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viernes, 16 de mayo de 2014

Capitulo 50 - The collector








Fin Maratón :D!!!
¿Adivina Quién?

Me quedo mirando mi recién expuesto tobillo. Una parte de mí no puede creer lo que acabo 
de hacer, pero es demasiado tarde para preocuparme. Mi tiempo es limitado, y si no rescato 
a Lali del Coleccionista, habré muerto de nuevo en vano.
      
El sujeto que estoy rastreando debería estar aquí pronto, atraído por el ruido.

Recupero el dargon roto, me muevo detrás de un árbol al otro lado del pequeño claro,
y espero. Efectivamente, después de sólo unos momentos, oigo el sonido de hojas
crujiendo. No puedo sentirlo viniendo, pero sé que está ahí. Incluso si está usando su
sombra.
      
Nunca antes he peleado con uno de los míos, y la idea de que lo haré hace que mi
frente pique del sudor. En mi cabeza, paso a través de las alternativas. Hay seis de
nosotros. Nico y yo somos dos de ellos, lo que deja sólo cuatro personas que podrían
ser. Cada uno tiene sus propias fortalezas y debilidades, pero dado que he participado
en la constante formación de todos los coleccionistas, debería ser fácil predecir sus
acciones.
     
Sin embargo, este conocimiento no ayuda a calmar los nervios pulsando a través
de mi cuerpo a medida que los pasos se acercan más. Me siento como una fuga de gas
esperando detonar: como que si alguien encendiera un cigarrillo en al otro lado de
Peachville, explotaré en un billón de pedazos. Es un maravilloso pensamiento
mientras estoy acosando a un demonio en medio de un bosque oscuro.
      
Me quedo inmóvil cuando las hojas dejan de crujir y contengo la respiración.
Después de lo que parece una eternidad, veo el suelo moverse ligeramente. Huellas. Él
está tan cerca, veo sus huellas en la tierra. Y ahora se están alejando. Espero tanto
como puedo y luego lo sigo. Justo ahora, me encantaría utilizar mi propia sombra, pero
me despedí de esa habilidad cuando rompí mi brazalete. En su lugar, camino
ligeramente y sólo sigo adelante.


Entonces la escucho.
     
Lali  solloza, y me toma todo lo que tengo no salir corriendo hacia adelante.
Escuchando, noto que el sonido de su voz es ahogado, como si tuviese algo metido en
la boca. Sigo dando pasos suaves, asegurándome que he permanecido detrás del
Coleccionista frente a mí. Cada pocos segundos, echo un vistazo alrededor. Todavía no
estoy seguro de que haya un sólo Coleccionista aquí afuera, y no quiero ser
sorprendido. Cuando por fin veo a Lali, me congelo.
      
Su espalda está hacia mí, y sus brazos están atados detrás de un árbol. Todavía
está usando su vestido rojo, pero sus alas de ángel de disfraz están desaparecidas.
Todo en mí quiere correr hacia ella, desatar sus manos y tomarla en mis brazos. La
furia de que no puedo hacerlo quema a través de mis venas.
     
Me acerco unos centímetros más, retirando la pistola de mi cintura. El no saber
quién le ha hecho esto me está volviendo loco. Necesito ver su rostro, necesito saber a
quién destruiré esta noche. Y entonces lo hago.
      
Uno de mis coleccionistas —Agustin— se quita su sombra y mira a su alrededor.

Él todavía piensa que escuchó algo.

Ese era yo, imbécil. Y estoy vigilándote. Justo. Ahora.
  
Agustin  es el Coleccionista más reciente. Más joven que yo y uno que entrené
hace sólo unos meses. De todos los coleccionistas, él sería el más ingenuo, el que más
probablemente intentara una artimaña como esta. Puedo simplemente imaginarlo
pensando en lo fácil que sería superarme mientras le enseñaba a sellar un alma.
Apuesto que al segundo en que se enteró de mi encargo, babeó por todo su cuerpo.
Sólo sabía que yo arruinaría esto, y él estaría allí esperando cuando sucediera.


Bastardo engreído.

No sabe con quién se está metiendo.
    
Me preparo para lanzarme hacia él pero me detengo cuando veo un destello de
cromo escondido entre su cinturón y sus pantalones vaqueros oscuros. No importa.
Todavía voy a eliminar a este sujeto; sólo que va a ser en el momento adecuado.
      
Agustin  finalmente decide que no hay nadie mirando y se agacha junto a Lali.
Él saca el trapo de la boca y rápidamente lo reemplaza con su mano.
      
—Yo sé que quieres gritar, corazón —arrulla él—. Y voy a dejarte. ¿Sabes por
qué? —Hace una pausa, como dándole tiempo a Lali para pensar—. Porque si tu
novio está por ahí merodeando, vendrá corriendo cuando escuche ese grito tuyo. Y eso
es exactamente lo que quiero.
     
Agustin está medio agachado por lo que puedo ver su perfil. Sólo necesito que se
voltee un poco más hacia Lali y lejos de mí. Eso es todo lo que necesito. Un
momento de sorpresa para atacar. Él lentamente desenrosca los dedos de la boca de
Lali.

Se pone de pie.

—Adelante —dice—. Grita.
     
Pero Lali   no lo hace. Sus ojos están clavados en él, y su mandíbula está
apretada.

Agustin se inclina de nuevo.
     
—¿Crees que lo estás salvando? No lo haces. Incluso si él no viene aquí esta
noche, lo encontraré. Y lo mataré. Sólo yo. —Él sonríe y frota una mano por su
mandíbula—. Verás, ¿Peter? Se cree que es una mierda hábil. Pero uno a uno, no hay
manera de que yo no vaya a llegar a la cima.
     
La última afirmación me lo dice todo. Él está aquí solo. Está tan seguro de su
capacidad para destruirme a mí y a mi encargo. Pero ¿qué otra cosa sabe? ¿Sabe lo del
Trelvator? Y si me supera, ¿tratará de coleccionar el alma de Lali? Peor aún, ¿la
mataría?

Agustin echa la pierna hacia atrás y patea a Lali con fuerza en las costillas.


—Dije ¡grita!
     
Agustin  probablemente tiene planes de ocultarse ahora que ella ha gritado, de
esperar y ver si me acerco rodeándolo. Pero eso no va a suceder porque ya estoy aquí.
Considero dispararle a su trasero ahora, pero está demasiado cerca de Lali.

Demasiado cerca. La furia inunda mi cuerpo…

Y corro.
     
Corro fuerte y rápido, moviéndome como nunca antes. Soy un animal corriendo
hacia él: todo piernas, pulmones y músculos. Escuchar a Lali gritar de dolor juega
con mi cabeza, acciona un interruptor que elimina todo pensamiento racional. Cuando
me acerco a Agustin, se siente como si ni siquiera estoy dentro de mi propio cuerpo,
como si estuviera controlando mis movimientos con el joystick de un videojuego.
      
Agustinse voltea para verme, pero salto antes de que pueda reaccionar. Mi
cuerpo golpea el suyo, y aterrizamos con fuerza en el suelo. La pistola sale volando de
mi mano, pero no importa. Tengo esto. Lanzo mi puño hacia atrás y lo estrello en su
nariz. Él grita y busca a tientas su propia arma. Lo agarro por los hombros y lo empujo
de nuevo hacia abajo, asestando otro golpe a su riñón.
      
De alguna manera él sale de debajo de mí y salta a sus pies. Nos rodeamos el uno
al otro como bestias, como demonios. Agustin amaga como que va a atacar por mi
derecha, luego se voltea y golpea a mi izquierda. Caemos al suelo otra vez, y otra vez
lanzo mis puños en su rostro. Y su estómago. Y su hombro. Y porque repentinamente
recuerdo cómo pateó a Lali como un perro, me echo hacia atrás y mando un golpe
chocando contra sus costillas. Él gruñe pero no dejar de luchar.
      
Las manos de Agustin vuelan, y las envuelve alrededor de mi garganta. Es un
buen movimiento, porque no tengo más remedio que dejar de golpearlo y empezar a
defenderme en su lugar. Me agarro a sus muñecas y halo tan fuerte como puedo, pero
él está decidido a ahogarme hasta la muerte. Mis pulmones queman, y siento como
que si no consigo aire de inmediato, voy a desmayarme. No puedo entender cómo ha
sucedido esto. Cómo a pesar de que estoy encima, de alguna manera él está ganando
esta lucha. Mi visión se nubla, y robo una mirada hacia Lali. Ella está gritando algo,
pero no puedo entender lo que es, porque todo lo que estoy pensando es, no puedo
respirar. ¡No puedo respirar!
     
Trato de pararme de golpe, intentando arrancar las manos de Agustin de mi
garganta. Pero él imita mis movimientos como una desquiciada anaconda. Finalmente
me paro derecho sólo para que mis rodillas se doblen. Sólo tengo que sacar sus manos
de mi garganta, pienso. ¡Quítamelas de encima!


Y luego, incluso cuando mis pensamientos están comenzando a volverse un
desastre, me doy cuenta de algo. Tengo una opción. Estar ahogándome me hace
pensar que la única cosa que puedo hacer es jugar a la defensiva. Es una falsa
asunción.
      
Suelto su muñeca, y disparo todo lo que tengo, cada rodilla, el codo y puño en su
ingle. Él se dobla y gime. Tirando de él hacia un lado, agarro la pistola de su pantalón y
la apunto hacia su pecho.
     
Agustin trata de hablar, pero sus palabras son muy suaves, y no puedo
escucharlas. Lo que puedo escuchar es a Lali gritando mi nombre. Me doy cuenta
que ha estado gritando todo este tiempo, y nunca la escuché. Manteniendo el arma de
Agustin apuntada hacia él, corro hacia Lali. Mientras comienzo a desatarla, escucho
a Agustin murmurar algo una y otra vez.


Una vez que Lali esta libre, se lanza a mis brazos.
     
—Estas bien —le digo—. Todo va a estar bien. Te tengo. No voy a dejar que nada
malo te pase nunca de nuevo. —Lali no dice nada en respuesta. Solo se presiona
sobre mí, y yo la abrazo—. ¿Estás herida? —le pregunto.

Niega con la cabeza contra mí, y froto su cabello con mi mano.
      
Miro de vuelta Agustin. Tengo que saber que haré con él. ¿Cortar su brazalete?
¿Dispararle para tener tiempo de huir? Se que no puedo dejarlo aquí para que nos
siga, pero no quiero tomar una decisición precipitada. Tengo que calcular cada uno de
mis movimientos con el tiempo que me queda, darle a Eugenia la mejor oportunidad
para ocultar a Lali.
     
Agustin se arrastra como un escarabajo en el suelo, mirándonos. Él se repite lo
que está diciendo, pero se hace más fuerte.
    
—¿Tienes algo que decir? —suelto, parándome y poniendo de pie a Lali
conmigo—. Adelante —grito, lleno de adrenalina—. Estas acabado ahora. De una
manera u otra estas muerto. Así que adelante. ¿Quieres decir algo? ¡Dilo!

Él me sonrió, sus dientes llenos de sangre.
     
—Dije. —Se lamió sus labios y lleno sus pulmones como si estuviera a punto de
gritar—. ¡Está aquí! ¡Está justo aquí!
     
Mi cabeza se alza, buscando a quien él estaba llamando. Cuando llamo de nuevo,
levanto mi arma en su dirección.


—Para.Para de gritar. —Consideré jalar el gatillo, pero ahora temía que quizás
necesitaría los seis cartuchos que esta pistola tenía.
    
Buscando en el piso, encontré mi Glock y la tome, también. Doce cartuchoss.
Ahora quizás tenga uno para desperdiciar en este imbecile.

—Peter, mira —gritó Lali.
     
Agustin se voltea y mira detrás de él. Cuando me da la cara de nuevo, se está
levantando del suelo.
      
—¿Pensaste que sólo era yo? —se ríe, luego toce. Mi dedo se sacude cerca del
gatillo—. ¿Lo hiciste, no? Hombre, ¿cuán estúpido crees que soy? Sólo soy el cebo,
cariño.
      
Me paro en frente de Lali cuando vi los últimos tres coleccionistas —Jaime,
Pablo, y Benjamin—viniendo detrás de nosotros. Pablo y Jaime estaban rezagados, pero
Benjamin estaba apuntándole con una pistola a Nico y Euge. Mis dos compañeros
están caminando al frente del enorme marco de Benjamin  como dos reclusos. Mientras
Nico se acerca, me doy cuenta de un corte en la mejilla, probablemente recibida de
lucha para evitar que tomen a Euge.

Mi sangre se hiela mientras extiendo la mano detrás de mí y siento a Lali.

Esto no es bueno.

Agustin asiente hacia Benjamin pero me habla a mí.
    
—Puedes apartar esas armas de mí ahora —dice—. Al menos que quieras que
hagamos hoyos en tus amigos.
     
—Lo mataré —le digo a Benjamin, presionando el arma en mi mano derecha en
dirección a Agustin. Pero ya sabía lo que iba a decir. Benjamin se encoje de hombros
como si leyera mi mente.

—Entonces hazlo.

Agustin se inclina.
     
—Soy el cordero de sacrificio si necesito serlo —dice, enderezándose otra vez—.
Pero está bien. No me matarás. Somos inmortales, capullo. Pero el segundo en que le
des al gatillo, Benjamin accionará el de él. —Gotea sangre desde su nariz—. Baja el
arma y patéala hacia acá, o mataremos a las chicas.


Sabía que debían estar mintiendo. No podían saber que Euge era una
Liberadora, no con tantos brazaletes en las cercanías, y no matarían a un humano. No
estoy seguro si lastimarían a Lali, tampoco. Al menos no sin coleccionar su alma
primero. No puedo arriesgarme. Así que hago lo que me piden. Tendré otro chance de
sacar a todo el mundo de aquí, me digo.
      
—Genial, estamos todos aquí —digo mientras Agustin toma una de las armas y la
pone en su cintura, luego agarra la otra y la apunta a mi dirección—. ¿Entonces cuál es
el plan? —continuo—. Me han estado siguiendo por días. ¿Entonces qué demonios
quieres?

—No te estaba siguiendo —escupe Agustin—. ¿Por qué te seguiría?
Entrecierro los ojos.

—Pero te sentí. —Miro a los cuatro alrededor de mí—. Uno de ustedes, al menos.
     
—Ya te lo dije, chico lindo. No era yo. —Mira a los otros tres coleccionistas—.
¿Fue alguno de ustedes chicos?
     
Los tres imbéciles niegan con la cabeza y se sonrieron burlonamente como en
una película de vaqueros.
     
Agustin se volteó hacia mí—. Sabes, pensándolo bien, quizás conozca a alguien
quien te estuviese siguiendo.
     
Los coleccionistas se rieron y se movieron hacia atrás como si algo grande
estuviese viniendo. Entrecerré los ojos, mirando profundamente al bosque por encima
de sus hombros y jadeo cuando veo que sale de las sombras.
      
Un hombre camina hacia nosotros, la cabeza en alto y los hombros cuadrados. Su
pelo oscuro esta al ras, y su ropa son limpias y frescas. Cada movimiento que hace,
cada inclinación de su cabeza, grita militar.
      
—¡Tu! —me apresuro hacia el hombre, pero Agustin salta delante de mí y me da
con la pistola en la cara. El dolor brota a través de mi cuerpo mientras Lali grita. Mi
visión se torna borrosa, pero cuando miro hacia arriba desde el suelo, todavía está allí.

El novio de mi madre.

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