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domingo, 27 de abril de 2014

capitulo 35- The collector






Regreso
     
Me recuesto en la cama y hago todo excepto dormir. Lo que Eugenia dijo se repite
 en mi mente como un carrete de película girando. Lali cambiará el mundo. Lali.
La chica durmiendo sólo a unas puertas abajo, envuelta en un edredón blanco, 
probablemente roncando, probablemente babeando en su almohada. Y ella va 
a cambiar el mundo.
      
Con mi centavo apretado en mi puño, me levanto de la cama y camino de un lado
a otro en el piso. Luego prendo la televisión y cambio de canal, buscando normalidad.
No hay nada, y nada ayuda.
     
Lali no debería de ser la que esté en esta posición. Ella no debería ser la chica
en medio de una lucha del cielo y el infierno. Pero ella lo está. Y como dijo Eugenia,
necesito tomar una decisión.

Y tengo que estar seguro de que tomaré la correcta.
     
En orden para hacer eso, hay cosas de las que me tengo que hacer cargo. Cruzo la
habitación y levanto el teléfono color crema cerca de mi cama. Suena dos veces antes
de que alguien lo levante en el otro extremo.

—Conserje. ¿En qué puedo ayudarlo, Sr. Lanzani?

—Necesito cambiar mis boletos de avión —digo el teléfono.


—Por supuesto. Tendré a alguien subiendo por los boletos y tomando sus solicitudes
de cambio. ¿Eso estaría bien?

Incliné mi cabeza en un puño. —Sí. Eso funcionará. ¿En cuánto tiempo?

—Tendríamos a alguien allá arriba en diez minutos.

—Perfecto. Gracias.

Cuelgo el teléfono y continúo mis vueltas. Entonces hago mi cama. Dos minutos
después, la deshago. Cuando el empleado del hotel toca la puerta, estoy esperando a
menos de quince centímetros. Mis músculos se sacuden con el sonido. Entonces me
estiro y dejo entrar al empleado. Un tipo de cuatrocientos años está parado al otro
lado.

Genial. Enviaron a una especie en peligro de extinción para hacer mi cambio de boletos.

—Sabes, creo que he cambiado de opinión. Me los voy a quedar —digo. No hay forma
de que confíe en un tipo quien probablemente olvide su propio nombre en el elevador
subiendo. Si el maneja esto, terminaremos volando a Arabia Saudita.

—Entonces, uh, puedes regresar ahora.

El tipo me mira con ojos de contorno púrpura. Sus manchas de la edad se funden en su
frente, y me imagino mensajes ocultos deletreados en los patrones.

—Es porque ¿soy viejo? —dice en una sorpresivamente voz alta.

—¿Qué? —pregunto, fingiendo asombro. —Ni siquiera sé de lo que estás hablando.
¿Qué hora es? Necesito ir a la cama. Buenas noches.

Me muevo para cerrar la puerta, pero él la detiene con su pie de anciano.

—Todos me despiden. Nadie quiere sus bolsas cargadas. Nadie necesita la lámpara de
sus baños revisadas. Y tú... —Me señala con un dedo que estoy seguro que se
desprenderá. —Ahora tú no quieres tu cambio de boletos.

El viejo comienza a arrastrar sus pies alejándose por el pasillo.
Dejo salir un suspiro y ruedo mis ojos.

—Oye, espera —digo—. He decidido ir a casa. Entonces supongo que necesitaré tu
ayuda.


El hombre se da la vuelta, pero tiene los ojos tristes.

—Es por lo que dije. Sientes pena por mí.

—No, es porqué me asustaste, y quiero estar tantos kilómetros lejos de ti como pueda

—Sus labios se curvan hacia arriba, y con orgullo muestra los pocos dientes que le
quedan. Tengo una repentina urgencia de darle una manzana.

—¿Entonces vas a ayudarme?

—Sí —dice— voy a ayudarte.

El tipo toma mis boletos de avión y escribe mis cambios con sorpresiva precisión.
Entonces se va. Una media hora después, llama y confirma los cambios que ha hecho.
No tengo idea por qué un lugar como el V Hotel le da una oportunidad a este tipo, pero
supongo que saben lo que están haciendo.

—¿Puedes pedirme un taxi? —pregunto. No he tenido ningún problema encontrando
uno aún, pero considerando que son las tres de la mañana, las cosas podrían ser
diferentes.

—Inmediatamente, Sr. Lanzani.

—Peter—digo—, es Peter.

Cuelgo y camino a través del pasillo. Adentro, Lali y sus amigos están en La tierra
de Nunca Jamás, pero es hora de despertarlos y rezar que estén sobrios. Toco en cada
una de sus puertas, ya que están a sólo unos metros.

Gaston saca su cabeza primero. —¿Eras tú? —pregunta.

—Sí.

—¿Qué demonios estás haciendo allí afuera?

—Despertándolos chicos.

El frota su rostro por varios segundos, entonces hace un movimiento como que va a
cerrar la puerta. —Sólo dame unos minutos más —murmura. Está desorientado por
dormir y por el licor, y sería gracioso bajo diferentes circunstancias.

—No. Gaston, vas a despertarte. Tenemos un avión que alcanzar.

Empuja la puerta abriéndola completamente otra vez.


—¿Estás bromeando conmigo?

Al otro lado del pasillo, oigo otra puerta abrirse. Es Candela.
—¿Qué rayos está pasando aquí afuera?

—Peter dice que vamos a ir a casa —responde Gaston.

Candela peina con sus dedos su oscuro cabello enredado. —¿Ahora mismo?

—Sí, ahora mismo —Me dirijo hacia la puerta de Lali—. Ustedes dos vístanse, ¿de
acuerdo? Voy a despertar a la Bella Durmiente. Oh, y pueden conservar la ropa y las
cosas de anoche.

Candela chilla, y la puerta de Gaston se azota cerrándose.

Toco otra vez en la puerta de Lali y espero. Cuando ella abre, me llega una increíble
urgencia de jalarla hacia mí. Su cabello cae en ondas tiradas por la cama, y su piel
todavía brilla. Cuando ve que soy yo, sonríe. Y creo para mí mismo que ella es la única
persona a quien puedo despertar a las tres de la mañana y todavía darme una sonrisa.

Pero tan pronto como la sonrisa aparece, se va, y me pregunto por qué murió tan

pronto.
No es extraño verla ahora, incluso sabiendo las cosas que sé. Pensé que tal vez lo sería,
pero no lo es. Para mí, ella sigue siendo solo Lali, amante de los Skittles, y de
rebotar en la cama.

—Oye —digo en voz baja—. Es hora de alcanzar nuestro vuelo a casa.

Pone una mano en mi pecho como que no puede evitar tocarme. Entonces la arrebata
y se retira hacia las mantas negras de su habitación.

¿Ella recuerda lo que me pidió? ¿Ella sabe?

La sigo hacia su habitación y enciendo la lámpara de noche. Lali mira alrededor no
está segura qué hacer.

—No trajiste nada más que tu mochila, ¿cierto? —pregunto.

Asiente, y me estoy preguntando por qué no está hablando en voz alta. Hace que mi
cuello se ponga rígido, y lo tengo que frotar para relajar los músculos.

—¿Entonces… estás lista?


Lali hace contacto visual conmigo pero sólo lo mantiene por un momento.
Entonces se aleja y se dirige hacia el baño.

—Sólo dame un minuto, y saldré al pasillo.

Sólo se enderezó y me hechó, lo que significa que…

Ella recuerda.

Salgo por mi propia cuenta hacia el pasillo y encuentro a Candela esperando afuera
de su puerta cerrada. Luce como que fue atropellada por un semirremolque y
probablemente se siente parecido.

—¿Conseguiste tu bolsa? —pregunto.

Se gira para mostrarla montada en su espalda. Entonces dice:

—¿Qué está haciendo Lali?

Odiándome por algo que ni siquiera sabía lo que era, como, la primer cosa buena que
alguna vez he hecho.

—Está juntando sus cosas —digo—. Estará afuera en un segundo —Mi mente vuelve a
Lali, preguntándose qué está pensando y cuánto tiempo se va a esconder en su
habitación. Pero el sonido de Gaston corriendo hacia el pasillo roba mi atención.

—¿Dónde está Lali? —pregunta.

Candela y yo señalamos hacia su puerta cerrada.

Los rizos de Gaston están alborotados en un afro. El frota sus manos sobre ellos,
tratando de pelear con ellos para ponerlos en su lugar.

—¿Por qué nos estamos yendo en medio de la noche? Pensé que nos diste notas para
las clases así podíamos saltárnoslas y, tu sabes, dormir.

—Cambio de planes. Si nos vamos ahora, pueden volver antes del segundo periodo. —
contesto mientras la puerta de Lali rechina abriéndose.

Me echa un vistazo, pero sus ojos se apartan y aterrizan en sus amigos. En la gente que
ella entiende.


—Lo siento. No sabía que estaba haciendo esperar a todos. Solo estaba recogiendo mis
cosas.

—No, está bien —digo rápidamente, preguntándome porque tengo que decir algo en
absoluto. Me muevo hacia ella y trato de tomar su mochila color verde lima de sus
hombros. La jala de vuelta.

—Lo tengo —dice.

Muerdo mi labio inferior y me dirijo hacia el elevador sin decir otra palabra. Bajamos
en silencio, y se siente como todas las otras veces que he dejado Las Vegas,con el peso
de la vergüenza y culpa amarrada a mi espalda.

El anciano me saluda en el vestíbulo.

—Sr. Lanzani…, Peter, su taxi estás esperando por usted y su grupo.

El ondea un brazo hacia las deslizantes puertas de cristal.

—Gracias por tu ayuda —digo—. Nunca otra vez dudaré del poder de los ciudadanos
mayores.

Me dio una sonrisa desdentada, y meto un fajo de billetes en su mano. El abre una
palma y lo mira por un largo e incómodo rato, alza la vista hacia mí, sus ojos acuosos.

—Consíguete una bolsa refinada de pasas —lo palmeo en el hombro y parto hacia las
puertas.

Por los siguientes veinte minutos, Gaston y Candela hablaron sobre anoche como si
hubiera pasado hace tres años en vez de hace tres horas. De las cosas de las que
estaban diciendo, estoy bastante seguro de que todavía están borrachos. Los dos
tratan de involucrar a Lali en su conversación, pero ella no dice mucho. Cuando se
dan cuenta de que está molesta, sus amigos se callan.

Entonces me miran fijamente con sospecha.

Cuando nos detenemos afuera del aeropuerto, le pago al conductor, y los cuatro
caminamos hacia el mostrador de registro. Las asistentes pegan una sonrisa falsa
cuando es mi turno.

—¿A dónde se dirigen hoy? —pregunta.


—Birmingham, Alabama —señalo con mi pulgar sobre mi hombro—. Estoy
registrando a estos chicos.

Me muevo por Gaston, Candela y Lali para que me dieran sus tarjetas de
identificación. Se las entrego a la azafata, quien clickea en el teclado, arreglándoselas
para mostrar hasta el último diente en su boca.

Lali roza mi brazo, y echo una mirada. Empujo su cabello lacio detrás de su oreja,
luego regreso mi mano. Esta compulsión por tocarla se está saliendo de control. Soy
como un niño de tres años quien no puede mantener sus manos quietas.

—¿Qué hay de ti? —dice en un susurro de cerca—. ¿No vienes? —Sus ojos desbordan
preocupación, envuelve un brazo a través de su estómago y lo sostiene en su codo.

—Lali —empiezo.

—Está bien —dice, cortándome. Es como que ya está imaginando lo peor—. No tienes
que ir de regreso con nosotros.

Detrás de ella, Gaston agarra su cinturón y tira de ella hacia atrás. Es terriblemente
coordinado, y pienso que me gusta el chico, ahora mismo me gustaría quebrar su
cadera y romper su pierna. Lo miro con furia, pero el mantiene su mano descansando
en ella. Cuando hablo otra vez, mis palabras salen en un gruñido. Mis ojos se quedan
en Gaston, aunque claramente estoy hablando con Lali.

—Tengo que hacerme cargo de algunas cosas. Pero confía en mí, regresaré.

—Lo que sea —dice Lali—. No importa.

Mi mirada pasa de Gaston a Lali y, dame una bofetada maldito estúpido, mi corazón
duele.

En realidad duele con lo que ella acaba de decir.

Me trago mi orgullo y trato de pensar racionalmente. No hay duda sobre eso, ella está
molesta con algo que hice. Si es por empujarla a un contrato, por convencerla de que
necesita más belleza o por rechazar su oferta anoche, no estoy seguro. Pero el hecho
de que hay una lista para elegir es preocupante. Tan terrible como esto es, de alguna
forma estoy emocionado de que ella esté molesta. Demuestra que le importa, ¿cierto?
Pero también significa que se está alejando, lo cual es mejor para ella de lo que alguna
vez se dará cuenta. Para mí, sin embargo, duele horrible.


Candela le quita la bolsa a Lali como una muestra de cariño, y en respuesta,
Lali envuelve su brazo alrededor de la cintura de su amiga. Gaston nunca la deja ir,
tampoco, y juntos los tres me observan.

Sus amigos no saben que hice mal. Sólo saben que Lali  está furiosa, entonces ellos
lo están por asociación.

Por segunda vez esta mañana, mi corazón palpita.
Mataría por tener amigos como esos.

—Miren —digo, entregándoles sus pases de abordar—. Ustedes chicos están en la
puerta veinte. —Pretendo hablarle al grupo, pero ahora estoy mirando directamente a
Lali—. Estaré justo detrás de ustedes. Estaré de regreso antes de que lo sepan.

Le echo un vistazo a Candela y Gaston, y después de vuelta a ella. Mi estómago se
aprieta, y digo.

—Lo prometo.

Lali resopla un pesado suspiro y se encoge de hombros. Como que ni siquiera
importo. Como entre yo y un caballo muerto, ella iría por una goma de mascar.

Gaston la dirige hacia la puerta de seguridad, y Lali no echa un vistazo para atrás,
aunque yo me quedo y la observo tanto tiempo que la gente detrás de mí se comienza
a quejar. Pero Candela, loco de amor por ti, chica se da la vuelta. Ella me lanza un
pequeño saludo y yo me siento un poco mal por como luce. Sonrío tanto, que creo que
mi cara podría romperse. Al lado de mí, escucho a la azafata golpeteando la mesa. Me
volteo hacia ella.

Ella resopla por unos diez segundos completos y rueda sus ojos muchas veces. Asumo
que está teniendo un ataque.

Contemplo llamar por ayuda, entonces decido dejarlo avanzar.

—Señor, porr-favoor. Por tercera vez, hay personas esperando detrás de usted —se
detiene y me mira con furia, esperando mi reacción.

Le doy ninguna.

Ella se inclina hacia mí.

—¿Necesitó registrarse?


Asiento y le entrego mi tarjeta de identificación.

Ella la arrebata, y entrecierra sus ojos, y tipea mi información en la computadora.
Entonces levanta la vista—. ¿Chicago?

Al segundo de que lo dice en voz alta, un frío baja rápidamente por mi espina. ¿Qué
estoy haciendo? ¿Qué demonios estoy haciendo?

Otra vez, asiento.

Estoy sordo. Estoy Mudo. Perdiendo la cabeza.

La azafata termina de registrarme y me entrega mi identificación y mi pase de
abordar.

—Puerta siete —dice.

Empujo mi pase en mi bolsillo trasero, me muerdo el labio inferior, y parto hacia la
puerta siete, donde abordaré mi avión.

Volaré a través de la nación.

Aterrizaré en Chicago.

Tomaré un taxi a Rosemarie Street No.344.

Y por primera vez en dos años, finalmente enfrentaré a mi madre.

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