Páginas

viernes, 2 de mayo de 2014

Capitulo 40 - The collector



Secretos

Mi corazón se sacude mientras me muevo más allá de la mujer y saco a Nicolas.

—Está bien. Él se cayó —le digo a ella—. Vuelve a tu cuarto.

—Pero… —empieza.

—Vete a tu cuarto —le digo, más fuerte.
      
Cuelgo el brazo de Nicolas alrededor de mis hombros y le ayudo a caminar de
regreso a mi habitación. Cuando él se queja de un dolor de cabeza asesino, sé que él va
a estar bien. Somos inmortales, pero todavía nos tomamos tiempo para sanar.
    
 Dentro de mi cuarto de baño, lo siento en la tapa del inodoro, mojo una toalla, y
la empujo dentro de su mano. Él la presiona en su cabeza.

—¿Estás bien? —pregunto.

Él asiente con la cabeza, y luego sonríe.

—Mira lo asustado que estás. Me amas totalmente.
     
Niego con la cabeza, pero él tiene razón. Verlo destrozado saco la mierda de mí,
asustándome.


—¿Qué pasó?

Él aleja la toalla, la inspecciona, y luego la empuja de nuevo a su cabeza.

—No lo sé. Acabo de ser golpeado por el infierno.

—¿Con un extinguidor de fuego?

Empapo otra toalla y se la entrego, pero él la empuja lejos.

—Supongo que sí. Tal vez me enganché con la novia de un tío o algo así.
Mi mandíbula se aprieta.
      
—¿Quién te localizó hasta el Wink? —Hago una pausa, mirándolo—. ¿Tú...
sientes otro Coleccionista aparte de n mí en este momento?

Me lanza una mirada de sorpresa, luego estrecha sus ojos para concentrarse.

—No —dice finalmente—. ¿Crees que uno de los nuestros hizo esto?

Dudo, y luego asiento con la cabeza.
     
Nicolas tira la toalla, alejándola. Y echo una mirada hacia su cabeza. La herida ya ha
dejado de sangrar.
      
Me apoyo en la puerta, tomo una respiración profunda, y le cuento todo a Nicolas.
La Liberadora del Gran Hombre. Trelvator. El Coleccionista siguiéndome. Dejo de lado
la parte de mí enamorándome de Lali y que tengo la intención de ir en contra de
las órdenes.


Nicolas cuando termino de hablar.

—Maldita sea.

—Cierto.
      
—¿Entonces, crees que este Coleccionista cabrón me golpeó esta noche porque
soy tu amigo?

Me encojo de hombros.
    
—Puede ser. No entiendo realmente su problema. Todo lo que sé, es que está
empeorando.


Nicolas ladea la cabeza, pensando.
     
—Supongo que sentí a un Coleccionista cuando estaba en la escalera, pero pensé
que eras tú, ya que todavía estaba muy cerca de tu habitación. Sabes que realmente no
podemos establecer claramente cuántos coleccionistas están cerca.

—Así que, ¿no puedes pensar quién de nuestro equipo estaría siguiéndome?
Niega con la cabeza cubierta de sangre.
      
—No, en absoluto. Quiero decir, todo el mundo te adora abajo. Eres el número
uno del Jefe. Pero entonces, ¿quién más podría ser? —Nicolas cruza el tobillo sobre la
rodilla, y sus ojos caen a su brazalete—. A veces realmente odio esto.
    
Considero decirle Nico lo que sé y me doy cuenta de que no tengo nada que
perder en este momento.

—Nico—le digo— sé cómo obtuvimos estos brazaletes.

Sus ojos sobresalen.

—¿De qué estás hablando? Nadie sabe de dónde vinieron estas cosas.
     
—El Jefe lo explicó mientras me entrenaba para mi nuevo cargo como Director
de Almas.
     
Me muevo para que Nico me siga fuera del baño. Nos adentramos en la
habitación, y se sienta frente a mí en la otra cama. Doblo mis manos y trato de volver a
contar la historia tal como la oí.

—¿Sabías que, en su tiempo, el Jefe fue un gran ángel del Gran Hombre?

Nicolas da una rápida y seca sonrisa.

—Lo estoy tomando como que no fuiste a la iglesia antes de morir, tampoco.

—Uh, no. Eso es un poco como llegue a este trabajo.
      
—Cierto —digo—. Bueno, bien, el Jefe solía trabajar para el Gran Hombre. Pero
un día, él decide que no aprecia la atención que este le da a la humanidad. El Jefe
siente que la atención debe estar en él. Así que en un ataque de celos, decide
sobrepasarlo, piensa que se vería bastante impresionante sentado en el trono del Gran

Hombre. Así que se reúne con los otros ángeles en la tierra, donde pueden conspirar
sin ser oídos, y planean derrocar al Gran Hombre.

—No me jodas —interrumpe Nico.

Asiento con la cabeza.
      
—Así que, como el Jefe lo está planeando, le pide a uno de sus compañeros que le
forjen una corona. De esa manera, puede usarla tan pronto como sea el gobernante.
Pero no sólo quiere cualquier corona, él quiere una que rivalice con la del Gran
Hombre. Así que su compañero pasa días buscando estas hojas especiales de oro,
conocidas por los ángeles como dargon. Se dice que, en la existencia, sólo hay dos
hojas de dargon, y que el Gran Hombre los formó cuando creó el mundo. Estaban
destinadas a ser utilizadas para una corona y un trono del futuro hijo que sabía que
tendría. Bueno, eventualmente el camarada del Jefe puso sus manos en una de las
hojas de oro, pero antes de que pudiera forjarla en una corona, el Gran Hombre se
enteró de plan del Jefe y lo arroja a él, junto con los otros ángeles, al infierno.

—Así que el Jefe nunca consiguió su corona —repite Nico.
     
—No, él no consiguió su corona. Pero se las arregló con una pieza de dargon
robada.

—Entonces... ¿qué significa eso?

 —Bueno, después de que el Gran Hombre se entera que sus ángeles conspiran
contra él, saca a cada uno de ellos fuera de la tierra y los regresa al cielo. Él decide que
el único ser que puede poner un pie en la tierra otra vez es su hijo, la persona que
lleva la corona.

—Creo que sé a dónde va esto —dice Nico, su cara retorciéndose con asombro.
      
—Sí. Correcto. Debido a que el Jefe había robado una hoja de dargon, también
fue capaz de caminar por la tierra. Pero el Jefe era vengativo, y quería venganza. Así
que tomó su dargon, creó seis brazaletes y eligió seis coleccionistas para robar almas
del Gran Hombre, pensó que podía hacer más daño de esa manera. Ahora el Jefe sólo
se asegura de que siempre tenga los brazaletes en sus seis mejores personas, los que
tenían habilidades particulares en la tierra —Sacudo la cabeza—. No estoy seguro de
qué es mejor, trabajar como un Coleccionista o retirarse al infierno.

Nico mira hacia abajo, entre sus zapatos.

—¿Por qué no quieren que sepamos acerca de esto?


—Creo... —digo—. Creo que es porque el Jefe no quiere parecer débil ante sus
coleccionistas. Al igual, no quiere que sepamos que el Gran Hombre lo arrojó sobre su
trasero.

—¿Así que crees que el Gran Hombre sabe de nosotros? —pregunta Nicolas.

Lo pienso por un segundo.
     
—Sí, lo sabe. Creo que lo ha sabido todo el tiempo. Pero ahora está creando sus
propios coleccionistas. Los Liberadores. Y creo el Jefe sabe que está en el radar del
Gran Hombre. Es por eso que no se nos permite hacer daño a los seres humanos,
porque el Gran Hombre traería la guerra, y el Jefe no es lo suficientemente fuerte
como para afrontarlo.

Nicolas toca su cabeza y mira su mano para ver si hay sangre.
    
—Los brazaletes. Ellos son la razón por la que otros Coleccionistas y el Jefe,
pueden sentir dónde nos encontramos cuando estamos cerca, ¿verdad?

Asiento con la cabeza.

—¿Y son también la razón por la que podemos oscurecernos?

Me paso la lengua por los dientes.
     
—Sí, creo que sí. A menudo me preguntaba si... ya sabes... podemos hacer otras
cosas que no conocemos.
     
—Amigo —dice Nico—. Yo también. ¿sabes?, siempre me siento como si tuviera
grandes cosas embotelladas.

—Sí.
     
Nicolas deja escapar un largo suspiro, y su rostro se recompone, como si acabara de
ocurrir algo.
     
¿Por qué crees que el Jefe quiere tanto a Lali? Quiero decir, aparte de evitar
todo el asunto de la paz en la Tierra.

Me encojo de hombros.

—No tengo ni idea.

Se vuelve y mira hacia mí.


—¿Has oído hablar de las balanzas del alma?

—¿El asunto del calibrador?

Marco el dedo hacia adelante y atrás.
      
—Sí. ¿Todo el asunto en el que, si un lado tiene demasiadas almas más que el
otro, el cielo o el infierno se abrirán, y todos los ángeles o demonios se derramaran
sobre la tierra?

Me pongo de pie.

—Sagrada mierda. Lali. Ella va a influir en la balanza. Nicolas, eres un genio.

—Sí —dice—. Sí, totalmente es allí a dónde iba con eso.
     
Tiene sentido. Si Lali puede aportar realmente un centenar de años de paz,
podría cambiar el rumbo a favor del cielo. Pero todavía podía hacerlo a través de su
caridad sin alma, ¿no es así? Lo que significa que el Jefe puede estar tratando de
reclamar su alma antes de tomar medidas más extremas. Quizá recolectar la suya
puede ser el primer paso.
     
—Pero, ¿por qué el Gran Hombre incluso quiere eso? —pregunta Nicolas—. Él no
quiere nunca más ángeles en la tierra.
     
—No —le digo—. Eso fue entonces. Las cosas son diferentes ahora. Su nuevo
Liberador es prueba de ello.
     
—Así que, si Lali   vive, ella será la razón por la que los ángeles puedan
caminar en la tierra sin dargon.

Mi respiración se atora, y un rayo de miedo se dispara a través de mí.

—Y si se muere...

El rostro de Peter palidece.
     
—Oh, hombre. Si ella muere, ¿eso significa que el infierno eventualmente ganará
ventaja? Al igual que, sin ella, ¿nos dirigimos hacia un mundo donde los demonios
caminan libremente? —Sus ojos le restan importancia—. El Jefe va a tratar de matarla,
¿no es así?


—No estoy seguro. Todo lo que sé, es que ahora mismo está centrado en
coleccionarla —Me dirijo a Nico. Es hora de que sepa. Es ahora o nunca—. No voy a
dejar que tenga su alma, y definitivamente no voy a dejar que le haga daño.
Él físicamente se aleja como si alguien le diera una patada en los intestinos.

—Peter—dice—. Estamos hablando de traición.
    
Sostengo su mirada y asiento una vez con la cabeza. En un rápido
reconocimiento.
     
Nicolas se levanta, moviéndose aturdido hacia la puerta. Él se da vuelta y me
enfrenta, con su piel pálida.
      
No puedo escuchar esto. No puedo... no puedo saberlo —Llega hasta su cabeza
y la toca distraídamente—. Él nos va a enviar detrás de ti. Eres mi mejor amigo, y
estaré forzado a cazarte. Cuando los coleccionistas te encuentren, y tú sabes que lo
harán, te arrastrarán de regreso hacia abajo, y el Jefe... Él va a torturarte, Peter. Ya has
visto lo que pasa ahí abajo. Te hará pasar por cada parte del infierno y te depositará
en el noveno círculo. Quiero decir, ¿qué estás siquiera pensando? ¿Estás fuera de tu
maldita mente?
     
Cuadro los hombros y levanto más alto la cabeza. Este es el primero de los
muchos retos que tendré que enfrentar en los próximos mil años o más. Si no puedo
tener la convicción ante mi mejor amigo, no hay ninguna posibilidad.

—No voy a ser atrapado.

Su cara se cae hacia un lado, y sus cejas se juntan.

—Lo harás —dice suavemente.
      
Me doy la vuelta, porque sé que él podría estar en lo cierto. Detrás de mí, puedo
sentir sus ojos ardiendo en mi espalda.

—Ella vale la pena, Nicolas.

Sus palabras resuenan cuando habla de nuevo.
     
—Te equivocas. Ella no vale mi mejor amigo. No me importa qué clase de paz
traerá, si eso significa verte preso.

Me doy vuelta y tomo dos zancadas hacia él.


—Tú no ves lo que yo veo. No sabes cuán malditamente pura es ella —Me golpeo
en el pecho—. Sé que estamos capacitados para cuidar sólo de nosotros mismos. Pero
si sintieras lo que yo en este momento, tendrías que tratar de protegerla —Mi voz
baja—. No puedo perder ninguna parte de ella, Nico. No espero que entiendas eso.

La mandíbula de mi amigo se aprieta, y sus ojos se cierran en los míos.
       
—No actúes como si yo no supiera nada de pérdidas. Puedes encontrar esto
difícil de creer, pero una vez tuve un amor —Él asiente—. Sí, tuve una chica. Ella era
mi todo. Su cabello, su piel —Se toca el cuello y, controlándose a sí mismo,
rápidamente deja caer su mano—. Hombre, nos íbamos a casar. Casar. —Nico deja
caer la mandíbula, moviéndola hacia atrás y adelante—. Pero ella murió.

—Nicolas—digo, porque no sé qué más decir.

Se encoge de hombros.
     
—Así que sí, sé sobre perder personas. Y si eso significa luchar contra el mismo
rey del infierno para traerla de vuelta, lo haría. Pero ella se ha ido. Y Lali, ella se irá
un día, también. Y tú estarás encerrado allí abajo. Junto a él. Así que no lo hagas.
Termina la tarea, y obtén tu lugar en la tierra. Entonces puedes pasar todos los días
con ella hasta que…
      
—Hasta que muera, o él la mate, ¿y ella tome mi lugar en el infierno? —
interrumpo—. Nico, siento mucho lo que te pasó. Nadie debería tener que perder a la
persona que le importa, es por eso que tengo que luchar por ella —Me acerco a Nicolas y
lo golpeo en el hombro—. Puedo correr. Más rápido de lo que imaginas. Puedo
proteger su alma, y puedo estar a un paso por delante de los coleccionistas —sonrío—
incluso de ti.

Nico se aleja.

—Ya he perdido a mi chica.
     
Sé lo que quiere decir. Él la ha perdido. No me puede perder, también. Pero no va
a decir eso. Decir eso lo hace real. Una parte de mí quiere gritar para que Nicolas se
quede y me ayude a proteger a Lali. Pero no puedo pedir eso de él. Yo no le puedo
pedir arriesgarse al eterno dolor y sufrimiento, por alguien que no conoce. Así que en
su lugar, me apresuro a través del cuarto, tiro de él en un abrazo y le doy una fuerte
palmada a su espalda.

—Te quiero, Nico. Ahora lárgate de aquí. Puedo cuidar de mí mismo.


Le doy la mejor sonrisa que tengo, la que dice que estoy confiado, seguro de mí
mismo, y que puedo hacer frente a Lucifer con mis propias manos.
     
Los ojos de Nicolas  se humedecen y él se los frota duramente, como si estuviera
molesto por la reacción de su cuerpo.

Hombre, vete a la mierda.

Sonrío y levanto mi dedo medio.

—Igualmente.
     
Sacude la cabeza y se ríe. Luego abre la puerta, mira por encima del hombro, y
asiente con la cabeza un adiós.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario