El Baile
A la noche
siguiente, conduzco a la casa de Lali. Es temprano, pero quiero
que sepa
que estoy deseando verla. Era todo lo que podía hacer para detenerme
de estacionarme
afuera de su casa ayer por la noche sólo para asegurarme de que ella estaba segura. Pero
yo no quería
tener que intentar explicarle lo que estaba haciendo si ella me veía, y ciertamente
no quería al Coleccionista siguiéndome para cuestionar mis acciones.
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Me estaciono
fuera de la casa de Lali, trato de relajarme. Esta noche es para
ella. Además, he hecho todo lo posible para prepararnos.
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He preparado dos
bolsas llenas de comida y ropa, y compre dos boletos para
Tokio, donde una enorme población nos protegerá. Entonces
saqué el máximo de mi
Amex Negra, y corto la tarjeta, y un pedazo de mi alma, a
la mitad. No voy a ser capaz
de usarla una vez que estemos en la carrera.
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Dentro de una
de las bolsas, he escondido los mapas y los nombres de los lugares
que podemos huir en cualquier momento. Y envuelta en esos
mapas... está la Glock .45.
La compré esta mañana. Usualmente, no es mi estilo contar
con un arma para luchar
mis batallas, pero estamos hablando de demonios aquí, no
de matones del patio de la
escuela. Todo lo demás será por instinto, porque mientras
más planificados somos, en
más predecible nos convertimos.
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Pasando la mano
por mi chaqueta carbón y botones rojos, tomo una profunda
respiración. Lali se merece esta noche, y tengo la intención
de dársela. Me salgo de
Elizabeth Taylor, me dirijo hacia el porche, y toco el timbre.
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Espero a que la Abuela abra la puerta, para ponerme malos ojos. Dentro de mi
cabeza, elaboro sólidos argumentos para decirle. He decidido
decir algo cuando la
puerta se abre.
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Levanto los ojos y jadeo.
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Mi corazón se
aprieta en mi pecho, y mis músculos se bloquean. Me siento como
si no puedo respirar, como si yo nunca pudiera hacerlo en
primer lugar. De hecho,
estoy bastante seguro de nunca llenaría mis pulmones de nuevo.
Aunque estoy
mirando directamente a ella, mi ojos se niegan a creer lo
que están viendo.
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Lali se encuentra
a centímetros de mí, todo su cuerpo transformado. Ella está
usando el vestido rojo que le compré, y en su espalda dos
alas de ángel hechas de seda
que debe haber conseguido en una tienda de Halloween. Cabello
Chocolate, piel suave, y
sin lentes en sus ojos, todo parece igual. Me imagino que
si ella estuviera sonriendo,
todavía vierasus dientes perfectamente rectos. Pero ella
no está sonriendo. Ni siquiera
cerca. Lo que probablemente tiene algo que ver con el resto
de ella.
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La forma en que
sus pómulos resaltan, y la forma en que su pecho parece más
grande. La forma en que sus caderas parecen un poco más llenas
y su nariz más
delgada ligeramente. Extiendo y corro mi mano por su brazo,
la piel bajo mi mano
besa un bronceado brillo fresco. Ella esta impresionante,
lo suficiente para parar el
corazón de un hombre con una mirada, pero ya, anhelo a mi
vieja Lali.
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—¿Cuándo? —le susurro.
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—Ayer por la noche.
Te iba a llamar, pero sucedió tan rápido. No podía pararlo,
Peter. —Sus ojos brillan con lágrimas—. Pero yo me veo hermosa,
¿verdad? —Ella
consigue una pequeña sonrisa que destroza mi alma muerta.
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—Siempre has
sido hermosa, mi amor —-Mi frente está llena de sudor y mis
manos se enroscan en puños. Tengo miedo de encender su ligera
alma, tengo miedo
de lo que encontraré. ¿Se acabó? ¿Han Coleccionado su alma
sin darse cuenta de ello?
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Da un paso hacia mí, y me doy cuenta de algo que hace mi
cerebro cantar.
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Su cojera.
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Señalo a la cadera y sonrío tan duro que temo que mi cara
se rompería.
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—-Todavía tienes…
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— Sí —dice— no
hay manera que alguien tome eso de mí. Yo la tengo de la
noche en que mis padres murieron. Es mío. De nadie más.
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Jalo a Lali en un abrazo. Estoy abrumado por ella. No por su belleza, sino por
su alma. Me aterra más que el contrato se cumplió. Que la
única pieza que queda de
ella por dar es esta bendita cojera. Pero no permitiré que
nada destruya su noche. No
estoy seguro de qué decir para hacer las cosas mejor, o para
ocultar el miedo que
estoy sintiendo, y antes de que pueda pensar en algo bueno,
digo apresuradamente:
|
—Tú eres mi novia. |
Lali se queda mirándome, su boca temblorosa, amenazando con
transformarse en una sonrisa.
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—Sí, lo eres. Y mañana, yo te voy a mostrar lo que estoy dispuesto a hacer para
mantenerte a salvo. —Me inclino y beso sus labios recubiertos
de brillo—. Pero esta
noche vamos a la fiesta de la escuela estilo ponche y galletas
y decoración cursi. Va a
ser increíble.
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Su casi-sonrisa florece. |
—No debería tener miedo —dice ella, y suena como algo entre una afirmación y
una pregunta.
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—Deberías estar aterrorizada—le digo—. Porque yo voy a ver tus movimientos
de baile que están rogando que les diga algo.
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Ella golpea mi pecho, y aunque una vacilación nerviosa persiste en sus ojos, ella
me permite tomarle la mano y conducirla hacia el coche.
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—¿Dónde está la Abuela? —le pregunto cuando cuidadosamente se mete en su
asiento, asegurándose de que sus alas no se aplasten.
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—Dijo que estaba muy cansada, pero me hizo tomar un millón de imágenes
antes de irme.
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Cuando nos dirigimos hacia la secundaria Centennial, me pregunto cómo Lali
explicó su nueva imagen a la Abuela . Decido no mencionarlo
por temor a traer el tema
de nuevo. En su lugar, tomo su mano y la aprieto. Y una parte
de mí, la más pequeña
pieza, se entusiasma con este estúpido baile de escuela.
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Porque sé que puede ser la última vez que voy a ver a Lali verdaderamente
|
feliz.
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-------------------*--------------- Lali y yo caminamos hacia el gimnasio de la escuela, y dejo escapar un largo
suspiro. Es sólo como me temía. Es como si cada perdedor
en Peachville se hubiese
reunido y comprado las decoraciones más horriblemente cursi.
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Cerca del suelo, una máquina de humo expulsa niebla, y colgando de las vigas
hay miles de serpentinas negras y naranjas. A lo largo de
las paredes, algunos idiotas
disfrazados han pegado arañas de papel y calabazas. Y la
banda, oh… por los clavos de
Cristo, la banda. Ellos son como un cruce entre mini Justin
Biebers y los Jonas
Brothers, y los covers de Halloween que están tocando hace
que mis oídos sangren.
Pero cuando miro a Lali, engalanada en su vestido rojo y sus alas de ángel, todo se
convierte en maravilloso de nuevo. Si ella está aquí, estoy
feliz. Pero si ella sale, como
hacer pis o algo así, voy a encender un fósforo.
|
Cuando Lali y yo caminamos hacia la pista de baile, todos los ojos la
observan. Susurros se intercambian, dedos señalan, y yo no
evito enojarme. Quiero
decir, ¿por qué no se han fijado en ella antes? Ella era
tan increíble entonces. Pero
supongo que soy tan culpable de pasarla por alto como ellos.
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Viendo a Lali ahora, casi no la reconozco. Eso causa que una punzada de
nervios corra a través de mí. ¿Ella seguirá adelante ahora
que es físicamente perfecta?
|
Pero casi como si estuviera leyendo mi mente, ella distraídamente con sus uñas
pulidas alcanza el bolsillo de su vestido y mete unos Skittles
en su boca. Muerdo mi
labio para no reírme, porque esa acción diminuta me dice
que todavía es Lali. Ella
aún es mi chica.
|
Candela nos ve y corre. |
—¡Cha-chan! —chilla—. Te ves fenomenal. —Su cara cambia como si se diera
cuenta exactamente de cuan fenomenal—. De hecho, te ves diferente.
Como,
demasiado diferente.
|
—Dejé que la abuela hiciera mi maquillaje —dice Lali. |
Candela la observa. |
—Sí, no lo sé. |
Lali tira a su amiga en un abrazo, tratando distraerle.
|
—Vamos, apriétame —dice ella—. Me gusta tu traje. Es... uh... |
—Soy Katharine Hepburn —dice Candela, su cara relajándose ligeramente. |
Inspecciona la ropa sin color de Candela y su cara color
crema.
|
—¿Ves? —dice—. Estoy de negro y blanco. Como ella estaba en la mayor parte
de sus películas —el sombrero de ala ancha de Candela rebota
cuando me ve de
arriba abajo—. Gran sorpresa. No estás disfrazado.
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—He venido como lo más Impresionante de lo Impresionante —le digo—.
Probablemente no lo reconocerías.
|
Ella se echa hacia atrás y pone sus manos formando un cuadro como si está
mirando a través de un marco de la cámara.
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—No. No, ya veo... veo... - Ella deja caer sus manos—. Una herramienta usada. |
Lali tira del brazo de Cande. |
—Saben, ustedes chicos podrían dejar de actuar y admitir que se gustan el uno al |
otro.
|
Candela me mira a ver mi reacción. Formo una pistola con la mano y disparo
en su dirección.
|
—Pow. |
Una sonrisa barre su cara, y ella dispara de vuelta. |
Lali pone los ojos en blanco. Luego tiene un borde nervioso en su voz. |
—Hey, uh, ¿dónde está Gas? |
Mis hombros se cuadran ante la mención de su nombre. Después de ver sus
labios sobre los de ella, no me gustaría nada más que despedazarlo.
Incluso si se
trataba de un juego estúpido.
|
Candela señala por encima de su hombro. Su rostro se comprime, como si ella
no puede creer lo que preguntamos.
|
—¿En serio? |
En cuanto lo
veo, tengo que reprimir una carcajada. Se supone que lo odio, su
traje es otra cosa. Gas vino de... azul. Está vestido con
toda la ropa azul e incluso
pintó su cara en un color arándano oscuro. Parado cerca de
la mesa de refrescos, está
sirviéndose un vaso de ponche verde. Los ojos de Gas aterrizan
en Lali, y
rápidamente aparta la mirada. Él sabe que ella está aquí…
probablemente la
observaba desde el momento en que entró.
|
Paso mis ojos por el rostro de Lali. Ella parece molesta, y toca una oscura
llama dentro de mí. No puedo soportar pensar que ella se
preocupa por él. Para
mantener su mente donde debe estar, en mí, tomo su mano.
|
—¿Quieres bailar, hermosa? |
Ella sonríe hacia mí y asiente con la cabeza. Luego se vuelve hacia Candela. |
—¿Estarás bien si bailamos muy rápido?
|
Candela ondea la mano como si no le importa. |
Cuando guio a Lali hacia el centro de la pista, Maria se gira y mira a la chica
en mi brazo, su mandíbula abierta. Ella no puede creer lo
hermosa que Lali está, y
yo no puedo creer que alguna vez la perdí. Maria encuentra
mis ojos, y rápidamente
después mira lejos, actuando como si no se diera cuenta.
|
Tiro la cabeza de Lali contra mí y presiono mis labios contra su pelo. Una
lenta canción nos arropa, y muevo mis brazos alrededor de
su cintura. Lali parece
estar teniendo problemas con el balanceo.
|
—¿Estás bien? —pregunto. |
Su boca rosa se abre, pero sus ojos se desvían lejos de mi cara. |
—Es más difícil para mí. |
No estoy seguro de por qué es más difícil, y no me importa. Sin pensarlo, yo la
arrastro en mis brazos. Ella se ríe largo y fuerte. El sonido
abre mi corazón y lo llena
con caramelos cubiertos de divinidad. Bailo en un círculo,
ocasionalmente bajándola
para que su cabello caiga en una manta amarilla. Estando
aquí, rodeado de malos
disfraces, escuchando música aún peor, estoy tan feliz como
nunca recuerdo haber
sido. La sensación es abrumadora, como si en cualquier momento
no voy a ser capaz
de aguantar más. Como si mi cuerpo va a explotar del placer.
|
Lali apoya la cabeza contra la mía y murmura en mi pecho. |
—¿Qué dijiste, chica dulce? —pregunto. |
Ella me mira, sus ojos grandes con alegría.
|
—He dicho que estoy tan enamorada de ti. |
—Por supuesto que lo estas —le digo—. Soy locamente excepcional. |
Lali se ríe y pega su cabeza contra mí. |
—Gracias, Peter. |
—¿Por qué? |
—Por esto. Por esta noche. —Hace una pausa—. Y por decirme todo. |
Un escalofrío corre a través de mis brazos, y por un segundo, temo dejarla caer.
Yo la dejó ir suavemente pero mantengo mi agarre alrededor
de su cuerpo.
|
—¿Por decirte todo? |
—Tú sabes. Las cosas que no se supone que debemos hablar esta noche. Las
cuales no estoy hablando. Estoy... estoy feliz de lo que
me dijiste —dice—. Podrías
haber mentido. Probablemente sería más fácil para ti si lo
hubieras hecho. Pero ya que
no lo hiciste, me hace darme cuenta de que puedo confiar
en ti por completo.
|
Mi víscera se aprieta como un puño, y me siento peligrosamente cercano a
vomitar. He tratado de olvidar acerca de cómo esta noche
llegaría a su fin, conmigo
diciéndole lo que realmente soy, pero tal vez es mejor acabar
de una vez. Un sudor frío
corre a través de mi frente. Lali frota sus dedos por
mi piel.
|
—¿Estás caliente? —pregunta—. ¿Quieres algo de beber? |
Asiento con la cabeza, porque si yo voy a decirle esto, necesito encontrar un
lugar tranquilo. Lali toma mi mano, y yo no puedo evitar
preguntarme si ella
todavía la tomará después. En la mesa, coge un vaso de ponche,
toma un sorbo, y me lo
pasa . Lo pruebo y suspiro al encontrarlo absolutamente limpio.
Me vendría bien un
golpe serio de algo fuerte.
|
Tragando cada pedazo de valor que tengo, y recordando la amenaza de Eugenia
exponiéndome, miro a Lali. Mis cuerdas vocales amenazan
con detener su
funcionamiento en cualquier momento. Pero de alguna manera,
me las arreglo para
decir:
|
—Hey. Necesito hablar contigo. — Las palabras se sienten gruesas saliendo de
mi boca, como si comí mantequilla de maní. Y ahora estoy
seguro, absolutamente
seguro, de que voy a vomitar.
|
—Está bien —dice ella, con una sonrisa amplia tocando sus
labios—. Dime.
|
—¿Podemos ir a alguna parte? |
El rostro de Lali se cae. Ella es la persona más inocente que conozco, pero
incluso ella reconoce el sonido de la fatalidad.
|
—Oh, no. ¿quiero escuchar esto? |
Corro mis manos por mi cabello. |
—Probablemente no. |
Da un paso atrás, inspeccionando mi cara. Entonces ella echa un vistazo
alrededor.
|
—Ven. |
Se dirige hacia un pasillo vacío, y la sigo. Cuando las dobles puerta se cierran
detrás de nosotros, ella gira y se enfrenta a mí.
|
—¿Qué está pasando?
|
Tomo una larga respiración y la alcanzo. Ella se acurruca en mis brazos, y yo
pongo mi barbilla en la parte superior de su cabeza. No quiero
decirle, no quiero que
me odie. Pero tengo que hacer esto. No porque Eugenia amenazó
con decirle a Lali
ella misma, sino porque es lo correcto a hacer. La amo, y
yo no deseo que esta mentira
entre nosotros.
|
—Dulce niña —le digo en su pelo—. Dime que siempre me amarás. |
—Siempre —dice sin dudarlo. |
Cierro los ojos y aprieto los dientes. Entonces abro la boca y decir: |
—No soy quien tú piensas que soy. |
Lali tira su cabeza hacia atrás y me mira. |
—¿Qué quieres decir? Ya me lo dijiste. |
—Yo no… yo no te dije toda la verdad. |
Espero que ella me aparte, para poner distancia entre nuestros cuerpos. |
Pero en lugar
de eso me tira más fuerte contra ella. Ella se queda en silencio
durante demasiado tiempo, luego susurra.
|
—Dime.
|
Tomo un respiro. |
—Yo soy un Coleccionista, y me enviaron a recoger tu alma. Eso es cierto. —
Levanto mis manos en la parte superior de mi cabeza, entrelazando
los dedos juntos.
No puedo soportar el sonido de mi propia voz. Dejo que mi
cabeza caiga hacia atrás, y
antes de que pueda detenerme, antes de que pueda fabricar
otra mentira, digo—: Pero
yo no trabajo para quién crees que lo hago.
|
Lali se aferra a mí por un momento. En esos segundos sagrados, pienso que
ella va a perdonarme, que todo va a estar bien entre nosotros.
Entonces siento sus
brazos aflojarse alrededor de mi cintura. Siento su cabeza
alejarse lejos de mi pecho. Y
lentamente, ella se aleja, dando pequeños pasos hasta que
presiona su espalda contra
la pared. Su cara dice que ella entiende todo lo que no he
explicado completamente.
|
—No — dice ella. Ella niega con la cabeza—. No. No, por favor… —Su voz se
quiebra. Llego a ella, y ella se dobla—. Peter, por favor.
Dime que estás mintiendo.
Dilo.
|
Trato de alcanzarla, pero ella se aleja. |
—Por favor. —Lo dice tan bajo que casi no la escucho. Luego se pone recta y
presiona un dedo en mi pecho—. Dime que no lo dices en serio.
Dime que estás
mintiendo.
|
—No puedo —le susurro. Una sensación punzante pincha mis ojos, pero no
puedo llorar. Yo no puedo. Si lo hago, sé que nunca voy a
detenerme.
|
Su cara se retuerce de dolor, y ella empieza a sacudir la cabeza de nuevo. Las
lágrimas se deslizan por su rostro.
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—Dilo, —llora—. Di lo que eres. |
Presiono mis puños contra mis ojos y lucho contra el ardor detrás ellos. |
—Yo soy un Coleccionista —respiro—. Yo soy un demonio. —Alejo mis manos
de mi cara, porque tengo que verle la cara. Tengo que ver
cómo está mirándome ahora
que lo sabe.
|
Cuando lo hago, ya no puedo contener las lágrimas. Se estrellan sobre mis
mejillas y caen libres al suelo.
|
Debido a su rostro. |
Está lleno de miedo. Y traición. Y decepción.
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—Lali—digo, mi voz entrecortada por el llanto—. Yo soy un demonio. |
Un grito escapa de su garganta mientras repito la palabra. Ella se aleja de la
pared y empieza a moverse por el pasillo. Sus lágrimas se
transforman en sollozos.
|
—Lali—le grito—. Por favor. Te amo. Yo te voy a proteger. |
Lali deja de caminar. Gira alrededor y marcha hacia mí, su ojos encendidos de |
ira.
|
—¿Protegerme? —gruñe—. ¿Protegerme? —levanta su mano y me golpea con
fuerza en la cara.
|
Cubro el punto adolorido, y al mismo tiempo, la alcanzo. Se lanza lejos de mí y
corre por el pasillo.
|
—Lali—la persigo. Las puertas del gimnasio vuelan abierta bajo sus manos,
y veo como se estrella con Gaston. Se lanza a sus brazos alrededor
de él y solloza. De
inmediato la jala hacia él y busca lo que podría haberla
lastimado.
|
Sus ojos se posan en mí, y me detengo en el camino. Gaston empuja a Lali detrás
de él, y su pecho se hincha. Sus manos se hacen puños, y
su barbilla se levanta
ligeramente. Él se está preparando para pelear conmigo, y
de sus ojos ardientes, no se
parará hasta que yo deje de respirar.
|
Lali se desprende de él y atraviesa la pista de baile y sale del gimnasio. La
gente se detiene y me mira a mí y a Gaston. Me muevo para ir
detrás de Lali, pero
Gaston da un paso a un lado y lo miro. El sacude su cabeza,
y por primera vez en toda mi
vida, estoy realmente asustado de que perderé la pelea.
|
Asiento con la cabeza una vez, luego doy la vuelta y camino por el pasillo, lejos
de la única novia que he tenido. De la única chica que he
amado.
|
Lejos de Lali.

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