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miércoles, 21 de mayo de 2014

Capitulo 53- Ultimo capitulo de the collector


  



ULTIMO CAPITULO!!! GRACIAS POR TODO




Renacimiento.

La luz brillante me pica en los ojos, y me digo: ¿En serio? ¿Esto es la muerte?

Ridículo.

Pero entonces oigo algo, y estoy seguro de que eso no está bien, porque:
    
A)No hay ruido después de la muerte.

B) En realidad no debería estar pensando en absoluto.
     
Cuando mis ojos se abren veo la gran sonrisa tonta de Lali, y decido que si
de esto se trata de la eternidad, me lo llevo.

—Está despierto — chilla ella.

Ese chillido. Hazlo de nuevo. Por favor, hazlo de nuevo.
    
La Lali imaginaria agarra mis manos, y me hace sentarme en mi trasero
imaginario en la cama y me mira. Se ve exactamente como lo hacía la última vez que la
vi. Cubierta de pequeñas heridas de batalla, pero por lo demás perfectamente
hermosa.


—Ten cuidado —dice ella—. No te excedas.
     
Miro alrededor y veo que este lugar es como la casa de la abuela, todo floral y
con el olor leve de los pobres adherido. Me gusta tanto que puedo gritar.
      
— ¿Excederse? No puede excederse. Es Peter Lanzani, ¿verdad? —Nico avanza
en la habitación, radiante como una persona real.
  
— ¿Esto está pasando? —Me sorprende oír mi propia voz y decido en ese
momento que tengo una perfecta voz de hombre.
      
—Al Diablo que sí está pasando —dice Euge, saliendo de detrás de Nico.

Envuelve sus brazos alrededor de su novio y le sonríe, y luego a mí—. Hemos salvado
tu feo trasero. Aunque debo decir, ¿quitarte el brazalete? Un movimiento idiota.

—Fue heroico. — Lali se inclina y me besa en la mejilla—. Y sí, idiota.

—No entiendo —le digo, sacudiendo la cabeza—. ¿Qué hago aquí?
     
Lali y Nico   miran a Euge, y me doy cuenta de que hay algo grande que me
estoy perdiendo.

Euge se aclara la garganta.

—Um, hay alguien que quiere verte, si estás preparado para más visitantes.

Asiento con la cabeza, y se giran para salir.

—No, espera, no se vayan. Todavía no — les digo, poniéndome erguido.

La boca de Euge forma en una sonrisa simpática.

—Vas a querer unos minutos. Confía en mí.
      
Los tres abandonan la habitación, y unos segundos más tarde, alguien da pasos
en el interior. Cuando lo veo, mi corazón brinca duro dentro de mi pecho, y mi boca se
abre.

—Papá —susurro.
     
Mi padre se precipita hacia mi cama y me tira en un abrazo. Él me sostiene
contra él durante varios segundos, luego toma mi cara entre sus manos.

—Mi hijo. Mi P.


—Estás vivo —me quedo sin aliento, incapaz de creer que esté realmente aquí.
     
Él sonríe, y de repente me recuerda lo mucho que he echado de menos su rostro.
Abre algo maravilloso en mi interior.
    
—Algo así —responde. Lanzando su pierna sobre la cama, saca el pantalón y me
muestra un brazalete de oro alrededor de su tobillo.

Yo suspiro.

— ¿Eres un Liberador?
    
—No, tengo este brazalete en préstamo —dice, sentado al lado de mi cama—.
Vengo en una solicitud especial para ayudar… en tu caso.

No puedo decir ninguna palabra, no puedo hacer otra cosa que mirar a mi padre.
    
—Escucha, Peter, no puedo quedarme mucho tiempo. Pero quería decirte algo.

—toma mi mano y la acaricia con fuerza. Sus ojos se quedan en la mano mientras
habla, como si fuera demasiado difícil mirarme a los ojos—. Esa noche. No fue tu
culpa. Te he visto acarrearla durante dos años. —Mi padre levanta su cabeza y me
mira ausente a la cara—. Déjalo ir.

Me trago un nudo en la garganta. Por último, me ahogo y digo:
     
—Pero si yo hubiera estado prestando atención a la carretera en vez de estar
quejándome de ti saltándote mi cumpleaños... —Lágrimas calientes queman detrás de
mis ojos, pero me niego a llorar delante de él.

—Es un accidente, hijo —dice con firmeza.

Me muerdo y me quedo mirando su mano sobre la mía.

—Peter Lanzani, me vas a decir ahora mismo que vas a dejarlo ir.

—Está bien, mamá —le digo.

Mi padre deja escapar una sola carcajada aguda.
     
—Bueno —dice, con una sonrisa en su rostro—. Ahora quiero que tomes esta
oportunidad de ser el hombre que sé que puedes ser.


No sé de lo que está hablando, pero estoy muy sorprendido por todo lo que ha
pasado en los últimos minutos para hacer otra cosa que asentir. Mi padre. ¡Mi padre!

Me da otro abrazo.

—Te quiero, chico —dice.
     
— Yo a ti también, papá —palmeo el exterior del brazo de mi padre en un gesto
de amistad pero me encuentro aferrándome a él. Durante unos momentos, lo estudio
con asombro.
     
Su grueso cabello negro veteado de gris, sus anchos hombros y una sonrisa
cálida.
     
Luego, poco a poco, un sentimiento de temor ahoga cualquier otro pensamiento.
Dijo que su brazalete era un préstamo, lo que significa que tendrá que irse pronto.
Pero no puede irse. Ahora que está delante de mí, no sé cómo podría manejar el ver
que se marcha.
      
Casi como si pudiera saber lo que estoy pensando, se baja de la cama y se mueve
hacia la puerta. Se vuelve como si le doliera el hacerlo y me da el saludo de un soldado.

—Papá... —le digo.
    
—Sé que esto es difícil, marcharme —responde, con una sonrisa vacilante—. Sin
embargo, tiene que ser de esta manera. Necesito... necesito que digas adiós y te
mantengas viviendo de la forma que puedas. ¿Entiendes?
     
Debido a que no puedo hablar, porque me quebraría si lo hiciera, le saludo de
vuelta, mi pecho lleno de fuegos artificiales.

Él camina por la puerta, y tengo que morderme para evitar suplicarle que vuelva.
     
Lali asoma la cabeza y camina hacia mi lado, la cojera se ha ido de sus pasos.
Euge y Nico entran detrás de ella.
     
—¿Voy a verlo otra vez? —le pregunto a Euge, esperando que ella sepa la
respuesta. Con la esperanza de que no se den cuenta de mi voz temblorosa.

Se encoge de hombros.

—Tal vez.


—Ver a mi padre es como... —respiro, y una risa se escapa—. Alucinante —
concluyo. Dentro de mi cabeza, trato de equilibrar la agonía de perder a mi padre otra
vez con la alegría de verlo.
    
—No entiendo por qué tenía que irse —-murmuro—. Y todavía no entiendo
cómo estoy aún aquí.

Nico abre la boca para responder, pero Euge le pone una mano en el pecho.
     
—Por favor, permíteme – luego, se vuelve hacia mí, y dice— sobre la primera
pregunta no te puedo ayudar. Pero sobre lo otro... —Ella camina hasta el final de mi
cama y saca la colcha—. Echa un vistazo, mira.

Me inclino por la cintura y no puedo creer lo que estoy viendo.

—No —le digo.
     
—Sí —dice Valery con evidente placer. Ella tintinea sus largas uñas de color rojo
contra el brazalete de oro alrededor de mi tobillo.

—¿Arreglaste mi brazalete? —le pregunto, la felicidad drena mi cuerpo.

—No exactamente —responde ella.

Lali me tira del brazo en su regazo, y me mira fijamente.

—Eres uno de ellos ahora —dice.
     
Mis ojos se abren, y Lali asiente con la cabeza para asegurarme de que es
verdad.
     
—Oh, demonios, no —le digo, inclinándome hacia abajo y tirando del
brazalete—. Yo no soy un ángel.
     
—Lo eres ahora —dice Euge—. Tu padre entregó el brazalete, directamente del
Gran Hombre. Al parecer, cree que puedes ser de utilidad en el equipo de casa. Será
mejor que seas feliz. Estarías pudriéndote en el suelo si no fuera por él.
     
Al escuchar sus palabras pudrirse en el suelo, miro alrededor de la habitación,
esperando que por un milagro de verlo.

—¿Gas? —pregunto en voz baja.

Las lágrimas llenan los ojos de Lali, y paso el pulgar por debajo de ellos.


—Has estado fuera por un tiempo —dice Nico  suavemente—. El funeral de Gaston
fue hace unos pocos días.
      
Mi garganta se quema cuando pienso en mi compañero caído, mi amigo. Era el
verdadero héroe. La razón de que Lali está viva y aquí a mi lado. La razón de que
ella está a salvo. Pensar en él y mi padre a la vez es casi insoportable.

—¿Y Cande? —me las arreglo para decir—. ¿Ella lo sabe?

Lali asiente.

—Le dije.
     
La mirada en el rostro de Euge dice que no está de acuerdo con la participación
de cualquier persona más, pero no entiende la lealtad de Lali a sus amigos.
     
—¿Y ahora qué? —Echo un vistazo a Euge- Quiero decir, tengo el alma, ¿no?
¿Tenemos sólo que ir arriba y entregarla o algo así? Si se la damos al Gran Hombre, ya
estará ¿no? Los coleccionistas van a dejarla en paz.
     
Aprieto la mano de Lali con esperanza. Pero así como hago las preguntas, sé
que habrá más batallas adelante. Aunque el ex Jefe no consiguió su alma, todavía no
quiere correr el riesgo dejándola con vida en la tierra para traer al Trelvator.

Euge se desplaza como si estuviera incómoda.
      
—Um, vamos a tener que esperar a que nos digan sobre qué debemos hacer. —
Casi como si estuviera cambiando de tema, dice—:- ¿Te gustó Salvador?
      
— ¡Colega! —exclama Nico—. Por enésima vez, ¿por qué no puedo tener alas
ninja? Negras o blancas, me quedo con cualquiera.

Euge se ríe y besa su barbilla. Luego se vuelve hacia mí.
     
—Sí, ¿qué era esa pasada? —-le digo, sintiendo una extraña punzada de celos de
que Nicolas sabía cómo hacer brotar alas y yo no.

—¿Sabías que los coleccionistas y liberadores podían hacer eso?

Euge se muerde el labio.

—No, no lo sabía, en realidad. Ya no es así, de todos modos.

Nico se adelanta.


—Euge dice que el Gran Hombre y el Jefe se llevaron nuestras habilidades para
que así no obtuviéramos demasiado poder, pero ahora que la mierda nos está
atizando podríamos ser capaces de despertarlas.
   
—Bien, sí —le digo, la emoción me concede un pequeño respiro del dolor—.
Vamos con eso. —En mi cabeza, me imagino brotándome alas de superhéroe y siendo
imparable. Si Nicolas y ese tipo Salvador pueden hacerlo, entonces yo puedo también.

Me pregunto qué otras habilidades locas puedo despertar. Me comprometo a
entenderlo tan pronto como sea posible.
      
Euge y Nico   de repente son empujados a un lado, y entra la abuela, que lleva
suficiente perfume como para refrescar un vertedero.
    
—Fuera —dice, espantando a Euge y Nico de la habitación—. Vamos. El
pequeño hombre tiene que dormir.
     
—¡Hasta más tarde, colega! —grita Nico mientras Euge lo agita por el hombro.

Al ver que salen, me pregunto cuánto tiempo puede esconderse Nico del Jefe. Él ha
cometido traición, y es sólo una cuestión de tiempo antes de que los coleccionistas
sean ordenados a traerlo de regreso.

Con mis amigos fuera, la abuela se vuelve de cara hacia mí y a Lali.
     
—Ahora —dice con un tono serio en su voz —. Voy a cerrar esta puerta, y no
quiero que hagan nada raro. ¿Entendido? No lo hagan ni se besen o como sea que los
jóvenes lo llaman ahora.

—Abuela —suplica Lali.
      
La abuela nos guiña y sonríe como un zorro, cerrando la puerta detrás de ella.
Obviamente, no sabe que somos muertos vivientes, porque estoy bastante seguro de
que nos habría categorizado como Amigos Con Los Que No Asociarse. Me pregunto
brevemente si ella ya le admitió a Lali que está enferma. Sé que Lali se da
cuenta de lo que está pasando, por lo que ambas necesitan tan sólo hacer frente a los
hechos. Pero tal vez ahora no es el momento, no cuando el dolor de la muerte de Gaston
es tan reciente.
     
El rostro de Lali se extiende en una amplia sonrisa, pero puedo ver la
angustia detrás de sus ojos por el amigo que ya no está aquí.

—Acércate —le digo.


Lali se mete en la cama conmigo y apoya la cabeza en mi pecho. Envuelvo mi
brazo alrededor de ella y la aprieto tan cerca como si pudiera tirar de ella dentro de
mí, dónde podría mantenerla a salvo para siempre. La presencia de Lali hace que
todo sea más fácil. Me hace sentir seguro de que voy a ver a mi padre de nuevo, y de
que Gaston está en paz.

—Mi dulce niña —le susurro—. Tú vas a cambiar el mundo.

Ella cava su cabeza más profundo en mi pecho.

—Sin presión ni nada.
    
 Me río ligeramente. Entonces me detengo y aprieto mi boca en su pelo, cerrando
mis ojos.

—Te amo, Lali—le digo—. Siento mucho haberte mentido
      
Lali  levanta la cabeza. Quiero que me diga que me ha perdonado, que no me
dejará nunca. Que vamos a estar bien. Pero ella no dice nada. En cambio, se inclina
hacia adelante y me besa.
     
Mis labios se mueven contra los de ella, y el beso dice todo lo que yo había
esperado escuchar. Me dice que me ama y que ella estará en esto para siempre.

Su fe me recuerda que puedo tener una segunda oportunidad.

Que puedo dejar atrás lo que una vez fui.

Y ser lo que soy ahora.

Malo hasta la médula.


                                                              


                                                                Fin.

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Y así mis queridos/as lectores/as se acaba este libro en realidad ahí una segunda parte de este libro pero lamentablemente no lo pude conseguir en español y tampoco en ingles por lo menos para traducirlo así que hasta acá llega esta historia, a menos que llegue a tener el siguiente libro, colocare varias sinopsis de otros libros que me gustaría subir adaptadas a laliter obviamente, la cual de manera democrática, osea por votos eligiéremos la que mas les guste.

Subiré las sinopsis en una hora!

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