Páginas

martes, 6 de mayo de 2014

Capirulo 44- The collector




 (Se vino chicass!!! Se vinooo)

Fuego

Agarro el brazo de Lali y tiro de ella hacia arriba.

—¿Qué diablos crees que estás haciendo?

Sus ojos Cohcolates se abren, como si estuviera sorprendida de que todavía estoy aquí

—Peter—dice ella.
     
Es todo lo que puede decir, porque antes de que pueda añadir nada más, estoy
recogiéndola en mis brazos y llevo su culo fuera del granero. Da gritos y patadas y se
queja como pensé que lo haría. Detrás de mí, espero el golpe de Gaston. Pero nunca llega,
ya sea porque Candela le está diciendo que se quede quieto o no sabe cómo
reaccionar, no estoy seguro. Y no me importa.
    
Llevo Lali al bosque, lejos de la granja y la ruta de acceso y las personas que
puedan interrumpir. Asegurándome de que estamos solos, la dejo en el suelo.
Una vez que sus pies tocan el suelo, deja de gritar y se aleja unos pasos de mí.

—Tú no tienes derecho —dice ella, y puedo decir que lo dice de verdad.

—Con un demonio que no —replico.


Se da vuelta y da pasos hacia mí.

—¿Qué acabas de decir?
     
Pienso en ello, porque a pesar de lo que dije hace dos segundos, no puedo
recordar.
      
—¿Quién te crees que eres? —los labios de Lali florecen, y su cabeza cae al
lado como si me inspeccionara, como si fuera una exposición en algún polvoriento
museo—. Tú querías que yo firmara el contrato. Lo hice. Querías convencerme de que
no era hermosa. Funcionó. Entonces... entonces fingiste que te importaba. Y lo compré.
—Se cubre la boca como si quisiera detener lo que viene. Sus palabras se deslizan,
tranquilas y apagadas, pero cortan a través de mí como cuchillas—. Todo lo que hice,
lo hice por ti.
      
Me concentro en la respiración. Dentro. Fuera. Dentro. Fuera. Parece que es lo
único que puedo hacer, porque mi cuerpo está tratando de asimilar lo que acababa de
decir. Esto es mi culpa, y ella lo sabe. Estaba seguro de que lo sabía, pero oírselo decir,
escucharlo. Mata.
    
Le doy la espalda y me alejo unos pasos. Hay cosas que necesito decir, y no
puedo ver su cara cuando lo diga.

—Lali, sé que estás enojada conmigo.

Hago una pausa, esperando que me diga cuan enojada está. No lo hace.
      
—Pero necesitas saber la verdad. No era mi intención que esto sucediera. —Me
paro, teniendo en cuenta lo que acabo de decir—. En realidad, supongo que fue mi
intención que esto pasara. Al principio. Pero entonces pude conocerte, Lali. Pude
ver cómo eres y las cosas que haces por los demás. La forma en que sonríes cuando no
hay nada por lo que sonreír, y la forma en que ríes... me duele incluso oírla. Porque me
recuerda lo que es vivir. Ser feliz. —Tomo una profunda respiración—. Eres hermosa,
Lali. Eres tan hermosa, que no puedo creer que dejara pensarte que no lo eres.
      
Me doy la vuelta, pero mis ojos se centran en el suelo. No puedo ver su cara. Me
va a acabar. Pero mis ojos son engañosos, y antes de que pueda arrancarlos de mi cara
se deslizan hacia arriba y aterrizan en ella. En Lali. Y ella está llorando. Las
lágrimas rodando por sus mejillas, deslizándose en una ancha sonrisa feliz.

—Estás sonriendo —le digo.

Ella asiente con la cabeza, su sonrisa se extiende más allá.


La forma en que me mira, como si en realidad nunca hubiera dejado de creer en
mí, se me rompe el corazón, revela algo que enterré hace mucho tiempo. Y de repente
es demasiado. No puedo soportarlo más, no se puede negar lo que siento. Mi
respiración se para, y antes de que pueda detenerme, las palabras salen fuera.

—Te quiero, Lali—le digo—. Joder, te quiero tanto.
      
Un suspiro escapa de su garganta mientras corro hacia ella. La aprieto contra mí
y estampo mi boca sobre la de ella. Lo siento todo, su pelo entre mis dedos, su piel
presionando contra la mía. Y sus labios. Siento esos suaves labios color rosa
congelarse por un momento bajo mi beso. Y luego se relaja, abre la boca y sigue mis
movimientos. Se inclina hacia mí, entrelazando sus brazos alrededor de mi cuello,
tirando de mí por lo que no hay nada entre nosotros.

Agarro sus muslos y la levantó, y ella envuelve sus piernas alrededor de mí.
     
Buscando a tientas hacia un árbol, la presiono contra él y empujo hacia ella, mis
caderas bloqueadas contra las suyas. Un gemido animal se escapa de mi garganta y el
beso se convierte en más rudo, más profundo. Bajo mis labios por su cuello, a lo largo
de su clavícula y Lali gime suavemente. Entonces entierro mi cabeza contra su
pecho. Su olor, su pecho subiendo y bajando. El salvaje golpeteo de su corazón.
      
Poco a poco, la bajo, sacando sus piernas de mi cintura y la dejo de nuevo en el
suelo. Pongo su cabeza contra mí y la mantengo ahí, sin querer dejarla ir. Ni por nada
ni nadie. Mis brazos tiran de ella cada vez más cerca hasta que me temo que pueda
aplastarla. Pero no puedo aflojar. Temo que si lo hago, va a darse cuenta de que no soy
digno de ella. Tengo miedo de oírle decir que no se siente de la misma manera. Que
cree que soy genial, pero está tostada y que no deberíamos mencionar esto mañana.
     
A pesar de que la mantengo en un abrazo de la muerte, se las arregla para tirar
de su cabeza atrás y mirar hacia mí. Sus labios rosados están brillantes e hinchados, y
no puedo evitar frotar mi pulgar por encima de sus labios.
      
Ella besa la punta de mi dedo, y aprieto los ojos, cerrándolos lo más fuerte que
puedo. Así que no veo cuando ella abre los labios. No veo cuando mantiene un suspiro,
traga y me susurra:

—Te quiero Peter. Te he querido desde el principio.
     
Pero se lo oigo decir, y eso es todo lo que necesito para desmoronarme. Casi
ahogándome en mis palabras, me las arreglo para preguntar:

—¿Por qué?


Abro los ojos y encuentro Lali sonriendo. Pasa la mano por encima de mi
mejilla, luego se inclina hacia atrás contra mi pecho.

—Porque te veo. Aunque intentas tan duro ocultarte, te veo de todos modos.
     
Lo que dice se siente tan bien que cuando el aliento sale corriendo, es una
mezcla de risa. Hace dos días, no podía imaginarme arriesgando mi vida por la de ella.
Y ahora no lo haría de ninguna otra manera. Voy a proteger a esta chica con todo
lo que tengo, porque si algo le pasa a ella, me perderé. Voy a dejar de existir. Y tomaré
a todos conmigo.
    
Con un esfuerzo inconmensurable, me alejo de ella y tomo su rostro entre mis
manos.

—Lali, tengo que decirte algo.
      
Sus ojos miran hacia mí, y ella sonríe más amplio, suponiendo que tengo más
cosas buenas que decirle. Cosas que nos acerquen más. Imagino la forma en que su
cara cambiará cuando le diga todo, y el peso de eso me arrastra hacia abajo. Tengo que
protegerla. Tengo que decirle la verdad sobre mí y el contrato. Pero no puedo
perderla. No después de lo que acaba de pasar entre nosotros.
     
—Quiero que dejes de pedir belleza. Me encanta la forma en como luces, ¿de
acuerdo?

Aprieto suavemente su cara entre mis manos.

—¿Puedes prometerme que no pedirás nada más? Es importante para mí.
      
Los ojos de Lali  caen a mi pecho. Tengo la sensación de que al instante, hay
algo que no me está admitiendo.

—-¿Qué es? —le pregunto—. ¿Qué pasa?

—-Intentaré no hacerlo —dice ella—. Realmente lo haré.

—¿Qué quieres decir con intentaré no hacerlo? ¿No me lo prometes?

Saca la cara de mis manos y da pasos de distancia.
      
—Es cada vez más difícil… no pedir cosas. Es como si cuanto más tiempo estoy
sin pedir algo, más ansiosa me vuelvo. Todo comenzó después de la primera vez, pero
pensé que era simplemente la emoción de añadir cosas nuevas. —Hace una pausa,
envolviendo los brazos a su alrededor—. Pero al volver de regreso de Las Vegas
después de que, ya sabes, cambiara mi piel... me sentía físicamente enferma. Como si
mi cuerpo estuviera gritando para que pida otra cosa, algo nuevo. Me asustó, así que
esperé tanto tiempo como pude. Decidí que debía tomar un descanso para tener algo
de perspectiva.
     
Lali se da vuelta y se enfrenta a mí, y me parece que no puedo moverme. No
quiero oír lo que está diciendo, pero abre la boca y continúa de todos modos.
     
—Pero cuanto más me resistía, más enferma me sentía. Cuando viniste anoche,
se sentía peor. Estaba temblando y sudando. Sabía lo que era, y en el medio de la
noche, no pude soportarlo más. Así que le pedí algo. Algo pequeño. Sólo un poco de
deseo de mejorar mi sonrisa. Al segundo que hice la solicitud, es como si la
enfermedad hubiese sido aspirada de mi cuerpo. Simplemente… se fue. —Había miedo
detrás de sus ojos.

—¿Por qué está pasando esto, Peter? Pensé que podía ir a mi propio ritmo.
     
Lucho para controlar mi ira, ira contra El Jefe por poner un objetivo en ella, y el
enojo conmigo mismo por seguir las órdenes. Tomo las manos de Lali.
      
—Porque ellos saben que tan perfecta es tu alma, y la quieren. Pero escúchame,
tienes que luchar contra ello. Tienes que luchar durante tanto tiempo como te sea
posible ¿entiendes? ¿Te sientes bien ahora?

Ella asiente con la cabeza, pero todavía se ve aterrorizada.
     
—Bueno. Si se vuelve más, la enfermedad, llámame y estaré allí. Vamos a lograr
pasarla.

Lali aprieta los labios como si estuviera pensando en algo.
     
—¿Está bien?, sin embargo, ¿no? Quiero decir, mi alma irá al cielo. —Niega con la
cabeza como si estuviera diciendo algo tonto—. Estoy siendo estúpida por nada.
     
—No estás siendo estúpida. La verdad es que... —la agarro por los hombros y
trago saliva—. La verdad es que tu alma puede estar en peligro.
    
—¿Peligro? —sus ojos se abren, y hasta eso me rompe. No quiero que ella tenga
miedo, pero tiene que saber.
     
—Lali. Hay Coleccionistas para el cielo, como te dije —hasta ahora, no estoy
mintiendo. Sólo tengo que salir de esto. Acabemos de una vez— pero hay otros
coleccionistas, también. Diferentes.

—¿Cómo de diferentes? —pregunta ella, su voz apenas un susurro.


—Ellos, ellos no trabajan para... —señalo hacia arriba.
      
—Oh, Dios mío —dice Lali, alejándose de mí—. ¿Hay coleccionistas del
infierno, también?

Asiento con la cabeza, porque no puedo conseguir decir nada.
      
Se cubre la boca, y las lágrimas vienen a sus ojos. Cuando habla otra vez, apenas
puedo oírla. Ella empieza a llorar, porque ya sabe. Ella sabe que algo se siente mal, y
aquí está la explicación.

— ¿Quieren mi alma también?

Una vez más, yo asiento.
      
—Pero he firmado el contrato —exclama, dejando caer la mano de su boca—.
Todo está bien. Voy a cumplir con el contrato, y entonces no pueden conseguirla
¿Cierto? ¿Verdad Peter?
       
Lali da pasos hacia mí, pone sus manos en mi pecho, me ruega que le diga que
ella tiene razón. El hecho de que no pueden tomar su alma.
     
Me doy cuenta entonces de que no soy lo suficientemente fuerte como para
decírselo. He pasado diecinueve años siendo egoísta, tomando lo que quisiera sin
duda. Y no hay nada, nada, que quiera más que a Lali. No puedo decírselo. No
puedo saber que el miedo de su rostro será por mi culpa.
      
—El documento que firmaste —le digo en voz baja—. Es un contrato general. No
sabía que iba a trabajar así.
     
Es la verdad. Me imagino que si el Gran Hombre tuviera un contrato, sería la
misma verborrea. Lo único que importa es por quien se presenta. Para qué lado
trabaja. Y es cierto que yo no sabía que iba a trabajar de esta manera. Yo nunca podría
haber predicho que me enamoraría de mi asignación.
     
Estoy a punto de tratar de explicar por qué no podemos tener la certeza de su
alma irá al cielo sin exponerme, cuando lo percibo.

Un Coleccionista.

Él está aquí.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario