Solo en el
cuarto de baño, me salpico agua fría en la cara. Casi no reconozco a la persona
mirando hacia mí, quebrado y avergonzado. Alguien debería haberme advertido del lado oscuro del amor, acerca del el rechazo y la desesperación. |
Secando mi cara
con una áspera toalla de papel marrón, me pregunto dónde está
ella ahora. De lo último que vi, estaba corriendo fuera del
gimnasio. No pudo haber
sido hace más de quince minutos, pero se siente como una
eternidad.
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Tan difícil como será encararla de nuevo, ya estoy deseando que llegue. Preferiría tenerla odiándome de frente que estar sin ella. Además, le hice una promesa
que tengo la intención de cumplir. Voy a protegerla, cuerpo
y alma. Voy de frente con
mis errores. Y tal vez un día, ella perdonará lo que he hecho.
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Entro en el gimnasio y veo a Candela en la pista de baile. Sus ojos se conectan
con los míos, y se encamina hacia mí. Me preparo para una
segunda bofetada, pero ella
solo me mira divertida.
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— ¿Dónde está Lali? —pregunta. |
Echo un vistazo alrededor, buscándola. |
—¿Ella no ha vuelto a entrar? |
— Yo no sabía que salió. —Candela entrecierra los ojos—.
¿Por qué salió?
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— Porque ella me odia. |
El rostro de Cande se suaviza, lo que me sorprende. Luego, este muestra
alarma. Me volteo para ver lo que está mirando y detecto
a Gaston corriendo hacia
nosotros.
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Él está respirando con fuerza y se inclina sobre sus rodillas para recuperar el
aliento.
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—No puedo encontrar a Lali por ninguna parte —le dice a Candela,
ignorándome por completo.
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—¿Has buscado en todas partes? —pregunto. |
Me mira, y estoy seguro de que está debatiendo si sacarme los riñones por mi |
culo.
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—Sí, —dice entre dientes—. ¿Qué le hiciste? |
—Lo suficiente para hacer que lo odie —dice Cande.
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Corro fuera del gimnasio con Gaston cerca de mis talones. Juntos gritamos su
nombre, rodeando la escuela.
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—Tal vez ella volvió a entrar —le digo. |
—Tal vez deberías salir de aquí y dejarle esto a sus amigos —gruñe Gaston. |
Me muerdo la lengua porque no quiero darle a Lali otra razón para odiarme.
En cambio, digo:
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—Voy a llegar hasta su casa. Tal vez llamó a su abuela para que la recogiera. Yo
me encargaré de esto. La encontraré. Solo llama al Hotel
Wink si aparece, ¿de acuerdo?
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Gaston aprieta su mandíbula. |
—Gaston —digo, en voz más alta. |
—Está bien. Maldición. —Él se encamina hacia el gimnasio. |
Corriendo hacia Elizabeth Taylor, lucho contra el temor de que algo terrible haya
sucedido. Si es así, yo nunca me perdonaré. Esta cerca la
fecha límite, no debería
haberla dejado fuera de mi vista. Ni siquiera por un segundo.
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Manejo por los
alrededores del estacionamiento un par de veces, y luego me
dirijo hacia su casa.
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En el camino, acelero como un loco y me las arreglo para estar allí en cinco
minutos. Sin siquiera considerar tocar, corro hacia el enrejado
y trepo hacia su
ventana. Tengo que ver por mí mismo si ella está aquí, y
no quiero a la abuela
enloqueciendo y llamando al 911.
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La ventana se abre bajo mi mano, y me recuerdo a mí mismo una vez más que
esta débil seguridad debe ser remediada. Dentro de su habitación,
busco algo
sospechoso, pero nada parece fuera de lugar. Entonces me
dirijo hacia la habitación de
la abuela. Cerca de la puerta, oigo el ruido de las motosierras
y camiones de basura,
todos los sonidos que vienen del cuerpo dormido de la abuela.
Abro la puerta con
facilidad y me muevo hasta su lado de la cama. Si se despierta,
no puedo imaginar lo
que va a pensar.
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Pero sé que cuando lo haga, su nieta se habrá ido. Conozco el dolor que ella
sentirá, el abandono. Lo que queda de mi corazón duele.
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En silencio, me inclino y beso suavemente su frente. Ella ha sido buena con
Lali, y siempre estaré agradecido con ella por cuidar
a la chica que amo.
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Pongo la manta más cerca de su barbilla y me vuelvo a ir. |
-----------------------------*--------------------- En el Hotel Wink, me disparo por el pasillo hacia mi habitación, rezando que
haya un mensaje de Gaston.
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Abriendo la puerta, suelto un suspiro de alivio. |
Ahí en mi teléfono retro color crema está parpadeando la luz roja que he estado
esperando. Me apresuro a través de la habitación y pulso
el botón de mensaje. El
sonido de la voz de Cande llena mi cabeza.
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—Peter, es Candela. —Ella hace una pausa, como si estuviera dejando que
esto penetrara—. No podemos encontrar a Lali. Hemos buscado
por toda la
escuela. Incluso nos fijamos en los lugares cercanos a donde
podría haber caminado.
Billy’s Burgers, Movie Buzz, el Arcade...
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Ella sigue recitando
lugares donde ellos han buscado. Pero ya no puedo escuchar
más, porque la habitación está girando. Cuelgo el teléfono
y me inclino, jadeando en
busca de aire. La comprensión quema a través de mí como fuego.
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Ellos la tienen.
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Me levanto de un salto y paseo por la habitación, preso del pánico. Yo siempre
pensé que tenía hasta el final de mañana. Un día más, me había
dicho. De alguna
manera, el Jefe descubrió lo que había estado planeando.
Y él había actuado.
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Mis fracasos corrieron a través de mi cerebro como un veneno. Viví mi vida
como una bestia egoísta. Vi morir a mi padre. Mi madre encontró
un reemplazo para el
marido que maté, y la única pieza que quedó de él ahora está
con ella. Perdí a Nico, mi
mejor y único amigo. Mis zapatos favoritos fueron robados
en la estúpida fiesta en la
que le mentí a Lali por última vez. Y ahora la única chica
que he amado ha sido
tomada por un Coleccionista.
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Todo lo que ha sido importante para mí se ha ido. Y aunque yo quiero luchar por
la esperanza, por sentir como que puedo arreglar todo esto...
en este momento, es
demasiado. Me tapo la cara con las manos y grito en ellas.
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No puedo perderla. No puedo perder a Lali, también. |
Mi mente enumera las posibilidades de cómo recuperarla, pero cada vez golpeó
un obstáculo en el camino. Incluso si puedo encontrarla,
él sabrá que estoy llegando.
Mi brazalete me delatará.
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Una descarga eléctrica golpea sobre mi espalda, y me pongo rígido. Me asomo
entre los dedos cubriendo mi cara y mirar hacia abajo a mi
tobillo. Mi brazalete.
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Es la razón por la que ellos sabían dónde encontrarla, la razón de que saben
dónde estoy en este mismo momento. Ese pedazo de metal maldito
que me ha
mantenido preso durante dos años, enjaulado como un animal
sucio. Alejo mis manos
y cruzo mi pierna por encima de la rodilla. Subo mis vaqueros
oscuros y corro mis
dedos sobre el frío metal.
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El Jefe me dio a elegir el día en que me convertí en un Coleccionista. Usar la
restricción, caminar entre los vivos, trabajar para el infierno
y ser rastreable por él y
los otros coleccionistas. Comer, respirar y llevar una vida
normal en la tierra.
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O. |
Romperla y morir una muerte final. No más allá. No día del juicio. Nada de nada.
Sólo una eternidad de silencio. Yo había oído de un Coleccionista
que lo hizo antes.
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Creía que era un rumor, pero ahora no estoy tan seguro. He
oído que vivió durante
varias horas antes de empezar a desvanecerse. Y ahora me
pregunto...
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Estar encerrado en el noveno anillo del infierno es una cosa. Es el dolor más allá
de mi imaginación, pero en el fondo, pensé que siempre habría
esperanza. Alguien, tal
vez Nico, me sacaría de mi tortura, y yo estaría de vuelta
en acción.
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Pero esto... esto es final. No hay un plan de respaldo, ninguna resolución de
última hora. Sólo la muerte.
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Me imagino a Lali con miedo. De con quién está en este mismo momento.
Esto me conmociona poniéndome algo histérico en mi interior.
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Y así, mi decisión está hecha.

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