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viernes, 16 de mayo de 2014

Capitulo 48-The collector







Maratón!! :D 

Coincidencia

Bajo mis jeans sobre mis nuevas zapatillas gastadas y me dirijo a la puerta. Por el momento, necesito mi brazalete. Pero mis horas como coleccionista están contadas. La idea es emocionante y a la vez aterradora.
      
Elizabeth Taylor ha estado empacada desde esta tarde, y cuando salgo, me
aseguro de que nuestros bolsos sigan en el asiento trasero. Noto el tamaño y me
pregunto si cabrán en la pequeña camioneta de Eugenia. Sin duda alguna ella tiene uno
de esos autos deportivos de chicas. Supongo que tendrá que arreglárselas, porque no
voy a estar cerca para asegurarme que los bolsos estén apropiadamente empacados, o
que les lleve la delantera a los Coleccionistas, o que Lali  cumpla su destino.
      
Estoy a punto de deslizarme en el asiento del conductor, tratando de mantener
mi mente enfocada, cuando algo llama mi atención. Dándome la vuelta, veo a una
figura de pie contra un auto cerca del fondo del estacionamiento. En las tenues luces,
no puedo saber con certeza quién es, pero la sensación visceral que siento me dice
todo lo que tengo que saber, es un Coleccionista. Retirando mi chaqueta, envuelvo mis
dedos alrededor de la Glock en mi cintura. Si el Sr. Escalofriante McEscalofriantoso no
se anuncia pronto, le pegaré un tiro en el trasero.
     
El chico da dos pasos hacia mí, y levanto la .45 y apunto. Sus manos vuelan hacia
arriba, y chilla un alto.


—Mierda —dice.

Entrecierro mis ojos y sonrío cuando me doy cuenta que es Nico.
     
—¿Qué crees que estás haciendo, Capitán Psicópata? —dice, respirando con
fuerza—. Casi le disparas a mi trasero.

Aparto el arma y tiro de Nico en un abrazo.
     
—Amigo. —Empieza a hacer señas hacia su cuerpo—. Sabes que no puedes
sostener esto. Además, vas a necesitarme.

Cuando me doy cuenta de lo que está diciendo, lo empujo ligeramente.

—Cállate. ¿Vas a ayudarme?

Asiente y sonríe, pero un parpadeo de miedo llamea detrás de sus ojos.

—Pensé que necesitarías alguien con quien hablar cuando te vuelvas una paleta.
      
Mi pecho duele cuando recuerdo que nunca llegaré tan lejos. Dándome cuenta de
esto, sé que tengo que detenerlo. No dejaré que sea encerrado por mi culpa.

—Nico—digo—, no voy a dejar que hagas esto.

—Demonios que no lo harás —dice—. Ya está hecho.
     
Inspecciono su cara, buscando alguna señal de vacilación. Pero parece tan
determinado como un toro. Y si soy honesto, esto funciona aún mejor. Había planeado
encontrar a Eugenia primero, pero esto ahorrará tiempo. Si Nico dice que me ayudará,
entonces confío en él para llevar a Lali con Eugenia una vez que la rescate.

—No tengo que convencerte de hacer esto, ¿o sí? —pregunto.

—No —dice—. Entonces, ¿cuál es el plan, hombre?
      
Me froto la frente, recordando a Lali y sintiendo un nudo de forma terrible en
el estómago.

—Tienen a mi chica.

—¿En serio? —pregunta Nico.

—Sí, ¿no escuchaste?

Se encoge de hombros.


—Nunca recibí el llamado.
     
Pienso en lo que eso significa. Si Nicolas no recibió el llamado, y yo tampoco,
entonces tal vez un solo Coleccionista tiene a Lali. Y tengo una buena idea de qué
coleccionista debe ser.

—Tengo que encontrarla —le digo a Nico.
     
Asiente, corre alrededor de Elizabeth Taylor, y salta al asiento del pasajero como
si nos estuviéramos dirigiendo al maldito Disneylandia. Me meto en el lado del
conductor y miro a mi mejor amigo.

—Gracias, Nico. Por ayudarme. Por ayudarla.
     
—Meh —dice—. Pensé que el mundo podría acostumbrarse a algo de paz. Le he
estado dando bronca por un tiempo. —Me guiña un ojo, y lo golpeo en el hombro. Mi
manera de decir, Maldición, te amo, hombre.
      
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Por los siguientes veinte minutos, nos dirigimos por la ciudad con la cabeza
afuera de la ventana como los perros intentando sentir a otro Coleccionista. Cuando
estamos cerca de una tienda de comestibles, Nico agarra mi hombro. Me mira con ojos
grandes, y de repente, también yo lo siento, otro Coleccionista. Me detengo en el
estacionamiento y aparcamos cerca de una fila de contenedores. Observamos a las
personas entrar y salir a través de las puertas corredizas. No estoy completamente
seguro de lo que el Coleccionista le hará a Lali, pero si quiere testigos, este sería el
lugar.

—¿Crees que está aquí? —susurro, como si el sujeto pudiera escucharnos desde
aquí.

—No lo sé. Pero creo que lo siento, ¿tú no?

Asiento.
     
—Mira, Nico. Cuando encontremos a Lali, quiero que la agarres y corras.
Déjame enfrentarme a este idiota, ¿sí?

—De ninguna manera —protesta—. Vine por un pelea, ¡eh!
     
—Amigo, si te importa nuestra amistad, lo harás. ¿Por favor? La quiero a salvo.
Es lo único importante para mí.

Pone sus ojos en blanco y suspira.

—¿Qué se supone que debo hacer con ella?


—Encuentra a la Liberadora del Gran Hombre. Entrégale a Lali. Estaré detrás
de ti. —La última parte es una mentira, pero no puedo arriesgar la seguridad de Nico.
      
Mientras Nicolas  murmura respecto al Gran Hombre llamando a sus coleccionistas
liberadores, algo se mueve a través de mi línea de visión. Cuando miro hacia adelante,
no veo nada, pero sé que alguien estaba allí.

—Oye —digo con lentitud—. ¿El Coleccionista se siente cerca de ti?
     
Un sonido de golpe suena cerca de mi cabeza. Nicogrita como chica, y salto en mi
asiento. Me doy la vuelta a mi izquierda, listo para dar un puñetazo a través de la
ventana si tengo que hacerlo, y me detengo cuando veo una melena de cabello Rubio.

—Me espantaste, Rubia—gruño, bajando la ventana.

—¿Quién es? —pregunta Nico. Se inclina hacia adelante pero no dice nada.
     
En frente de mí, los ojos de Euge se vuelven tan grandes, que estoy seguro de
que explotarán directamente fuera de su cabeza de melón.
     
—¿Cuál es tu problema? —Miro a Nico, quien tiene una expresión similar en su
rostro—. Uh, Euge, este es Nico. Nico, esta es…

—Eugenia —dice con voz estrangulada.

—¡Nico! —grita ella.

—¿Qué demonios, chicos? —digo.
      
Nicolas vuela del auto y corre hacia el frente. Eugenia lo encuentra en el frente de la
reja de Elizabeth Taylor y salta en sus brazos. Ella envuelve sus piernas alrededor de
su cintura, y él presiona su boca en la de ella.
      
Y luego… luego simplemente empiezan a enrollarse allí mismo en el capó de mi
coche. Como si yo no estuviera sentado allí. Como si yo no estuviera intentando salvar
a mi novia del fuego infernal.
     
A través de mi ventana abierta, puedo escuchar a Nicolas gemir. Mi rostro se arruga
con disgusto. Aprieto la bocina.

—¿Alguien puede decirme qué demonios está pasando? —grito por la ventana.

Grito.

Siguen toqueteándose como si yo fuera malditamente invisible.


Entonces me golpea. Eugenia metiéndose en un trabajo de locos y su declarada
devoción a su prometido. Nicodiciéndome que su prometida murió, diciendo que las
personas cambian cuando las estupideces suceden cuando lo interrogué respecto a
sus maneras de jugar.
     
Salgo del coche y me paro en frente de ellos. Por encima de sus cuerpos
babeantes, digo:

—¿En serio? —Me rasco al cabeza—. O sea, ¿en serio?

Cuando Euge alza la cabeza por aire, ríe como una psico guardiana drogada.

—Nico—dice suavemente, pasando sus dedos por su mejilla.

—Nena —dice Nicolas, acariciando su cuello.
    
—No es que este no sea terriblemente romántico y violentamente coincidente —
digo—. Pero tengo que encontrar a Lali.
     
La cabeza de Eugenia  se vuelve para mirarme, el nombre de Lali
despertándola.
     
—Supe que algo sucedía. Has estado manejando como un loco por la ciudad, y
supe que la habías perdido.

Miro a Nico pero señalo a Euge.

—Conoce a la liberadora.

Nico se la queda mirando, los ojos agrandados.

—De ninguna manera.

Ella asiente y le da una sonrisa diabólica.

—He estado ocupada desde… ya sabes… el accidente. Entonces, ¿eres…?
Nico asiente, pareciendo avergonzado.
     
—Trabajo con Peter  —dice, sin duda esperando que suene mejor que Trabajo
para Lucifer. ¿Has escuchado de él?
      
Ella se muerde el labio y por un momento parece que está a punto de llorar. Nico
la acerca y le susurra en el oído. Ella sacude la cabeza hacia adelante y hacia atrás.
Entonces su cabeza se alza bruscamente.

—¿Qué vas a hacer? —me pregunta.


—Vamos a encontrar a Lali—responde Nico.

Su cuerpo se relaja contra él.

—¿Van a salvarla? —dice en voz baja—. ¿Vas a arriesgar tu vida?

Él asiente, claramente complacido consigo mismo.
     
Euge da un paso lejos de él. Lo estudia por un largo momento sin decir nada.
Luego se vuelve para mirarme.
     
—Entonces los ayudaré. —Mira de vuelta a Nico, y lucho con la urgencia de
mencionar que este era mi plan, tener a Euge para ayudarnos—. Y una vez hecho
esto —continúa, todavía mirando con fijeza a Nico—, una vez que esta chica esté a
salvo… tú y yo vamos a compensar el tiempo perdido.
    
El dúo se acurruca y ríe, y prácticamente tengo que meter un palo entre ellos dos
para apartar sus cuerpos.

—Ambos —digo—, al auto. Hay tiempo para eso más tarde.
      
Euge mira a Nico y asiente. Luego sube al asiento del pasajero, y Nico sube
atrás. Cuando me deslizo en el asiento del conductor, noto que Nico está pasando sus
dedos sobre el cuello de Eugenia y susurrándole en el oído.
    
ongo mis ojos en blanco, pero una sonrisita tira de mis labios. Estoy contento
por ellos. Y con Euge y Nico  de mi lado, me permito emocionarme de que esto
funcionará, que salvaré a Lali del Coleccionista y la pondré a salvo bajo la
protección de Euge.

Antes de que mi tiempo se acabe.

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