(Chicas en esta historia colocare a dos NICOLAS.. cuando yo coloque nicolas, osea el nombre completo es el enemigo, si coloco nico es el amigo de peter.)
Silencio
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está entrecortada, como si su más grande temor es
pronunciar mal.
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Me arrastro hasta ponerme de pie, apretando los dientes contra el dolor, y miro
más de cerca la moneda que está sosteniendo. Aprieto mis
puños cuando veo que es
mi centavo, el que me dio mi padre. El que dejé en casa
de mi madre.
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—¿Qué tal estos? —Gira sus pies hacia un lado, y veo mis Chucks rojas en sus
desagradables pies—. Son un poco grandes, pero hice que
calzaran. —Da la vuelta en
un lento círculo, estirando sus brazos ampliamente—. Iba
a hacer una gran entrada.
¿Qué te parece? ¿Crees que acerté? —Pone una mano en su
pecho—. Mi nombre es
Nicolas, y estoy aquí para terminar tu tarea.
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—Hijo de puta —gruño. |
—No —dice, levantando un dedo—. Todavía no, pero volveré por tu madre más
tarde. —Sonríe y deja que su cabeza caiga a un costado—.
Solo piensa, yo podría ser tu
papi algún día.
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Arremeto
contra él, pero Nico me agarra y me detiene. Tiene problemas en
mantenerme en el lugar hasta que Lali y Eugenia me
agarran, también. Los aparto y
me quedo inmóvil. Cuando finalmente puedo, digo:
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—Escúchame bien, Nicolas. Voy a matarte. Voy a terminar con tu vida. |
Lanza la moneda de mi padre otra vez y dice fríamente: |
—Lo dudo. Tengo tanto que hacer, que no tengo tiempo para morir. —Mete mi
moneda en su bolsillo—. ¿Sabías que solo morí hace unas
semanas? —Me mira,
buscando una respuesta en mi rostro—. No, claro que no
lo sabías. Tantos demonios
allá abajo luchando por ser un Coleccionista.
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Sentí mis ojos agrandarse, y contuve el aliento. |
—No puede ser. |
—Oh, pero sí. —Rector levanta su pantalón y muestra su brazalete de oro—. El
séptimo brazalete.
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—Mentiroso —gruño—. Solo hay seis brazaletes. |
Niega con la cabeza. |
—Me temo que estás mal informado. Seis están reservados para los
Coleccionistas. Pero el último, el séptimo, está
reservado para el Jefe mismo.
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Mi corazón deja de latir. ¿Un séptimo brazalete? No era posible. No lo había
sabido. El jefe me lo habría dicho. Yo era su mano
derecha. Nunca me ocultaba cosas.
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—Puedes entender por qué me siento bendecido de estar aquí —se burla
Nicolas—. El Jefe debe estar muy confiado en mis
habilidades para renunciar a su
capacidad de caminar a la tierra. Lo admitiré, me tomó
tiempo convencerlo. En
realidad, tú me ayudaste a salir, tomándote tanto tiempo
para conseguir que la chica
firme el contrato. El jefe se estaba sintiendo inquieto,
y le prometí, no, le aseguré, que
yo podría cumplir con tu tarea.
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Mi cabeza da vueltas mientras dice las palabras. No puedo comprender que el
Jefe haya guardado el secreto del séptimo brazalete de
mí. Y que no haya tenido
problemas en decírselo a este idiota. Me doy cuenta de
que nunca fui el número uno
del Jefe, que él siempre estuvo esperando por alguien
que llenara el espacio. Además,
no puedo creer que no sentí a este malparido en Chicago
cuando estuvo con mi madre,
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pero supongo que yo estaba muy ocupado asustándome de
que mamá estuviera
saliendo con alguien.
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Nicolas se palmea el pecho. |
—Y mira esto, me dio una oportunidad. Le mostré desde el principio que podía
acercarme a aquellos importantes para ti. Como tu dulce
madre. —Mueve sus manos
para imitar las curvas de una mujer, y me contuve de
gritar—. Luego e eso, me ofreció
un trato: cumplo tu tarea, y la promoción es mía.
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Sí —chilla Agustin—. Y Nicolas nos prometió más tiempo en la tierra. |
Los otros tres Coleccionistas asintieron y murmuraron en voz baja, mostrando
su apoyo a su potencial nuevo Director de Almas.
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—Sabes, te vi antes de esto —dice Nicolas—. Siempre fuiste tan arrogante. Tan
capullo arrogante. No podía esperar para quitártelo
todo. Y —dice, rascándose la
barbilla— creo que he hecho un trabajo bastante bueno.
—Nicolas se mueve hacia
nosotros—. Me la pasé bien jodiéndote a ti y a Nico. Pero
vamos a terminarlo, ¿sí?
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Algo dentro de mí se rompe y me lanzo. Pero antes de que pueda alcanzar a
Nicolas, Agustin apunta hacia Lali y mete una pistola
debajo de su barbilla. Ella
ahoga un grito, y el sonido me destroza. Quiero creer
que no la lastimará, pero de
todos modos me quedo inmóvil. Luego alzo mis manos para
mostrarle que no voy a
acercarme. Encuentro los ojos de Lali mientras
Agustin la arrastra hacia Nicolas.
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—Lali, escúchame —digo—. Te amo. Te amo mucho. No voy a dejar que te
lastimen. ¿Me escuchas?
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Lágrimas se derraman por las mejillas de Lali, pero mantiene su mandíbula
apretada, como si estuviera intentando con todas sus
fuerza no mostrar miedo.
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Siento un repentino golpe en mi espalda y sé que es un arma. Junto a mí, veo a
Nico en el suelo. Debe haber arremetido cuando lo hice y
lo tiraron abajo. Euge está
arrodillada sobre él, sus ojos pegados al arma bajo la
barbilla de Lali.
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—Por favor, no la lastimes —ruega Eugenia. |
Austin apunta el arma a Euge. |
—¿Quién demonios es esta chica?
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—Mi prometida —intercede Nico, intentando cubrir lo que es ella realmente. |
Agustin arruga la nariz.
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—¿Vas a casarte con una mortal? Es asqueroso. —Pone el arma de regreso en
Lali, y el Coleccionista detrás de mí, que me he dado
cuenta de que es Benjamin,
desliza la suya cerca de mi cabeza.
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—Gracias, Agustin. Has sido muy útil. —Nicolas toma el arma extendida de
Agustin y asiente para que se aparte. Luego Nicolas tira
a Lali contra él y aprieta los
labios. Me mira mientras Lali cierra los ojos con
fuerza—. No ve se bien, ¿verdad?
—Nicolas empuja sus caderas hacia ella, y el coleccionista ríe. |
—Aléjate de ella —gruño, el calor inundando mis venas.
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Nicolas se inclina y susurra en el oído de Lali:
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—Abre los ojos, chica. Mira a Peter. Mira al chico que amas. |
Ella abre los ojos, y ve el arma presionada contra mi cabeza, su rostro se llena de
miedo.
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Nicolas se mueve hacia Agustin, que avanza y le tiende un rollo de papeles que
puedo imaginar es el contrato de almas. Voltea hacia la
luz del alma de Lali y sonríe
cuando ve lo poco que queda por cubrir.
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Presiona su nariz contra su mejilla. |
—Ven, niña, solo pide una cosa más. —Se detiene, pensando—. ¿Qué tal esa
cojera tuya? ¿No quieres que se vaya?
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Las lágrimas continúan corriendo por las mejillas de Lali, pero todavía hay
fortaleza en sus ojos.
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—No lo hagas, Lali—digo—. Mírame. ¡MARIANA! ¡Mírame!
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Se encuentra con mi mirada. |
Nicolas asiente hacia Benjamin, el Coleccionista sosteniendo el arma en mi cabeza,
y la presiona con más fuerza contra mi sien. Un
chasquido suena cerca de mi oído
cuando carga el arma.
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—No —dice Lali con calma—. No lo lastimarás. |
Benjamin pone su dedo sobre el gatillo y finge apretarlo, y en ese momento veo la
confianza de Lali flaquear.
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—Lali, no me hará daño —miento—. Soy inmortal. No
pueden matarme.
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—Tiene razón —dice Nicolas—. No podemos matarlo con una bala. Pero esa
arma lo dejará inconsciente por varios días, y en ese
momento, arrastraremos su
cuerpo abajo y lo encerraremos en una tortura eterna.
¿Quieres eso para él?
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El pecho de Lali se levanta y cae tan rápidamente que me temo que su
corazón se rinda.
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—¡Dije, quieres eso! — grita Nicolas en su cara. |
Su cuerpo tiembla incontrolablemente en respuesta a sus palabras, y tengo que
cerrar mis ojos contra lo que veo. ¿Si agarro el arma de
mi sien y me disparo en la
cabeza, terminaría todo esto? No. Solo la presionarían
con algo más hasta que se
desmorone. Lo único que puedo hacer es rogar que no les
de lo que piden y rezar para
que no la lastimen.
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Lali abre la boca.
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—No, nena —ruego—. Recuerda la razón por la que recibiste esa herida.
Recuerda a tus padres.
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El rostro de Lali se arruga con dolor, como si recordara la perdida. Y me doy
cuenta de pronto que fue equivocado lo que dije. Sus
ojos se abren de golpe, y deja su
cabeza caer hacia atrás.
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—No puedo perderte —susurra. |
—No —digo, pero sé que es muy tarde. |
Lali cierra los ojos y dice con suavidad: |
—Deseo ser hermosa. |
Tan pronto como las palabras abandonan su boca, un sello se libera de mi pecho,
cruza la distancia entre nosotros, y ataca su luz.
Después, tan silencioso como un
suspiro, una brillante luz se abre alrededor de Lali.
La envuelve como un capullo
cálido.
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Y mientras grito, el alma inmaculada de Lali flota lentamente hacia mí y se |

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