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Me despierto
con la sensación de pasar los últimos tres días en una sala de masajes.
Mis músculos están relajados, y me siento renovado, como si pudiera
escalar el Monte
Everest o construir un arca o curar el mundo de minivans.
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Entonces miro el reloj de la mesilla de noche.
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Mediodía.
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He tenido programado
una alarma para despertar cada día, pero supongo que
me dormí y la ignoré. No es de extrañar, ya que Nico no se
fue hasta casi las 4:00 a.m.
Pensando en mi mejor amigo, mi corazón se aprieta. Me pregunto
si alguna vez
volveré a verlo. Y si lo hago, me va a estar cazando con
una horca.
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Salgo de la cama
y me pongo una camiseta, jeans y mis zapatillas deportivas
rojas. Luego medio troto hasta Elizabeth Taylor y me dirijo
a toda velocidad hacia el
Centennial High.
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Uno de los objetivos
tiene mi atención esta mañana, y ese es encontrar a Lali.
Tengo que estar a solas con ella para que pueda explicar
todo de una manera que no
haga que me odie. Tal vez puedo decirle que el Gran Hombre
ha cambiado de opinión
sobre el contrato, y que él va a estar enojado si ella pide
más belleza. Tal vez de esa
manera puedo evitar decirle lo que realmente soy.
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Me estaciono
fuera de la escuela y recorro al interior justo cuando inicia la hora
del almuerzo de Lali. Perfecto. Ni siquiera voy a tener
que arrastrarla fuera de
clase. Acercándome a la mesa, me doy cuenta que Candela es la única que está. Echo
un vistazo alrededor, en busca de Lali o Gaston, y no veo
a ninguno de ellos.
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Candela deja de comer sus patatas cuando me ve.
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—Hola.
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—¿Dónde está todo el mundo? —le pregunto—. ¿Por qué estás
sentada sola?
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Ella toma un sorbo de su bebida. —Lali se fugó.
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—¿Se fugó? ¿Qué
quieres decir con “se fugó”? ¿Cómo en ella saltándose la
escuela?
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Candela balancea la cabeza de lado a lado.
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—Más o menos. Ella
vino para el primer período, luego, hace apenas unos
minutos, me dijo que no se sentía bien y que había demasiada
gente.
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—¿Demasiada gente?
¿Qué significa eso? —Mi cerebro no es capaz de procesar
esta información.
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Lali nunca
deserta. Siempre hay alguien que tiene que convencerla, ese
alguien por lo general suelo ser yo—. ¿Se fue con alguien?
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—Sí, se fue con
Natalie. La chica que le preguntó a Lali sobre su pelo esa vez.
¿Te acuerdas?
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Vuelvo a pensar,
tratando de poner cara a la chica. Recuerdo que era atractiva y
olía a dinero y popularidad, por lo que no entiendo por qué
le pediría a Lali que se
fugue con ella.
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Candela pareció
leer mi mente, porque dice—: Algo sobre Lali está raro
hoy. Quiero decir, incluso esta mañana. Es como si ella vino
a la escuela como toda
esta persona diferente, como si estuviera tratando de demostrar
algo.
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La forma en que
está hablando me pone nervioso. No sé lo que le pasa a Lali,
pero tengo que encontrarla. De inmediato.
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—¿Sabes a dónde se fue?
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Ella niega con la cabeza. —No, pero Gaston fue con ella.
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Dejé escapar un
suspiro de frustración. No estoy seguro de si sentirme mejor o
peor porque Gaston esté con ella. Decido en peor. Dirijo una
mano por mi pelo y pienso.
Peachville no es grande, pero es lo suficientemente grande
como para ocultarse.
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—¿No lo ves?
—dice Candela, interrumpiendo mis pensamientos. Ella inclina
la cabeza y me mira fijamente—. Esa chica ha perdido la cabeza
por ti.
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La miro por un
largo rato, como si acabara de crecerle un tercer ojo; uno que ve
a través de mi mierda. Mi pecho se contrae, y por dentro,
enterrado profundamente
bajo la piel, los huesos y los músculos, pido que lo que
dice sea cierto.
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Que Lali se
ha enamorado de mí. Es un deseo egoísta, porque será más fácil
mantenerla a salvo con la cabeza fría. Pero no puedo evitar
la voltereta que mi
corazón realiza al escuchar las palabras de Candela. Si
son, de hecho, verdaderas.
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—Gracias, Cande.
En serio. —Empiezo a alejarme, listo para saltar en el
coche y conducir por toda Peachville si eso es lo que se
necesita para encontrar a
Lali. Pero Cande me sorprende al tocar y agarrar mi
muñeca.
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—Ella va a una
fiesta esta noche. En la casa de Natalie. Cerca de Preston y Parker,
creo. —Ella me suelta—. No sé lo que has hecho con ella,
Peter, pero es mejor que lo
hagas bien. ¿Entiendes? —Con eso, se levanta y se va, y no
puedo dejar de pensar que
tenía esa salida y discurso dramático previsto en caso de
que apareciera hoy.
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Sin embargo,
ella tiene razón. Tengo que hacer esto bien. No estoy seguro de
cómo. Una mesa revestida de color naranja y negro me llama
la atención. Echo un
vistazo para ver a la gente agolpada alrededor, comprando
entradas para el baile de
mañana por la noche de Halloween. Interiormente, suspiro.
Pero sé que no va a
mejorar arrastrar los pies.
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Hago mi camino
y espero mi turno para pagar sesenta dólares por un par de
entradas para la última cosa que me gustaría hacer. Después
le disparo a la chica del
consejo estudiantil sonriéndome una sonrisa burlona y meto
las entradas en mi
bolsillo. Tal vez esto le ayudará a Lali a ganar seguro;
un gesto de las cosas que
estoy dispuesto a hacer para hacerla feliz. Con un poco de
suerte, ella estará de
acuerdo en que no podemos ir en realidad, que tenemos que
irnos lo más lejos de
Peachville lo más rápido posible.
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Dos días. Eso
es todo lo que me queda después de hoy antes que El Jefe declare
mi misión un fracaso. ¿Va a enviar a los otros coleccionistas?
Es decir, ¿los que no
están ya acosándome?
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Me subo en el
interior de Elizabeth Taylor y paso las próximas tres horas en
busca de Lali. Me paseo por su casa, rodeo el interior
del centro comercial…
incluso voy a la plaza del pueblo y echo un vistazo a través
de todas las ventanas del
restaurante. Por primera vez en mi vida, me maldigo a mí
mismo por no tener un
teléfono celular, y maldigo a la abuela por no conseguirle a
Lali uno. Si no estuviera a
punto de ir a la carrera, tendría uno de esos teléfonos inteligentes
por la que la gente
se abalanza todo el día como perros cagando.
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Cuando he buscado
por todas partes se me ocurre: decido dar vueltas de nuevo a
su casa. Si ella no está allí, voy a tener que esperar afuera
hasta la fiesta. Estacionando
al lado de la acera, apago el motor y camino hacia la puerta.
Llamo varias veces, y
luego toco el timbre un número de veces impíos. Si hay alguien
ahí, tiene el
temperamento de un paciente en coma.
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Retrocedo unos
pasos y miro hacia su ventana. Es obvio que nadie está en casa,
pero decido comprobar si la ventana está abierta. Tal vez
puedo dejarle una nota para
que llame al hotel. Escalo la vid y casi doy un grito de
victoria cuando el vidrio de la
ventana se desliza hacia arriba por debajo de mi palma. Aunque
estoy muy contento
que esté abierta, también me pone nervioso. No me gusta pensar
en Lali estando
tan expuesta.
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Dentro de su
habitación, busco cualquier cosa que pudiera darme una pista
sobre dónde está, pero no puedo decir si algo es diferente.
Es extraño estar aquí sin
ella. Un sentimiento de anhelo gira a través de mí cuando
miro su cama. Recuerdo
sostenerla de la mano, saltando sobre el colchón como un
par de idiotas. Pensándolo
bien, yo debería haber sabido entonces, saber que se estaba
metiendo bajo mi piel. No
es de extrañar que ella naciera para cambiar el mundo, al
ver lo fácil que me cambió.
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Me siento desesperado
por verla. A pesar de que la vi brevemente anoche, no fue
suficiente. Hay cosas que tengo que decirle, pero esa no
es la única razón. Sólo quiero
estar cerca de ella otra vez. Abriendo el cajón de su mesilla
de noche, encuentro un
lápiz y papel y escribo un mensaje rápido:
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Lali,
necesito hablar contigo. Es urgente. Está en relación con lo que hemos
firmado. Llámame al Hotel Wink. Voy a estar esperando.
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Me quedo mirando
la nota y trato de decidir cómo firmar mi nombre. ¿Peter?
¿Con amor, Peter? ¿Obsesionado contigo, Peter? Me siento
como un maldito niño de
doce años, que está a segundos de granos y sueños húmedos.
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Sacudiendo la cabeza, me decido por: —D.
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Doblando la nota,
la pongo en su almohada. Entonces decido que es demasiado
espeluznante y la muevo a la cómoda.
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Luego de vuelta
a la almohada. Dejo escapar un gemido de frustración, porque yo
mismo me estoy poniendo de los nervios.
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Es hora de irse,
me doy cuenta. Porque ser atrapado en su habitación realmente
me haría un pervertido. Me estoy moviendo hacia la ventana
cuando algo me llama la
atención. Hay dos latas cerca de la pared junto a la cama.
Estrechando los ojos, me
acerco a ellas, y entonces me agacho.
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Sherwin-Williams.
Una lata de sellante, una lata de pintura roja. Mis manos se
cierran en puños. Debería estar feliz de que ella está haciendo
esto. Ella misma me dijo
que quería volver a pintar su habitación. Me pregunto si
Gaston sabe que está re-
pintando su habitación. Me pregunto si él está pidiéndole
si quiere un aventón a la
fiesta de esta noche. Me pregunto si él sabe lo que se siente
ser ahogado.
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Deslizando la ventana abierta, robo un último
vistazo a su habitación. Luego me
arrastro hasta fuera y bajo.
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No hay nada más
que pueda hacer ahora. Tengo que volver al Hotel Wink y
esperar una llamada que puede que nunca llegue, mientras
Lali está ahí fuera…
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