—Lali —digo su nombre tan suavemente que duele en mi garganta. Como si su nombre fuera demasiado para manejar.
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—Por favor. Tengo que hablar contigo.
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—No importa —escupe ella—. No quiero hablar contigo.
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Algún tipo camina entre nosotros, se para cerca de Lali.
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—¿Hay algún problema?
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El me mira con
furia, y yo peleo con cada impulso de arrancar su cabeza de su
cabeza.
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—Vete. Lejos. —gruño.
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El tipo me mira
por un momento, sus ojos corriendo de arriba abajo por mi
cuerpo, evaluándome para ver si puede derribarme. Dándose
cuenta que no puede,
levanta sus manos y se aleja, la mirada en su rostro diciendo
que nunca le importó en
primer lugar.
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Le echo un vistazo
de vuelta a Lali. Está viéndome como que hice algo
innombrable para ella, como que si me descubriera. Aunque,
no puedo alejarme.
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—¿Podemos ir afuera
por un minuto? —pregunto— prometo que me iré una vez
que me escuches.
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Lali da un
paso más cerca de mí. Ella inclina su cabeza hacia la mía, sus labios
rozando mi oreja. Su voz es tan calmada, hace carne de gallina
en mis brazos.
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—Quiero que te
vayas, Peter. Quiero que te mantengas alejado de mí. Viniste
por una cosa, y te lo estoy dando. —Ella se aleja, y noto
que sus ojos están llenos con
lágrimas. Levanto el brazo y las quito frotandolas, pero
ella se aleja de un golpe como
si la hubiese abofeteado. Su cabeza se ladea, y su cara nada
con dolor. —Vete. Te lo
ruego.
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Vine aquí esta
noche para proteger a Lali, para protegerla de los
coleccionistas. De la gente que está tratando de tomar su
luz. Pero ya lo he hecho. Fui
yo quien le pedí que firmara el contrato. Yo quien la empujo
a cumplirlo. Yo quien
condujo a las lágrimas deslizándose por sus mejillas. Puede
haberle importado una
vez, pero eso se ha ido ahora. Puedo verlo en la forma en
que me mira. Me ve por lo
que soy. Arrogante. Egoísta.
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Egocéntrico.
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Me alejo de Lali,
porque tanto como quiero protegerla de lo que está
viniendo. No puedo soportar verla llorar mientras sé que
es por mi culpa. Lali es
generosa y feliz, una amiga leal y una persona honesta.
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Y ella es hermosa.
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Por dentro, Lali brilla, su alma es lo más precioso que he visto jamás. Y por
fuera, es incluso más bonita. No sólo de la manera que es
ahora, aunque esta noche
está arrasando, lo suficiente para quitarme el aliento, pero
de la forma que ella era. El
balanceo de su cabello cuando brincaba en la cama, el brillo
de su piel cuando me
decía sobre la caridad, la curva de su boca cuando decía
que le gustaba el sonido que
hacía el mundo. Y sus ojos, nunca he visto tanta vida en
los ojos de alguien como lo
hago en los de ella.
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Lali es hermosa.
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Y la convencí de que no lo era.
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Sabe que lo que
hice estuvo mal, haciéndola sentir mal sobre lo que es. Ella
siguió la corriente por un tiempo, tal vez porque secretamente
deseaba la belleza
tradicional y la popularidad. O tal vez porque deseaba mi
aprobación. Y apuesto…
cuando no la besé… que decidió que yo no estaba interesado,
que había estado
jugando con ella todo el tiempo. Este último pensamiento
arde.
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Tomo una última
mirada de Lali, sus ojos inundados y boca entreabierta, y
me giro para irme.
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Sin estar seguro
de a donde me dirijo, dejo el granero y parto hacia el bosque. No
llego ni a seis metros antes de detenerme. Lali puede odiarme,
y tengo que vivir con
el hecho que yo causé eso. Pero hay algo mucho más grande
en que pensar. En dos
días, estoy seguro que El Jefe enviará a otro coleccionista,
o a todos los coleccionistas,
y forzará a Lali a cumplir el contrato con más rapidez.
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Una sacudida
de nervios corre rápidamente por mi torrente sanguíneo como un
golpe de adrenalina. Tengo que sacar mis sentimientos de
esto. Si Lali me odia, me
repudia, que así sea. No me iré sin ella. Tengo que arrastrarla
afuera pateando y
gritando, no voy a dejar que alguien le haga daño de la forma
que yo lo hice… o peor.
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Mi corazón late
fuertemente mientras me marcho hacia el granero. Nada me
detendrá de rescatar a esta chica. Ni incluso si ella me
desprecia.
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Diviso a Lali sentada en un círculo de gente, inclinada contra el hombro de
Candela. Camino hacia el círculo, pero nadie me nota sobre
la música, la cual suena
mucho más fuerte que antes. Por encima, noto que alguien
apagó las luces multicolor
así que el único brillo viene de la bola de disco. Trago
grueso, luego abro mi boca para
llamar a Lali. Haré una escena. Grito su nombre una y
otra vez hasta que todos la
empujan para que ella venga sólo a callarme.
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Pero me detengo antes de que su nombre alcance mis labios.
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En el centro
del círculo, veo una botella. Más importante, veo a Lali estirarse
por ella, sus dedos cerrándose sobre el vidrio verde. Se
gira debajo de su mano, y cada
aliento que he estado sosteniendo sale rápidamente. Mi cabeza
gira. Esta no es la chica
que conozco. La chica que conocí hace ocho días estaría adentro,
buscando una soda
entre el licor, haciendo una conversación incómoda con gente
que no le importa. Pero
ahora ella está aquí. Jugando un juego de besarse. Vistiendo
una ropa muy corta.
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Observa la botella
que gira hasta detenerse, y yo también, porque mi cuerpo no
funcionará nunca más. Está congelado con horror, anticipando
lo que no quiero ver.
En mi cabeza, hago negociaciones con nadie en particular.
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No dejes
que ella bese a alguien, y comenzaré a ser una mejor persona. Comeré
verduras. Salvaré focas bebé.
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La botella aterriza
en un tipo que no puedo identificar. De donde estoy parado,
sólo puedo ver la parte de atrás de su cabeza.
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Lali se inclina
hacia adelante, y también el tipo. Jadeo como una chica, y mi
sangre se solidifica.
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Por favor. No lo hagas. Decide que soy muy importante. Decide que te importa
demasiado. Que nunca te diste cuenta hasta ahora.
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Lali ladea su cabeza hacia un lado, y sus labios conectan con los labios del
tipo. Con sus cabezas giradas así, puedo ver que el tipo
que ella está besando, el tipo
quien está sacudiendo mis nervios, es Gaston.
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Algo explota en mi pecho. Gira todo mi cuerpo de adentro hacia afuera hasta que
todos mis órganos, todos mis músculos y mis tejidos, están
expuestos.
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Destellos rojos enfrente de mis ojos, y antes de que sepa lo que estoy haciendo,
voy echo una furia hacia ella.
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Moviéndome como un huracán.

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