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jueves, 17 de abril de 2014

Capitulo 25- The collector



Vamos a Rodar

Cuando suena la campana final, estoy esperando en el estacionamiento. Veo a los tres
tontos paseándose hacia el carro, liados contra el frío. Lali apunta hacia Elizabeth Taylor, 
y unos segundos después, los tres suben a mi carro.

Candele y blue se arrastran a la parte posterior de las sillas del capitán, y Lali se
acomoda la escopeta.

Nadie dice nada por un minuto. Entonces Candela rompe el silencio.

—Entoooonces, ¿adónde vamos?

Abro la consola, saco cuatro entradas, y las extiendo en un abanico.

—Vegas, nena.

Nadie dice nada, lo que es genial en mi libro. Yo soy todo factor sorpresa.

—Todos, escuchen atentamente. —Hago una pausa para asegurarme de que tengo su
atención—. Primero, saquen sus celulares.

Gaston abre la boca.

—Esto no va a…

—Dije, saquen sus celulares. —Pongo la mano en el aire—. Vamos, vamos. Muevan sus
traseros.

Candela sonríe y saca su celular. Gaston sigue su ejemplo. Lali no tiene un celular,
pero no es problema. Puede pedir prestado el de su amiga. De hecho, funcionará mejor
de esa manera.

Señalo a Candela.

—Llama a tu mamá y dile que vas a pasar la noche con Lali. —Entonces señalo a
Lali—. Llama a Abuela desde el celular de Candela, y dile que te quedas a dormir
donde ella. —El turno de Gaston—. Gaston, llama a tu mamá. Vas a pasar la noche
con Peter Lanzani. Soy el chico nuevo de la ciudad, y sientes lástima por mí.

Consideran lo que acabo de decir, y lentamente, tres sonrisas me rodean.

Asiento con la cabeza a Candela.

—Tu primero.

Todos hacen sus llamadas, y un par de minutos después, Gaston cierra con un clic su
celular.

—Así que, ¿ella dijo que está bien? —le pregunta Candela.

—Sí —dice él, sonriendo—. Maldición, no puedo creerlo. Ella nunca me deja quedarme
fuera durante la semana. Pero está toda simpática y esas cosas.

—Espera —dice Lali—. ¿Vamos a estar de regreso a tiempo para la escuela
mañana?

—Nop. —Les entrego las tres notas de sus padres explicando a la escuela que sus hijos
están enfermos—. Su asistencia perfecta finalmente dará frutos. Nadie en esa escuela
pensará que sus niños dorados jugaron a los ausentes sin permiso.

Los tres toman las notas de mí y las estudian.

—Parecen legítimas —anuncia Candela—. Mis respetos.

Lali me mira. —Pues bien —dice ella—. ¿A qué estamos esperando?

El entusiasmo es palpable mientras conducimos hacia el aeropuerto Birmingham.
Tengo las antiguas canciones de Eminem explotando a través de los altavoces.
Candela está moviendo su cabeza, y su cabello corto está volando a través del aire.

Gaston sigue empujándola lejos cuando se acerca demasiado, pero incluso se está riendo.
Y por primera vez, Lali parece estar tomando el ritmo de la música, su cuerpo
meciéndose hacia adelante y atrás en el asiento.

Esta es mi mejor idea para una cita.

Llegamos al aeropuerto, aparcamos, entramos, y esperamos para abordar el avión.
Cada pocos minutos, monótonos anuncios llegan por los altavoces. Sigo esperando que
sea nuestro monótono anuncio, diciendo que es la hora.

—¿Todavía emocionada? —Le pregunto a Lali, cuya pierna se mueve
espasmódicamente de arriba hacia abajo.

Ella deja de moverse y encoge un hombro delgado.

—Eh, nada que no haga todos los días.

—¿Si, no es cierto?

Sus ojos encuentran los míos, y estoy sorprendido por lo Chocolate que son. Dicen todo lo
que ella no. Está emocionada. Está viva.

Se pregunta en qué demonios se ha metido.

Comienzo a deslizar mi brazo alrededor de sus hombros, pero el encargado anuncia
que es tiempo de abordar. Agarramos nuestras mochilas y caminamos por el largo
camino hacia el avión. Cuando llegamos a la entrada, mi equipo se va demasiado lejos.
Extiendo la mano y agarro el hombro de Gaston.

—Paramos aquí —digo.

Se sacude mi mano de encima.

—Esta es primera clase.

—Sí —respondo—. No ando jugando. —Gaston no puede ocultar la emoción en su
rostro, aunque sé que le encantaría.

—¿Cómo tienes tanto dinero? —pregunta Candela cuando descubre dónde nos
sentaremos—. ¿Tu papá es como de la mafia?

Me estremezco.

—Algo así.

Ella debe notar la mirada en mi rostro porque deja el tema.

Lali y yo nos sentamos juntos, y Cande y Gaston se sientas al otro lado del pasillo
de nosotros. El capitán viene y nos da la bienvenida, y dice cuánto tiempo será hasta
que lleguemos a la Ciudad del Pecado. Quince minutos después, el avión avanza
suavemente por la pista.

Entonces aumenta la velocidad.

El rostro de Lali se presiona en la ventana, y justo cuando las ruedas del avión
dejan el suelo, busca a tientas mi mano y la aprieta. Echo un vistazo a su palma en la
mía, y mi respiración se entrecorta. Aprieto en respuesta. Tomarse de las manos es un
gesto tan íntimo. Uno sobre el que nunca pensé antes de ahora. Estiro los dedos hacia
afuera y los envuelvo más duro alrededor de su piel fría. Sus ojos nunca dejan la
ventana.

Eso es lo que lo hace bien.

Gaston y Candela ordenan comida y bebidas, y casi todo lo que el encargado les ofrece,
y Lali sigue mirando a las nubes.

Me inclino hacia su oreja.

—Es hermoso, ¿no?

Su cabeza se gira rápidamente, y por un segundo nuestros rostros están demasiado
cerca. Precipitadamente me aparto.

—Nunca he volado antes —dice ella.

Mi cabeza cae a un lado.

—¿De verdad? ¿Nunca se han ido de vacaciones?

—Sí, lo hicimos. Solo que siempre manejamos.

—¿Te gusta? —pregunto.

—¿Gustarme qué?

—Volar.

Se da la vuelta y mira por la ventana.

—Sí.

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