llega a través de la mesa y toma la mano de mi madre.
Pasa su pulgar sobre
sus nudillos, y ella inclina la cabeza hacia un lado y sonríe.
Es una bonita sonrisa, y casi
la compro como feliz. Pero algo está mal. Esta no consume
su rostro como las sonrisas
que reservaba para mi padre. Esto me pega: a ella le gusta
este tipo... pero no de la
manera en que le gustaba papá.
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El darme cuenta
hace que los músculos de mi pecho se relajen por primera vez
desde que llegué a Chicago.
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Mamá tiene un novio, que detesto.
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Pero ella no lo ama.
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Me quedo cerca
de la calle y observo a mi madre y al imbécil compartir
bruschetta y espaguetis. No puedo dejar de preguntarme cuando mamá empezó
a
comer carbohidratos, porque lo último que recuerdo, es que
los puso a la altura de la
piel artificial y violadores.
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Cuando llega
la cuenta, el imbécil paga, y mamá actúa toda agradecida, como si
ella no lo hubiera abandonado si no lo hacía. El tipo se
levanta y la ayuda a levantarse
de su asiento, y soy capaz de conseguir una buena mirada
de él. Es casi tan alto como
yo, pero un poco más delgado. Sus ojos están un poco demasiado
separados, y su
cabello oscuro está pegado al cuero cabelludo. Todo en él
grita militar, desde la forma
rígida en que se mueve a lo crujiente de su traje. Supongo
que era un comandante o
sargento o una de esas otras palabras, eso significa que
eres el gritón frente al
gritador.
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Juntos, caminan
por la calle y se mueven hacia mí. Retrocedo y los dejo pasar,
luego los sigo de cerca. Parece que se dirigen de regreso
al apartamento de mi madre.
Por qué, no tengo i…
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Oh, no. No.
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Él va a su apartamento en la mitad del día.
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Va a tratar y... y...
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Mi estómago se vuelve pesado. Hola oscuridad, mi vieja amiga.
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Como esperando
ver un accidente de autos, continuo siguiéndolos, igualando su
ritmo paso a paso. Imbécil y mamá se paran fuera de su casa
de piedra rojiza, y digo
una oración silenciosa a un Dios largamente olvidado.
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No le dejes entrar, mamá. No lo hagas.
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Por algún milagro,
el tipo la besa y se da vuelta para irse. A juzgar por su paso
rápido y su rígido traje de culo apretado, probablemente
se dirige de nuevo a trabajar.
Me río con alivio y veo a mi madre caminar al piso de arriba.
En la puerta, se detiene y
se vuelve. Ella lo mira irse con una sonrisa aturdida colgando
de su boca. Pero
entonces algo cambia. Sus ojos caen a sus pies como si estuviera
pensando. Y la
sonrisa se desvanece. Esta no sólo desaparece, se desmorona,
como si no está segura
de cómo había llegado hasta allí en primer lugar.
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En ese instante, sé que nos echa de menos.
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Lo puedo ver
en las líneas de su cara, las que ni siquiera el Botox puede borrar.
Puedo ver la forma en que sus hombros se hunden y su espalda
se joroba. Empuja sus
brazos alrededor de su cintura en un apretón, entonces se
desenvuelve a sí misma,
abre la puerta y entra.
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Todo lo que quería
ver, lo vi. Mi madre está aquí, justo donde yo la necesito que
este. Ella nos echa de menos, pero está tratando de seguir
adelante. Y a pesar de que el
tipo con quien estaba parece un verdadero culo apretado,
podría ser lo que necesita
para seguir adelante, alguien que es persistente y responsable.
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Ya no estoy seguro
de lo que estoy haciendo, me alejo de la casa de mi madre. Mi
casa. En la que crecí. Sé que no puedo quedarme mucho tiempo,
pero de alguna
manera no me atrevo a salir de Chicago por el momento. Mi
decisión todavía no está
hecha. Y la temperatura de mi sangre se eleva varios grados
cuando pienso entre lo
que estoy eligiendo: ver a mi madre todos los días y proteger
a Lali. No puedo
hacer las dos cosas.
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Si estoy pensando
en ir contra las órdenes, y no estoy diciendo que lo estoy,
entonces voy a pasar la eternidad huyendo de los coleccionistas.
Y si me pillan...
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Un escalofrío nada por mi espalda mientras
pienso en el infierno y sus muchos
instrumentos de tortura. Hay una cosa que todos los coleccionistas
temen más, y ese
es el noveno círculo del infierno. Está reservado para la
traición, y es el anillo más
cercano al Jefe, una vasta área de dolor y sufrimiento que
utiliza los terrores del hielo.
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Una vez decidí
que ser enterrado o encapsulado en hielo durante millones de
años no estaría mal en comparación con alguna de la otra
basura allí. Entonces Nicolas,
en tono de broma, me retó a llenar dos tazones completos
de hielo, sujetando uno en
cada mano, y sosteniendo los cubos durante tanto tiempo como
pudiera.
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Intenté tan duro
demostrar que podía aguantarlo, pero mis manos se soltaron
después de sesenta segundos como si tuvieran una mente propia.
Nicolas se desternilló
de risa y me llamó cobarde.
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Ese dolor me ha perseguido desde entonces.
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Recordándolo
ahora, no puedo comprender cómo esto es aún una opción. Por un
lado, tengo que coleccionar el alma de Lali, ser promovido
a Director de Alma, y
pasar mis días en la tierra viendo a mi madre, e incluso
a Lali, todos los días de sus
vidas. Por otro lado, voy contra las órdenes, consigo ser
rastreado por los
coleccionistas, finalmente sucumbo, y mientras el resto del
mundo, goza de paz y
tranquilidad, yo me convierto en un carámbano humano.
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Nunca he conocido
a nadie como Lali antes. Tan difícil como es admitirlo, me
preocupo por ella. Pero no creo que pueda arriesgar el perder
a mi madre y sufrir
eterno dolor por el alma de Lali. Sin embargo, el hecho
de que estoy incluso
considerándolo me saca de quicio. Esa chica Lali, deja
una huella en mí.
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Pasando mis manos
por el pelo, me decido a dar un paseo. Doy vuelta a la
manzana y llego hasta Magnificent Mile por algunas compras
de verdad, que destierra
el Centro Comercial de Peachville. Aunque sé que estoy demorando
lo inevitable,
tomar una decisión, esto es todo lo que puedo hacer para
mantenerme cuerdo. Así que
camino un poco a lo largo de una calle, y cuando estoy seguro
de que nadie está
mirando, me sacudo mi sombra.
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Pronto soy recibido
por ventanas de cristal y maniquíes de delgados como palos
y etiquetas importantes. Ah, la Avenida Michigan, donde cualquier
persona que es
alguien viene a comprar. Me pavoneo por la acera, con las
manos metidas en los
bolsillos. A pesar de que es jueves por la tarde, hay gente
por todas partes arrastrando
los pies dentro y fuera de las tiendas, llamando taxis...
dándose codazos entre sí por
espacio para respirar. Aspiro y atrapo un aroma de perfume
caro. Su propietaria
podría ser cualquiera de estas tipas de clase alta pasando
con sus bolsos Dolce y
zapatos de tacón Jimmy Choo.
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Más adelante,
veo una tienda de Armani y decido que es hora de algunas
indulgencias personales. No hay nada como pasar dinero en
efectivo para sacar de tu
mente situaciones de vida o muerte. Me deslizo en el interior,
soy bombardeado por el
fresco, y limpio, olor a optimismo. Una chica alta con el
pelo blanco-rubio y grandes
ojos marrones se acerca, sonriendo como una persona amigable.
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—¿Negocios o placer? —bromea ella.
|
—Placer. Siempre.
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Ella asiente con la cabeza, su sonrisa volviéndose más amplia.
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—¿Qué puedo ayudarle a encontrar?
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Echo un vistazo alrededor.
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—Sabes, sólo voy a ver. Te llamaré cuando vea algo que me
guste.
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Ella abre los brazos, como si quisiera dar a entender que
la tienda es mía, y se
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aleja.
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Unos minutos
más tarde, estoy en el vestuario, poniéndome una chaqueta
deportiva gris. Se ve muy bien sobre esta camiseta azul Pitufo.
Me vuelvo de un lado a
otro, tratando de olvidar lo que está en mi cabeza y concentrarme
en lo que está en el
espejo. Estoy haciendo un trabajo bastante bueno cuando me
parece oír el llanto de
una chica.
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Inclinando la
cabeza, escucho. Sí, definitivamente llora. Me pongo mi propia ropa
de nuevo y salgo el vestuario. Cuatro empleados de Armani
están de pie cerca de la
parte trasera, acechando cerca de una entrada con cortinas.
Me muevo rápidamente a
donde ellos están parados, la curiosidad sacando lo mejor
de mí. A medida que me
acerco, me doy cuenta de que la cortina es una puerta improvisada
hacia lo que estoy
suponiendo que es su sala de descanso. Los empleados están
apiñados alrededor,
mirando dentro, viendo a la Muchacha Llorando caminando con
un teléfono
presionado en su oído.
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—¿Qué está pasando? —le pregunto a un chico de unos veinte
años.
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Su rostro se aleja de la chica y se relaja con una falsa
confianza.
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—Oh, nada. Lo
siento mucho. ¿Cómo estuvo su ropa? ¿Encontró algo que le
gustara?
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Miro por encima
del hombro del chico a la chica, quien ahora está
hiperventilando.
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Otro empleado femenino corre a su lado y tira de ella en
un abrazo.
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—Está bien —le dice a la chica—. Estoy seguro de que él está
bien.
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La Chica Llorando se separa y mira hacia arriba a algo en
la esquina.
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Una explosión
estremece la habitación, y la chica llora más fuerte. Los empleados
se empujan dentro de la habitación, y yo los sigo, preguntándome
qué demonios está
pasando.
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Todos los ojos
en la habitación vienen a descansar en el televisor suspendido en
la esquina. Es un programa de noticias. Algo ha pasado en
Londres. Leo la barra de
desplazamiento en la parte inferior. Un ataque terrorista.
El canal pasa el atentado con
bomba en un recuadro, y observamos como las mismas personas
corren a través de la
pantalla, el miedo retorciéndose en sus rostros. Son los
últimos segundos los que me
matan, donde veo a un niño parado solo, buscando a una madre
que no está allí.
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La Chica Llorando
pulsa botones en su teléfono y camina por el cuarto, tratando
de conseguir a alguien. Ella levanta la vista, viéndome por
primera vez. Me congelo.
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El tipo que me habló hace unos momentos recuerda que estoy
allí y coge mi
|
codo.
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—Señor, pido disculpas,
pero voy a tener que pedirle que salga. Yo puedo
ayudarle con cualquier cosa que necesite.
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Me alejo, desesperado
por ayudar a la chica. Tomar su dolor y hacerlo mío,
aunque nunca la he conocido.
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—Está bien —le digo—. Yo me estaba yendo.
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Él me dirige hacia el frente sin hablar, pero cuando toco
la puerta de cristal, dice:
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—Lo siento por eso. —Traga—. Su hermano está en Londres.
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—Está bien —digo—.
No es la primera vez que he visto uno de esos en la
televisión.
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—Sí, eso pasa.
—Él sacude la cabeza—. Pero es raro conocer a alguien que
conoce a alguien, ¿sabe?
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Yo no, pero asiento
de todos modos. Entonces doy la vuelta y camino hacia la
puerta.
|
Veo los autos
andando por la calle en un sueño. Es una locura cómo todo el
mundo está siguiendo con su vida cuando en todo el mundo,
gente ha muerto. Pero tal
vez no es tan loco, porque hasta ahora, siempre he sido capaz
de hacer caso omiso de
las tragedias.
|
Mirando hacia
el cielo, pienso en lo que acaba de suceder. Ver a esa chica
aterrorizada sacudió algo dentro de mí. Me pregunto cómo
sería si menos personas ya
no tuvieran que llorar así. Si Lali los salvara a todos.
Regresar allí, yo no podría
quitar el dolor de esa chica, pero podría evitar que le suceda
a otra persona.
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Podría ser el detonante para iniciar el cambio.
|
En mi vida, he
hecho cosas terribles, egoístas. Cosas que nunca podré recuperar.
Pero podría cambiar lo que soy ahora, ¿no? Lali dijo que
vio lo bueno en mí. Me
pregunto si ella tiene razón. Si está realmente allí.
|
El sol ya está
alto pasado el mediodía, en su arco de bajada, y me golpea. Es
jueves, lo que significa que sólo tengo tres días más después
de hoy para recoger el
alma de Lali o prepararme para correr. Mirando hacia atrás
en la calle, veo una
camioneta blanca y admiro los rines cromados. Los estoy mirando
más de cerca,
cuando de repente, tengo una sensación de hormigueo.
|
Él está aquí.
|
El Coleccionista.
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Empiezo a dar
la vuelta cuando siento un par de manos golpeando en mi espalda.
Antes de que pueda pensar, estoy volando hacia la calle,
la camioneta blanca
disparaba hacia mí.
|
Por un terrible momento, sé que me va a golpear.
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Voy a ser aplastado,
y el dolor va a tocarme por semanas. Mi cerebro me grita
que me mueva, que haga algo, pero mis músculos se bloquean
en protesta.
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Entonces pienso
en Lali. La forma en que sonríe y se ríe sin reservas. La vida
en sus ojos cuando me mira. La hermosa, y pura, luz de su
alma. Y su boca.
|
Su boca.
|
La persona conduciendo
la camioneta se afinca sobre la corneta, y el automóvil
chilla, los frenos chirreando, pero no lo suficientemente
rápido. Me levanto de un salto
desde el asfalto y, sin pensarlo, corro hacia el medio de
la carretera. La SUV pasa
zumbando, pero ahora un autobús navega hacia mí desde la
dirección opuesta. Me
preparo y corro. Corro tan duro, que estoy seguro de que
mi corazón va a explotar.
|
Mientras el autobús
zumba detrás
de mí, salto a la acera. La gente está gritando y
preguntando si estoy bien. Los alejo y busco inmediatamente
al Coleccionista que me
empujó hacia la calle. No hay nadie allí, sino rostros preocupados.
|
Sé que no puedo
morir a menos que mi brazalete sea removido, pero todavía le
toma a mi cuerpo tiempo para recuperarse del trauma. Y el
dolor, que aún existe en mi
mundo.
|
Este maldito
Coleccionista me siguió hasta Chicago, y está tratando de ponerme
fuera de servicio por un tiempo o enviando un mensaje con
palabras fuertes.
|
Todavía puedo
sentirlo… puedo sentir su brazalete. Encaro a la que sé es su
dirección.
|
—¿Quieres un
pedazo de mí? —le grito, golpeando mi pecho—. Vamos, estoy
justo aquí. Muéstrate a ti mismo.
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La gente cerca de mí retrocede, suponiendo que estoy loco.
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Muevo mi dedo hacia la calle.
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—No lo creo.
La única manera de que puedas llevarme es por medio de golpes
bajos. ¿Verdad?
|
Él no quita su
sombra, y no estoy sorprendido. Espero unos minutos más, y la
gente empieza a alejarse y seguir con sus vidas. Casi me
vieron aplastado delante de
sus ojos, pero resulta que estoy bien, por lo que la emoción
se ha ido.
|
Después de unos
segundos, la sensación de que está cerca se desvanece. El
zoquete debe haberse alejado. Cerca de allí, veo un Starbucks
y corro dentro. Paso más
allá de una cola de gente esperando para conseguir sus dosis
de cafeína y me
encamino hacia el baño. No estoy seguro de lo que estoy haciendo,
pero necesito un
lugar para pensar. Dentro del cuarto de baño personal, aseguro
la puerta y paseo
dentro del área de casi un metro.
|
Al principio,
pensé que el Coleccionista siguiéndome se estaba asegurando que la
tarea quedara terminada. Ahora creo que hay más que eso.
Él no me está siguiendo,
está tratando de lastimarme. Pero ¿por qué?
|
Me detengo. ¿Él sabe lo que estoy pensando?
|
Mierda. Nunca debí haber venido aquí.
|
Otro pensamiento
me golpea. Si este Coleccionista me está haciendo esto a mí,
¿qué es lo que planea hacerle a Lali?
|
Mi tarea.
|
Mi chica.
|
A los coleccionistas
no les está permitido hacerle daño a los seres humanos, pero
no se les permite lastimar a los demás, tampoco, y eso no
lo está deteniendo. Este tipo
es un tiro al aire, y tiene que ser detenido. Considero dirigirme
al piso de abajo ahora,
reportarlo al Jefe y exterminar esta plaga. Pero no puedo,
porque una vez que esté ahí,
el Jefe puede pedirme que me quede y enviar a otra persona
en mi lugar. No es
probable, pero podría suceder. Y no estoy seguro de querer
hacer eso, no estoy seguro
de que esté listo para una pausa de cien años y dejar que
la gente se dañe los unos a
los otros.
|
Porque la próxima
vez que sea testigo de alguien lastimado, sabré que yo podría
haberlo detenido.
|
¿Y si Lali era la siguiente persona afectada por este odio? Me imagino eso.
Imagino sabiendo que es mi culpa que ella tenga miedo, la
forma en que su cara se
retorcería por el terror.
|
Y de repente,
mi decisión irrumpe en mi cabeza y se rompe en un millón de
pedazos. Desgarra mi pecho y arranca mi corazón latiendo.
Lali tiene que
ayudarme a proteger a las personas de este dolor. Y yo tengo
que protegerla.
|
Mi mente corre cuando me doy cuenta de lo que estoy pensando.
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El Jefe me ha contado como su mano derecha, siempre ha confiado
en mí.
|
Y ahora voy a traicionarlo.
|
Aunque la decisión está fresca en mi mente, se siente definitiva.
Nunca
he sido de los que hacen las cosas a medias, y no voy a empezar
ahora.
|
Con mi pecho apretándose, trato de determinar mis próximos
pasos.
|
Lali podría
traer la paz durante cien años. Sé malditamente bien que El Jefe
no quiere que eso suceda. Está ávido de almas, y su vida
definitivamente estropearía
un nuevo inventario. Sin embargo, él no enviaría un coleccionista
a hacerle daño
físicamente. No hay manera de que pudiese lastimar a un ser
humano sin molestar al
Gran Hombre y arriesgarse a una guerra. Pero con estas apuestas
amplificadas, siento
una punzada de duda sobre lo que El Jefe permitiría.
|
Por ahora, tengo
que comenzar con el contrato del alma. Lali ya lo firmó, y
aunque no hay manera de retractarse de eso, tengo que detenerla
antes de que ella
pida cualquier otra cosa. Tal vez si se detiene, nos comprará
un poco de tiempo. Tal
vez podríamos hacer una pausa indefinidamente en toda la
cosa de las peticiones de
belleza.
|
Aunque de alguna manera, lo dudo.
|
Tengo que volver
a Peachville. Tengo que averiguar por qué El Jefe quiere el
alma de Lali. Es posible que ambos sepamos de lo que ella
es capaz, pero eso no
explica por qué él quiere coleccionarla ahora. ¿Qué podría
lograr con eso si ella sólo
|
seguirá viviendo? También tengo que averiguar cómo voy a
protegerla sin sellar mi
destino.
|
Pero antes de hacer nada de eso, tengo que decirle adiós
a mi madre.
|
Sacudiéndome
mis jeans, camino las pocas cuadras de regreso hasta su casa. Ha
pasado un tiempo desde que me fui, y me pregunto si ella
todavía está en el interior. A
unas cuantas puertas de su casa, miro alrededor y me pongo
mi sombra. Luego cruzo
la calle y encuentro el mismo banco en el que me senté antes.
Una hora pasa, y me
inquieto como un adicto al crack. Demasiada basura volando
por mi cabeza en este
momento, pero tengo que ver a mi madre una vez más antes
de irme de Chicago.
Sólo… una vez más.
|
Después de otros
veinte minutos, decido que voy a correr el riesgo. Después de
todo, ¿quién dice que ella incluso vuelva a salir hoy? Me
levanto del banco y camino
hacia el edificio de arenisca. Sé que ella no puede verme,
pero algo sobre estar tan
cerca de casa hace que mi cerebro zumbe.
|
Me arrastro por
las escaleras y miro a través de la ventana, pero no la veo por
ninguna parte. Definitivamente no está en la planta baja.
Mirando hacia abajo, me
pregunto si hay alguna manera de…
|
Corriendo escaleras
abajo, veo el ladrillo en la esquina del último escalón. En
aquel tiempo, pasaba mis noches de fiesta hasta muy tarde.
Eventualmente, papá me
quitó mi llave de modo que no pudiera entrar a hurtadillas
después del toque de
queda. Después de eso, literalmente tuve que tocar la puerta
cada vez que llegaba a
casa y que mis padres me dejaran entrar. Naturalmente, esto
era inaceptable para mi
estilo de vida. Así que hice una copia de la llave de mi
madre y la escondí bajo el
ladrillo suelto. Estoy bastante seguro de que mamá sabía
que robé otra llave, pero
desde que papá estaba prácticamente desaparecido, y mi mamá
nunca fue fanática de
despertarse para dejar entrar a mi trasero, se hizo la vista
gorda.
|
Agito el ladrillo.
Al principio, creo que lo ha mandado a reparar. Pero entonces se
suelta, y debajo de éste, veo una llave plateada parpadeando
a la luz del sol.
¡Anotación!
|
Agarrando la
llave, corro por las escaleras, dando una última mirada por la
ventana, y deslizo la llave en la ranura. La cerradura hace
clic, y abro
la puerta y paso
al interior, conteniendo la respiración como si eso importara.
Me estiro hacia atrás y
suavemente cierro la puerta.
|
Una punzada de
anhelo se forma en mi pecho como un puño. Mirando alrededor,
es como si nada hubiese cambiado. Camino a través del vestíbulo
y entro en nuestra
sala de estar. El suelo está cubierto de baldosas francesas
blancas, y las paredes están
pintadas de color azul huevo de petirrojo. Un candelabro
de plata cuelga del techo, y el
sofá blanco y sillas reclinables hacen que la sala luzca
serena. A lo largo de las paredes,
pinturas inglesas se cuelgan en adornados marcos plateados,
y sobre la chimenea, sé
que veré…
|
Mis ojos se congelan en la repisa de la chimenea.
|
Veo mi rostro
por todas partes, como lo hice mientras crecía. Yo jugando al
fútbol cuando tenía once años, con mi brazo alrededor de
otro niño. Mi madre y yo
tomando el desayuno en un hotel de Aspen. Yo de bebé, envuelto
en una manta roja.
Hay al menos una docena de fotos de mí haciendo cosas diferentes
con diferentes
personas. Pero falta algo, o mejor dicho, alguien.
|
Las fotos de
mi padre también solían estar ahí. Recuerdo especialmente su foto
de boda al frente y al centro. Paso la mano sobre la fría
madera donde los ojos de color
gris azulado de mi padre solían mirarme. Mirando alrededor,
temeroso de que mi
madre aparecerá de repente, me muevo hacia la cocina. Es
un paraíso de acero y
granito, pero sobre el fregadero de la cocina, noto que más
fotos de mi padre están
desaparecidas. Él se ha ido. Es como si mi madre lo borró.
|
Sé en un instante
por qué lo ha hecho. Ella se está aferrando a mi recuerdo. Mi
muerte es algo que nunca olvidará, y ella no quiere hacerlo.
Pero mi padre… su rostro
se interpone en su camino para seguir con su vida. ¿Cómo
puede ser una esposa de
nuevo si él está en todas partes? Me imagino que tiene una
caja escondida en algún
lugar de su habitación llena de sus fotos. Tal vez la saca
cada fin de semana, escudriña
a través de ellas, y sólo llora. Me aferro a ese pensamiento,
porque no podría
soportarlo si esa no fuese la verdad.
|
Un tramo de escaleras
de madera se eleva entre la cocina y la sala de estar. Me
acerco a ellas. Hay algo en el piso de arriba que tengo que
ver. No es mi dormitorio o
incluso mi sala de juegos infantil. Es la habitación de mi
madre. Necesito ver sus joyas,
sus perfumes y su ropa. Tal vez hay una foto de ella escondida
en algún lugar que
pueda llevar conmigo. Tendrá que ser suficiente para los
próximos años.
|
Me acerco al pie de la escalera, agarro la barandilla… y
miro hacia arriba.
|
Mi madre me mira fijamente.
|
Cada músculo de
mi cuerpo, cada hueso, se tensa. Ella me mira fijamente como si
en realidad pudiera verme, pero sé que eso es imposible.
Doy un pequeño y silencioso
paso hacia atrás, y ella sigue el movimiento con los ojos.
|
Tengo que salir
de aquí. Ahora. Sigo retrocediendo, tratando de llegar a la
puerta. Con cada paso que doy, mi madre da un paso por las
escaleras. Es como… ella
me siente.
|
Escucho un repentino
estruendo y me doy cuenta que está corriendo por las
escaleras. Mis manos se sacuden, en busca de algo, aunque
no tengo ni idea de qué. En
la parte inferior de la escalera, ella se detiene y mira
alrededor, buscando.
|
Buscándome a mí.
|
Su pecho sube
y baja rápidamente, y el dolor cruza su rostro. Sus ojos pasan
rápidamente por la sala, sin detenerse en nada en particular.
Luego caen al suelo. Ella
inhala profundamente y pasa los dedos por su cabello, el
cual ahora cae alrededor de
sus hombros. Cuando levanta la cabeza de nuevo, hay lágrimas
en sus ojos.
|
Poco a poco,
ella se mueve por la sala y se estira hacia la repisa. Su mano se
cierra alrededor de la foto de ella y yo en el hotel. La
agarra con tanta fuerza que sus
nudillos se ponen blancos, y lucho contra las ganas de llorar.
Quiero lanzar mis brazos
alrededor de ella: abrazar a mi mamá y que ella me abrace.
Quiero subir a mi
habitación y pasar el resto de mi vida cuidando de ella y
siendo un hijo de nuevo.
|
No me voy a mostrar, incluso si se me permitiera.
|
No puedo.
|
Ella ya ha pasado
por mucho. Tengo que amarla lo suficiente como para decirle
adiós.
|
Mi madre se queda
parada un momento, sosteniendo la foto contra su pecho.
Luego se voltea y sube las escaleras arrastrando los pies
como alguien del doble de su
edad. Me relajo, y el aire escapa de mis pulmones. Doy un
último vistazo alrededor de
la casa y me muevo hacia la puerta.
|
Con la mano en
el pomo, me detengo. No quiero irme. No sin hacer algo primero.
Meto la mano en el bolsillo y recupero mi moneda de la suerte.
Sacando mi mano, abro
la palma y miro la borrosa impresión. He conservado esta
moneda por dos años. Al
tenerla conmigo, sentía como si mi padre no se hubiese ido.
No del todo, al menos.
Pero sé que con los riesgos que estoy enfrentando podría
perderlo todo. Quiero saber
|
dónde está mi padre. Incluso si estoy atrapado en el dolor
eterno, quiero saber dónde
se encuentra una pequeña parte de él. Y con la desaparición
de sus fotografías de la
repisa en la chimenea de mi madre, quiero todavía más que
este aquí, con ella.
|
Camino rápidamente
hacia la repisa, manteniendo un ojo en la escalera.
Entonces deslizo el centavo detrás de una de mis fotos, de
modo que se apoye contra
el respaldo, escondido.
|
Ya está. Ahora
estoy seguro de que mi padre siempre estará aquí con mi madre,
justo donde debe estar. De repente soy sorprendido por una
oleada de emociones
mientras recuerdo a mi padre. Me gusta imaginar que él se
sacrificaría para hacer el
mundo mejor para mi madre y para mí, entonces sé que lo entendería.
Tal vez incluso
estaría orgulloso de la decisión que estoy tomando.
|
Cruzo la habitación,
abro la puerta y salgo sin ser visto. Caminando por las
escaleras, me doy cuenta de lo feo que se ve Chicago. Las
hojas cayendo de los árboles,
muertas. El pasto privado de su intenso color verde. Incluso
el cielo parece común y
corriente. Cierro los ojos con fuerza, luego pongo las manos
sobre mis oídos y… sólo…
empujo.
|
No quiero ver
nada. No quiero escuchar nada. Pero sobre todo, no quiero pensar.
Dejando caer las manos y abriendo los ojos, camino por la
acera pero me mantengo
oculto del mundo. Si la gente no me ve, entonces tal vez
no estoy aquí… tal vez no
existo.
|
Estoy en otro
lugar, soy otra persona. Pero eso no puede suceder realmente,
¿verdad? No puedo escapar de mí mismo o de las cosas que
he hecho. Cuando la
mayoría de la gente muere, llegan a olvidar quiénes fueron.
Pero para mí, siempre
recordaré lo que fui.
|
Fui el centro del universo.
|
Fui el rey del mundo.
|
Fui el hijo que vio morir a su padre.
|
Fui el que lo mató.
|
Fui el conductor de ese maldito
auto.


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