Doy un paso en frente de Lali, listo para protegerla con
mi vida si se necesitaba.
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—¿Qué es? —pregunta Lali, notando la forma en que cambia mi |
Doy un paso hacia adelante donde siento el jalón, manteniendo a Lali cerca
detrás de mí. Entonces lo veo. Un destello de Amarillo. Cuando
me doy cuenta que es
Eugenia y no el Coleccionista que me sigue de cerca, me relajo.
Aun así, no puedo
hablar con ella con Lali aquí.
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Miro a Lali y envuelvo mis manos alrededor de su mandíbula. |
—¿Puedes hacer algo por mí? ¿Puedes esperar por mí arriba en la casa? |
—Lali, estás asustándome. |
—No, no te asustes, cariño. —La beso ligeramente en la punta de su nariz,
entonces otra vez en su frente. —Estaré justo detrás de ti.
Ve ahora, ¿de acuerdo?
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Ella echa un vistazo hacia el bosque donde sabe que justo estaba mirando y
asiente. Sobre su hombro, me observa mientras hace su camino
hacia la vereda.
Cuando ya no puedo verla, me dirijo hacia Eugenia.
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—Sal, Rubia —digo— sé que estás aquí.
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Eugenia sale desde atrás de un árbol como un asesino en masa y se pavonea
presuntuosa. Su cara se frunce con asco mientras sus tacones
se clavan en el barro y
en las hojas secas.
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—¿Qué estás haciendo aquí afuera? —pregunta ella.
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—Hablando. |
—Mentiroso. |
—Tú sabes qué estamos haciendo aquí afuera; has estado esperando como una
acosadora —digo—. ¿Entonces qué pasa? ¿Qué tienes que decir?
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Eugenia alisa su cabello hacia atrás, entonces posa sus garras en sus caderas. |
—Vengo a advertirte. Nosotros creemos que estás siendo seguido por uno de los
tuyos. Y que puede tratar de hacerte daño, o tal vez incluso
a Lali.
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—No me digas, Sherlock —Me recargo contra un árbol y pateo en la corteza. —
¿Qué más tienes?
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—Tú sabes. |
—Claro que sé. |
—Entonces vas a decirle. |
Mis ojos se van hacia la derecha. —Estoy tratando. |
Eugenia se echa a reír. Es rápido y afilado y dice que es todo excepto gracioso. |
—Bueno me permito darte alguna motivación. Tienes hasta mañana para decirle
quien eres en realidad, o yo lo haré.
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Me alejo del árbol y doy un paso hacia ella. —¿Pensé que no iban a interferir? |
—Los planes han cambiado —dice Eugenia sacando un cigarro y encendiéndolo—.
Dile. Pronto. Déjala escoger por si misma de qué lado quiere
estar.
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Mi mente corre deprisa. Tengo que decirle a Lali, y las posibilidades que hay
después de que lo haga, es que ella querrá alejarse de mí
como sea posible. Tal vez ella
correrá directo hacia los brazos listos de Eugenia. No sería
lo peor en el mundo. Eugenia
trataría y la protegería. Pero no podría hacer lo que yo
haría, no iría a los mismos
extremos para mantenerla a salvo.
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Ella no la ama como yo lo hago.
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Pero si Lali no se acercará mí después de que le diga la verdad, Eugenia puede
ser mi única opción para asegurar que Lali permanezca
a salvo. Aunque para que
Eugenia haga eso, tenga que decirle todo.
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—Lali firmó un contrato de alma —confieso. |
El cigarro de Eugenia cae en el suelo. Sus ojos corren rápidamente como los de
una persona loca.
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—Lo sabía. Jodidamente lo sabía. Es por qué ella luce tan diferente. ¿No es
cierto?
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Asiento. |
Ella camina de un lado a otro pasándome, murmurando para sí misma. Cuando
camina por donde estoy por tercera vez, agarro su brazo.
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—Eugenia—No puedo creer lo que estoy a punto de hacer—. Trabaja conmigo.
Juntos podemos mantenerla a salvo.
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Arrebata su brazo de mi agarre. |
—¿Trabajar contigo? —gruñe—. Estás loco. Quiero decir, bastante loco. |
Ella gira su dedo cerca de su sien imitando justo cuán loco
soy.
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—Nosotros nunca trabajaríamos con uno de ustedes. Tenemos normas. Morales.
Cosas que ustedes los demonios no piensan dos veces. ¿Crees
que compro que te
preocupas por ella? ¿Qué no dirías o harías cualquier cosa
para asegurarte de
conseguir un ascenso? Te lo dijiste a ti mismo ¿no es cierto?
—Eugenia resopla— Yo
puedo proteger a Lali, y definitivamente no necesito tu
ayuda para hacerlo.
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Me alejo de ella enfurecido, sacándole el dedo sobre mi hombro. |
—Peter—grita detrás de mí— no te vayas cuando te estoy hablando.
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Me giro y camino hacia atrás.
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—Olvida que dije algo. No dejaré que nada le pase. Moriría primero. Moriría otra |
vez.
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La cara de Eugenia cambia. Se suaviza, parece que ve algo que se perdió antes. |
—Dile, o yo se lo diré. |
Es lo último que le escucho decir antes de
aterrizar en la vereda y de encontrar
mi camino de regreso a Lali. La diviso esperando cerca
de la puerta principal y
rápidamente la jalo hacia mis brazos.
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Besando la parte superior de su cabeza, murmuro. |
—¿Lista para irnos? |
Lali da una ojeada alrededor como que quiere decirle a Gaston y Candela
buenas noches. Cuando no los localiza, me mira de regreso
a mí y me da un
asentimiento desanimado.
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Estiro un brazo alrededor de ella y abro la puerta. Estoy por salir al patio cuando
recuerdo que estoy descalzo. Retrocediendo adentro, repaso
la pila de zapatos,
buscando mis tenis, he pasado diez segundos completos en
la tarea cuando la
realización me golpea.
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Se han ido. |
Corro alrededor de la casa, buscando a alguien quien pueda tenerlos, nadie los
tiene, y no me sorprende. Esos cachorros estaban autografiados
por Dwyane Wade
Y ahora se han ido. Robados. Hurtados. Quiero gritar y tirar
cosas y posiblemente
encontrar ese paralizante del que Natalie estaba hablando
y cargarme a cada tercera
persona que vea. En su lugar, camino de regreso hacia Lali y lanzo mi brazo sobre
su hombro.
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Mientras caminamos hacia Elizabeth Taylor, Lali pregunta. |
—¿Dónde están tus zapatos? |
Muerdo la parte interna de mi labio y tomo una profunda respiración. —No
importa —digo. Entonces beso la parte superior de su cabeza
y abro la puerta del
carro.
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Está silencioso en el carro mientras manejo hacia la casa de Lali. Siento como
que está esperando que yo diga algo, pero solo no estoy seguro
de cómo decirle lo que
soy. Que esto es toda mi culpa.
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Finalmente, ella rompe el silencio. |
—¿Qué fue eso de allá afuera? ¿En el bosque? |
Le doy un vistazo, y después de vuelta hacia la carretera. |
—Tú sabes.
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—¿Uno de ellos? —jadea— ¿Uno de los malos? |
Asiento, y mi corazón se remolca al escucharla llamar a mis compañeros
coleccionistas… a mí… los malos.
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—¿Cuántos son? |
—Seis. |
—Esos no parecen ser demasiados —dice, sonando aliviada—. ¿Cuántos de los
buenos hay? ¿Los que son como tú?
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—No… no estoy seguro, Lali—Es la verdad, pero se está poniendo más difícil
contestar sus preguntas sin mentir. Y realmente no quiero
mentirle. Ya no.
Ansiosamente espero su siguiente pregunta, preguntándome
cómo la esquivaré.
Cuánto tiempo puedo hacer esto.
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—Estaba emocionada sobre el baile —susurra, mirando afuera de la ventana—.
Ahora se siente tan trivial. ¿Sabes?
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—Conseguiste los boletos — Me estiro y agarro su mano. |
Sus ojos se quedan encerrados en la ventana del pasajero, observando la
velocidad del mundo demasiado rápido.
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—Sí. |
No puedo soportar la derrota en su voz. Hace ocho días, la única preocupación de
Lali era si usar pantalones morados o rosas para la escuela.
Ahora ella está
peleando un contrato de alma que yo la empujé a firmar, aterrorizado
de que gente
equivocada vaya a reclamar su alma.
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Antes de queda racionalizar cuán terrible una idea es. Digo. |
—Vamos a ir. |
Echa un vistazo. —Sí, claro. |
—Lo haremos —aprieto su mano—. Vamos a ir. Y cuando se haya terminado,
enfrentaremos lo que tenga que pasar para mantener tu alma
a salvo.
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—¿Cómo? —pregunta—. ¿Cómo estaremos seguros de que mi alma no está en
peligro?
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Aprieto mi mandíbula,
porque estoy aterrorizado de cómo reaccionará cuando le
diga. Saco una profunda respiración.
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—Tendremos que correr. —Cuando ella no responde, continúo—. Tendremos
que correr por un largo tiempo, Lali. Realmente un largo
tiempo. Y tú tendrás que
pelear de cumplir el contrato. Va a ser realmente duro. La
cosa más difícil que jamás
has hecho. —Froto arriba y abajo su brazo y entrego el golpe
final. —No podrás llamar
a casa. Tendrás que decirle a tu abuela y a tus amigos, tendrás
que decirles adiós.
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Por un largo momento, Lali se queda callada. Asiente varias veces y aprieta
mi mano. Me detengo en su casa y me volteo hacia ella.
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—¿Estás bien? —pregunto. |
—Sí —Me mira y sonríe. Entonces su voz se rompe, y lágrimas ruedan hacia
abajo por sus mejillas. —Me hice esto a mí misma.
|
La jalo en un abrazo, ella solloza en mi pecho. Sé que está enojada conmigo, que
en algún lugar en el fondo me culpa a mí en vez de a ella
misma. Y debería. Pero ahora
mismo, necesita que la sostenga. Entonces lo hago. Mantengo
mis brazos envueltos
alrededor de ella mientras quiere. La dejo llorar hasta que
sus ojos azules están rojos e
hinchados. Entonces levanto su barbilla en mi mano y froto
las lágrimas de sus
mejillas y debajo de sus ojos.
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—Lo siento, Lali. |
Asiente y se ahoga en más lágrimas. |
—No lo entiendo —dice—, si cumplo el contrato, si no puedo resistir la
enfermedad, ¿qué pasará?
|
—No estoy seguro —digo, lo cual es verdad. Creo que es porque firmé el
contrato, su alma se deslizará dentro de mí. Entonces los
coleccionistas tratarán de
robármela, o arrástrame al infierno y matar dos pájaros de
un tiro. Y entonces ahí está
Lali por su cuenta. Una vez que su alma deje su cuerpo,
siento con seguridad que El
Jefe dará luz verde para su muerte, y puede mandar a alguien
para sacarla. Sé que
matar a un humano podría causar la guerra, pero está claro
que El Jefe no quiere
tomarse ninguna riesgo con Lali, con lo que el trabajo
de su vida podría provocar.
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Voy a decirle
esto, todo esto, pero no esta noche. Quiero que Lali tengo un día
más de felicidad. Sólo uno más.
|
Tengo dos días para traerla, así que le daré hasta mañana por la noche. Me dará
el tiempo que necesito para reservar nuestros vuelos y empacar
algunas cosas que
|
necesitaremos a lo largo del camino. Sé que estoy forzando
mi suerte, pero necesito
que ella tenga esto. Un último día con su abuela y un último
día con sus amigos.
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Entonces nos iremos.
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—Escucha —digo, jalando su cabeza contra mi pecho—. Quiero que pases
tiempo con tu abuela mañana. Quiero que olvides todo sobre
esto y que confíes que
voy a manejar todo —Levanto su cara y beso sus labios, probando
la sal de sus
lágrimas—. Mañana, voy a recogerte a las siete en punto y
llevarte al baile. Va a ser
perfecto. Lo prometo. Entonces después de eso…
|
—Correremos. —Ella termina por mí. |
—Ve al piso de arriba y ve a dormir. Imagíname tumbado junto a ti. Mañana esta
mierda no existe. Nada de ello, ¿de acuerdo? Sólo somos tú,
yo y la gente que se
preocupa por ti. Déjame hacerme cargo de todo.
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Espero que discuta, que me haga preguntas que no puedo, no quiero, responder.
Pero envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y empuja
su frente contra la mía.
Entonces cierra sus ojos y susurra.
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—Confío en ti.
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Sus palabras desencadenan una corriente cálida hacia abajo por mi columna.
Nunca podría confiar en nadie de la forma que ella lo hace
conmigo. Yo quería cada
pregunta respondida, cada roca volcada. Pero no ella. Ella
cree en la gente.
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Ella cree en mí.
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La beso suavemente, tomándome mi tiempo, tratando de memorizar el sabor y el
toque de su lengua. Entonces levanto mi cabeza y asiento
hacia su casa. Ella sale del
carro y cojea su camino hasta la acera. Mientras la observo
irse, me pregunto cómo
siempre la protegeré. Giro mi tobillo y silenciosamente maldigo
mi brazalete. Otros
demonios envidian nuestros brazaletes—desean que ellos fueran
elegidos para
caminar en la tierra. Pero yo siempre lo he odiado, y ahora…
Ahora se sienten como
una sentencia de prisión. Mientras las estoy usando, ellos
siempre sabrán quien soy, y
dónde está ella, también. Pero no hay nada que pueda hacer
sobre eso. Porque sin él,
no puedo quedarme con ella. No puedo asegurar que esté a
salvo.
|
En la puerta, Lali se gira y me mira. Una sonrisa vacilante tira un lado de su
boca. Le doy un pequeño adiós con la mano, y ella sopla un
beso. Es una cosa tan
graciosa e inocente de hacer. No puedo evitar excepto reír.
|
El sonido me sorprende,
como si nunca esperara escucharme a mí mismo hacer
|
Siento la demora chicas pero el colegio me esta exprimiendo... Literalmente..


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