Maratón :D!!
Renuncio
—Podrías
pensar —dice Nico— que entre el cielo y el infierno, seríamos más
útiles que una manada de pastores alemanes.
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—Mi jefe no
quiere dejarnos tener demasiado poder después de lo que pasó con
su jefe. —Ella dice su jefe como si fuera un insulto, pero Nico sólo asiente con la cabeza.
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—¿Alguien nota algo? —les pregunto.
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—Oh, sí —dice
Eugenia—. Hace unos kilómetros atrás, pero decidí no
mencionarlo.
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Agarro
fuertemente el volante. Al parecer, sólo porque estamos trabajando
juntos no quiere decir que me vaya a tratar mejor. Por
mucho que me gustaría no
puedo manejar una remontada porque estoy luchando con la
sensación de que nos
están siguiendo. No la sensación que me da el brazalete.
Es diferente, como si alguien
me estuviera mirando desde el otro lado de la habitación
y tan sólo lo sé.
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Apago el coche y sobre mi hombro, les pregunto:
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—¿Por qué? —pregunta Eugenia, su tono burlón se ha ido—.
¿Tú sí?
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—Siento que
nos están siguiendo. —Me doy la vuelta para mirar detrás de
nosotros, pero no veo nada.
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—¿Cómo diablos se siente eso? —pregunta, también dando
la vuelta.
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Niego con la cabeza.
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—No lo sé.
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Ella vuelve a caer en su asiento.
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—Simplemente sigue conduciendo. Estamos perdiendo el
tiempo.
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Aprieto los
labios y vuelvo a la carretera. Ya hemos explorado el corazón de la
ciudad, y Euge nos aseguró que ella revisó los
principales puntos al detalle. Lo único
que queda por hacer es rodear el perímetro, donde las
luces son limitadas, y los
árboles son gruesos. En otras palabras, el total
territorio del asesino del hacha.
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Mientras
conduzco por un largo y estrecho camino de tierra, rodeado por todos
lados por un bosque denso, Nico pregunta:
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—¿Alguien…?
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—Sí —dice Euge, cortándolo.
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Al oír sus
sospechas, y sintiendo las mías, me estremezco con una ola de
ansiedad. Conduzco más en la carretera, mientras que Nico y Euge se inquietan.
Estamos cada vez más cerca. Recordando que quiero un
elemento de sorpresa, saco a
Elizabeth Taylor del camino y paro en el parque.
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—¿Qué estás haciendo? —silba Euge—. Sigue conduciendo.
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—No. Voy a
sorprenderlos —le digo. Entonces, sabiendo que van preguntarse
qué quiero decir, agrego—: Yo puedo ser más silencioso
que ustedes dos. —Miro hacia
atrás y adelante entre Nico y Euge—. Acuérdense del
plan. Cuando encuentre a
Lali, voy a decirle que corra, y necesito que estén
aquí cuando lo haga. Puedo
manejar al Coleccionista. No esperen por mí, sólo
empiecen a conducir.
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—Sí, he cambiado de opinión al respecto —dice Nico.
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Pero Euge asiente. Me mira como a un ser humano que surgió donde un cerdo
una vez se sentó.
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―Hey ―Nico ondea una mano entre nuestros rostros―. ¿Por qué está todo el
mundo ignorándome? Realmente no estamos dejando a Peter.
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Me vuelvo a mi asiento y lo enfrento.
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―Nico, te
necesito aquí. Tienes que confiar en mí. Cuida de Lali cuando llegue.
Y cuida de tu prometida. Voy a encontrarlos. Te lo
prometo. —Sé que estoy mintiendo
otra vez, pero al menos ahora mis mentiras ayudan a
proteger a los que más me
importan, en lugar de servir deseos egoístas.
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Agarrando el hombro de Nico, aprieto.
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—Eres mi mejor amigo.
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Él se aleja.
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—Vete a la mierda, hombre. No seas un maldito mártir.
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Me deslizo
fuera del carro y miro una vez más a Eugen. Sonríe, pero está
mezclado con el dolor. Piensa que el Coleccionista puede
alcanzarme, que voy a ser
arrastrado de vuelta al infierno para la sentencia. Pero
sé que nunca va a llegar tan
lejos.
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Estoy a punto de cerrar la puerta cuando Nico dice:
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—Hey.
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Inclino mi cabeza, así que lo puedo ver en el asiento
trasero.
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Me mira por un largo tiempo, y luego sonríe.
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—Hagamos tronar.
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Cierro mi puño y lo levanto. El golpea con el suyo y los
dos decimos a la vez:
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―¡Pow!
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La puerta se
cierra por debajo de mi mano, y yo a su vez me giro y me enfrento al
bosque… y las últimas horas de la vida… solo.
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Después de
sólo unos segundos caminando, me doy la vuelta. Ya no puedo ver la
carretera o mi dulce Escalade roja. La piel de gallina
se eleva en mis brazos. Es ahora o
nunca. El Coleccionista al que estoy buscando
probablemente ya sabe que hay otro de
su especie en las cercanías. Porque si podemos sentirlo,
él nos puede sentir. Echo un
vistazo alrededor, y luego me dejo caer al suelo.
Tirando hacia arriba mis jeans,
inspecciono el brazalete. El c Coleccionista no se dará
cuenta de que me lo he quitado.
Él asumirá que me he movido de donde estoy ahora hasta
donde Euge y Nico están.
Es por eso que necesitaba a Euge conmigo. Eso, y
porque tenía que estar aquí para
mantener a Lali segura.
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Aprieto mi
puño, sé que esto no va a ser muy difícil. Nuestros brazaletes son
fuertes pero se pueden romper fácilmente si la voluntad
está ahí. Busco en el terreno
una roca y encuentro una. Mi pulso se acelera, y mi
mente gira. Esta es mi vida. Esto es
todo. Miro mi puño, la fría roca en mis manos. Si hago
esto, no hay vuelta atrás. No voy
a ser capaz de protegerla una vez que me haya ido. Trago
saliva, pensar en esa
palabra. Irme.
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Tal vez nunca
estuve destinado a proteger a Lali. Tal vez Euge fue siempre
la mejor persona para el trabajo, que tiene al Gran
Hombre para apoyarla, ayudarla a
ocultar su preciosa carga. Tal vez mantener a Euge segura nunca fue mi destino.
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Tal vez morir por ella lo era.
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Un sonido de
astillas rompiéndose cruza la noche. Levanto mi brazo y golpeó el
brazalete de nuevo. Y otra vez. Y otra vez. El ruido es
ensordecedor cuando la piedra
golpea el metal. Trato de no herir el tobillo en el
proceso, pero en este momento
realmente no me preocupa.
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Una fractura
se forma en el brazalete y me río a carcajadas. Golpeó el metal tres
veces más, y se rompe y cae a la tierra. Me levanto de
un salto y tiró la roca por encima
de mi hombro. Luego levanto mis dedos señalo hacia el
suelo, con la esperanza de que
El Jefe me vea muy bien ahora mismo, y grito en mi
cabeza. ¡Renuncio idiota! ¡Pow!
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Sonrío grande
y amplio como Lali haría. Mi respiración es fuerte, y siento
como si pudiera conquistar el mundo entero.
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Mis horas pueden estar contadas, pero maldita sea, voy a vivir en libertad.

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